¿Ordenó matar el Rey Herodes a los niños inocentes?

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¿ORDENÓ MATAR EL REY HERODES A LOS NIÑOS INOCENTES?


Artículo redactado por el Dr. Ariel Álvarez Valdés


Por la burla de los magos

Uno de los pasajes más terribles del Nuevo Testamento es, sin duda, el relato que hace San Mateo sobre la degollación de los niños de Belén.
En el capítulo 2 de su Evangelio nos cuenta cómo, cuando nació Je-sús, se presentaron en Jerusalén unos magos venidos de Oriente que le preguntaron al rey Herodes: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?”. Herodes, que se consideraba el único rey de los judíos, se alar-mó al oír esto pues pensó que se trataba de alguien que venía a quitarle su trono. Entonces envió a los magos hacia Belén, donde tenía que nacer el Mesías, con la recomendación de que una vez que lo encontraran se lo hicieran saber. Pero los magos, después de hallar a Jesús, en vez de volver a Jerusalén y avisarle al monarca, decidieron regresar a su país por otro camino. Cuando el rey Herodes se enteró de que los magos lo habían burlado se enfureció terriblemente y envió a sus soldados a matar a todos los niños de Belén y sus alrededores, menores de dos años, a fin de eliminar entre ellos a Jesús. Pero éste logró salvarse porque José y
María huyeron a tiempo a Egipto, donde buscaron refugio (Mt 2,1-18).
Innumerables cuadros, pinturas y representaciones cinematográficas han mostrado esta terrible escena del Evangelio de Mateo, con los pequeños arrancados de brazos de sus madres y cayendo bajo los golpes asesinos de los esbirros de Herodes.
Incluso se han hecho cálculos cuidadosos acerca de cuántos niños habrían muerto en aquella oportunidad.

Bajando las cantidades

Ciertos comentaristas antiguos han calculado en 3.000 los “santos inocentes” muertos ese día. La iglesia griega sostiene que fueron 14.000. Los cristianos sirios los elevan a 64.000. Y algunos han llevado la cifra a 144.000, pues piensan que el libro del Apocalipsis, cuando habla de los 144.000 muertos “que no se mancharon con mujeres pues son vírgenes” (14,1-5), se refiere a ellos.
Pero en realidad Belén era una pequeña aldea en tiempos de Jesucristo, y su población no llegaría a los 1.000 habitantes. Por lo tanto los nacimientos no podían haber sido más de 30 por año. Como la mortalidad infantil de oriente era muy elevada en esa época, es probable que sólo la mitad de los recién nacidos llegaran a los dos años, así que quedarían unos 15 niños. A éstos 15 hay que restarle la mitad, correspondiente a las niñas, que Herodes no tendría porqué haber ordenado ma-tar, con lo cual nos quedan unos 7 niños sobrevivientes por año. Como las criaturas muertas tenían de dos años para abajo, las víctimas debieron de haber sido unas 14. Y quizás unas pocas más si la degollina se hubiera extendido “a los alrededores” de Belén, como dice el Evangelio.
Sin embargo hoy los estudiosos han avanzado más todavía, y se pre-guntan: ¿es éste un relato histórico? Es decir, ¿ocurrió realmente la matanza de los niños inocentes?

La crueldad de Herodes

Cualquiera que sepa un poco de historia no dudaría en decir que es posible. En efecto, Herodes es ampliamente conocido en las crónicas ju-días por su carácter cruel y sanguinario, y sabemos que durante su go-bierno no dudó en aniquilar a cuantos pretendieron ponerse en su camino o disputarle el trono, fueran éstos enemigos o parientes.
Por ejemplo, cuando subió al trono de Jerusalén en el año 37 a.C. hizo matar a 45 partidarios de su rival Antígono, así como a numerosos miembros del Sanedrín, la corte suprema de los judíos. Dos años después ordenó ahogar en una piscina de Jericó a su cuñado Aristóbulo, a quien poco antes él mismo había nombrado Sumo Sacerdote, aunque sólo tenía 16 años y era hermano de su mujer predilecta. En el año 34 hizo matar a José, tío suyo y esposo de su hermana Salomé. Cinco años más tarde cometió el delito más trágico de todos: debido a simples calumnias que le habían llegado hizo matar a su mujer Miriam, de quien estaba locamente enamorado; y apenas fue ejecutada la sentencia, el rey se arrepintió y quedó tan enloquecido de dolor, que ordenó a sus sirvientes que fueran por los pasillos del palacio llamando a la muerta en voz alta, como si todavía viviera.

Lágrimas para un funeral

Pero sus crímenes no terminaron allí. A los pocos meses mandó matar a su suegra Alejandra, acusada de intrigar en su contra. En el año 25 mató a su cuñado Kostobar, nuevo esposo de su hermana Salomé. En el col-mo de su crueldad, hizo matar a dos de sus hijos, Alejandro (el segundo) y Aristóbulo (el tercero), porque sospechaba que conspiraban contra él, así como a 300 oficiales partidarios de los dos jóvenes.
En el año 4 a.C, sólo cinco días antes de su muerte, y hallándose gravemente enfermo, hizo matar a su hijo mayor Antípatro, que estaba a punto de sucederlo en el trono; y tanto le agradó esta muerte, que luego de la ejecución pareció recobrarse y mejorar de salud.
Y cuando ya estaba a punto de morir, para poder concluir su vida con un acto digno de su temperamento brutal y feroz, como preveía que su fallecimiento iba a producir gran alegría entre sus súbditos y él quería que su pueblo llorara, hizo encarcelar en el hipódromo de Jericó a los representantes de las principales familias judías del país, y ordenó a su guardia que fueran degollados apenas él muriera. Así habría lágrimas en todo su reino el día de su funeral.
Por todo este despliegue de crueldad y barbarie que exhibió Herodes a lo largo de su gobierno, la idea de unos cuantos niños asesinados en Belén por temor a que le disputaran el trono no resulta descabellada.

El silencio de los inocentes

Pero (y aquí viene la dificultad para aceptar este hecho como histórico) resulta extraño que semejante matanza de niños no figure en ningún otro documento de la época. Es más: un autor judío del siglo I, llamado Flavio Josefo, nos dejó escrita la vida de Herodes; y de él hemos sacado todos los datos aberrantes arriba mencionadas sobre el monarca. Ahora bien, curiosamente no menciona para nada el episodio de los niños de Belén.

¿Cómo es posible que Flavio Josefo, que sentía desprecio por Herodes, y que por esta razón se esmeró en dejarnos escrito el detalle de sus crímenes, incluso los privados y familiares, no se haya enterado de una matanza tan pública como la que ocurrió en Belén?

El silencio del escritor judío ha llevado hoy a los biblistas a pensar que la muerte de los niños inocentes y la posterior huida a Egip-to de la Sagrada Familia no deben tomarse como acontecimientos estricta-mente históricos.
Pero existe otra razón para desconfiar de la historicidad de esos hechos. Y es que los estudiosos han descubierto además un sospechoso pa-recido entre los episodios de la infancia de Jesús, y de la infancia y vida de Moisés. En efecto, si analizamos lo que el libro del Éxodo cuenta sobre Moisés, y lo comparamos con lo que cuenta San Mateo sobre Jesús, veremos que ambos relatos coinciden asombrosamente.

Vidas paralelas

1) Al nacer Moisés un rey (el faraón) da la orden de matar a todos los niños nacidos en Egipto (Ex 1,15-22). Al nacer Jesús, un rey (Hero-des) da la orden de matar a todos los niños nacidos en Belén (Mt 2,16).
2) La orden del rey egipcio se debió a la desobediencia de las par-teras (Ex 1,15-22). La orden del rey judío se debió a la desobediencia de los reyes magos (Mt 2,16).
3) Ejecutada la orden, Moisés salva su vida milagrosamente (Ex 2,2-3). Ejecutada la orden, Jesús salva su vida milagrosamente (Mt 2,13-14).
4) Moisés se salva en Egipto. Jesús se salva en Egipto (Mt 2,14)
5) Luego de un tiempo muere el rey egipcio persecutor (Ex 2,23). Luego de un tiempo muere el rey judío persecutor (Mt 2,19).
6) Entonces Moisés recibe la orden de volver a Egipto, porque han muerto los que intentaban matarlo (Ex 4,19). Entonces San José recibe la orden de volver de Egipto, porque han muerto los que intentaban matar al Niño (Mt 2,20).
7) Moisés toma a su mujer y a sus hijos, y vuelve a Egipto (Ex 4,20). San José toma al Niño y a su madre, y vuelve a Israel (Mt 2,21).
8) Moisés tiene que huir dos veces para salvarse de los gobernantes de Egipto (Ex 2,1-10 y 2,15). Jesús tiene que huir dos veces para salvarse de los gobernantes de Israel (Mt 2,13-14 y 2,22-23).
¿Por qué los dos relatos son tan parecidos? Ocurre que San Mateo compuso su Evangelio para una comunidad cristiana de origen judío, es decir, que tenía una formación y una cultura judías. Y sabía que los judíos veneraban grandemente a Moisés ya que él había sido el Salvador del pueblo y el Mediador de la Alianza con Dios. Ahora bien, Mateo no sabía demasiados detalles de la infancia de Jesús. Sí conocía los hechos de su vida pública, pero no los de su niñez. Entonces decidió contarla inspirándose en elementos tomados de la infancia de Moisés más que en datos estrictamente históricos. De ésta manera aprovechó para decir a sus lec-tores que Jesús era el nuevo Moisés que Dios había enviado a la tierra.

El especialista en sueños

Pero Mateo, en el relato de los niños inocentes, no sólo se inspiró en el Antiguo Testamento para la figura de Jesús, sino también para la figura de San José. En efecto, el evangelista también sabía muy poco sobre San José. O mejor dicho, no sabía nada, porque cuando Jesús se lanzó a predicar probablemente San José ya había muerto. Por eso no lo menciona nunca durante su vida pública. ¿Cómo representar, entonces, a este José del que no sabía nada? ¿Cómo caracterizarlo?
Mateo, entonces, decidió describirlo con rasgos tomados del famoso José del Génesis, uno de los doce hijos de Jacob. ¿Y cuáles eran las ca-racterísticas del José del Génesis? Era un “especialista en sueños”, pues Dios solía revelársele por este medio (Gn 37,19); y bajó durante su vida a Egipto contra su voluntad (Gn 37,28). Por lo tanto estas dos ca-racterísticas serán las únicas que Mateo contará de San José.
Por un lado lo mostrará como un “soñador”, a quien Dios le habla siempre en sueños (Mt 1,20; 2,13; 2,19; 2,22). Y por otro, lo mostrará bajando al país de Egipto contra su voluntad (Mt 2,14). Incluso San José será el único personaje de todo el Nuevo Testamento que aparezca viajando a este país.
Por lo tanto, como San Mateo desconocía los detalles de la infancia de Jesús, quiso narrarla inspirándose en los personajes del Antiguo Testamento, de manera que Jesús será le nuevo Moisés, Herodes será el nuevo Faraón, y San José será el nuevo patriarca José.

El sentido de una fiesta

Desde épocas muy antiguas los cristianos, leyendo literalmente los Evangelios, buscaron celebrar la memoria de los niños muertos en Belén, ya que éstos aparecen en el Nuevo Testamento como los primeros mártires de Cristo. Por eso ya en el siglo IV apareció esta fiesta en el norte de África, donde la Iglesia de la ciudad de Cartago la conmemoraba todos los años con honda tristeza.
En el siglo V la celebración pasó a Roma, y desde allí se extendió luego al resto de las Iglesias. Durante la Edad Media, la memoria de los Santos Inocentes fue ubicada el 28 de diciembre, es decir, pocos días después del nacimiento del Niño Jesús, para acercarla lo más posible al acontecimiento que lo originó. En el siglo XVI, el papa San Pío V la elevó a la categoría de “fiesta” litúrgica, y poco a poco fue cambiando el carácter luctuoso que tenía por el más alegre que actualmente posee.
Pero si el relato de la muerte de los niños de Belén no fue un hecho exactamente histórico, ¿qué celebra entonces la Iglesia el día de los “Santos Inocentes”? Más que conmemorar a niños belenitas concretos y conocidos del siglo I, la Iglesia quiere recordar ese día a la inmensa multitud de hombres y mujeres que han dado su vida por mantenerse fieles a los valores cristianos, sea que hayan conocido o no a Jesucristo en sus vidas.

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Actualizado - Miércoles, 02 Septiembre 2009
 
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