La violencia en los textos sagrados del cercano Oriente
La muerte y la violencia todavía siguen dominando nuestro mundo contemporáneo. Las dos Guerras mundiales y la guerra fría avasallaron el explosivo siglo XX. No dudamos que en lo que va de la historia reciente, el hombre, en algunos sectores cada vez más crecientes, está provocando un cambio de conciencia para poder construir un mundo mejor; y en ello hay que centrar el pensamiento. Pero mientras tanto, las noticias de guerras y conflictos siguen dominando el parte diario.
Mientras tengamos falta de paz y armonía en nuestro ser interior habrá conflictos allá afuera. Un foco de violencia en nuestros días, entre otros, es sin duda el Cercano Oriente, lugar donde provienen las tres principales religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el Islam, y donde nace el mandamiento escrito por el mismo dedo de Dios [Yahvé sebaot. Lit. Yahvé de los ejércitos]: no asesinaras.
El lejano Oriente no es una excepción. La historia de la India, la región “más espiritual del planeta” tiene un largo historial de enfrentamientos armados. Los conflictos de las invasiones arias ( c. 1500) y escitas (caka) conducidas por el rey Maues( c. 174 ), la expedición de Asoka a Kalinga (c. 261-260 ), entre otras, plagaron de sangre a la región.
Dichas luchas armadas y el lenguaje bélico inundan a algunas tradiciones religiosas y como consecuencia a sus textos sagrados, como la Biblia y El Corán. Es por ello que en el siguiente trabajo vamos a estudiar a las tres religiones del Libro en clave de violencia, del papel que juega en su estructura dogmática y de lo que estas piensan y aplican a partir de la conformación de sus corpus literarios.
ILa guerra en la cosmovisión religiosa en el Antiguo Oriente Próximo
En el principio fue la guerra. Según los mitos antiguos el origen de todo lo existente fue el enfrentamiento de potencias. Entre los mesopotámicos en el comienzo de todo estaba Tiamat y Apsú, las aguas primitivas coticas. De su unión surgen serpientes monstruosas Lahmú y Lahamú, luego surge Anshar y Kishar de donde nacen los Dioses Anú, Bel-Marduk y Ea.
Apsú y Tiamat descontentos de que estas generaciones de Dioses turbaran su reposo decidieron destruirlos. Inmediatamente se dio un conflicto armado entre Tiamat y Ea. Estos reunieron en torno suyo a un ejército de divinidades y seres fabulosos (titanomaquia) y se desató la madre de todas las batallas celestes. No es de extrañar que los asiriobabilonios hayan sido temidos en el mundo antiguo por producir sangrientas guerras y por el trato dado a sus prisioneros.
Esto tuvo como consecuencia la muerte de Tiamat y la posterior construcción del cosmos por parte de Marduk.
Entre los pueblos cananeos la situación no es diferente. Los textos de Ugarit KTU 1.2 muestra en alguno de ellos el combate de los dioses en el principio de los tiempos. En la siguiente transcripción se muestra a Ba’lu y su lucha titánica con el mar Yammu:
Ahora debes destruir a tu adversario.
En Egipto, si bien carece de titanomaquia en el estudio estructural de sus mitos de creación, no falta la violencia entre Set y Osiris, en la que este último es desmembrado, y en el posterior combate entre Horus y Set, donde el Dios halcón pierde un ojo y Set pierde un testículo.II
El punto de vista de los textos bíblicos hebreos
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, dice Génesis 1. 1. Después de este encabezado Dios pasa a Crear la atmósfera (raquía), los astros, la vida vegetal y los animales tanto acuáticos como terrestres. Luego del cual corona su creación con la creación del hombre y la mujer (Gen 1).
Todo lo que Yahvé había hecho “era muy bueno” (Gen 1: 31). No hay destrucción ni guerra originaria. La palabra creadora llama a la armonía en todos los aspectos. Dios le ofrece al primer hombre Adán cultivar el suelo fértil y se establece tácitamente un modelo de paz en tres aspectos determinados:
A) Paz con la naturaleza: “…Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra” (Gen 1: 28). “Y Jehová Dios procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidada” (Gen 2: 15) [TNM].
B) Paz intrahumana, es decir del hombre con el hombre, en este caso con su esposa Eva: “De la costilla que Yahvé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces el hombre exclamó: ‘Esta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada varona porque del varón ha sido tomada” (Gen 2: 22, 23)[BLA].
C) Paz con Dios o paz teológica: Es decir, el hombre en dialogo permanente, fluido, ininterrumpido con Dios. “Y Yahvé llamó al hombre y le dijo ¿Dónde estás?” (Gen 3: 9).
La paz continúa en la tierra, hasta el pecado original y el primer homicidio: Abel. Paso previo Adán y Eva fueron echados del huerto (gan), por lo que se concluye que la violencia no era parte del plan divino original sino que esta deviene como fruto de la perversión.
En Génesis 3 en el relato llamado “la caída” es la serpiente la que rompe la armonía. El precio de la paz era sin duda la sed de conocimiento y sabiduría, impropia, según la versión yavista del hombre.
Por lo tanto aquí podemos inferir que se instala la violencia en el esquema bíblico. Y podemos hablar de una lucha teológica, aparece la muerte como consecuencia del pecado original, de apartarse de Dios. La lucha antropológica de Caín y Abel y la lucha cósmica, la tierra no dará tan fácilmente su fruto al hombre.
Sumado a esto, la sentencia de Génesis 3: 15 abre la relación para una lucha de clases espirituales que se predice para el resto de la historia profana.
“Pondré enemistad entre ti (la serpiente) y la mujer (la organización del Israel carnal). Y entre su descendencia y tu descendencia. El te magullara en el talón y tu le magullaras en la cabeza”.
Hasta aquí vemos que el relato bíblico establece que la evolución va desde un mundo sin pecado y pacífico a un mundo pecador y belicoso.
A lo largo del resto de los relatos del Antiguo Testamento se presentan dos modelos para analizar la Biblia en clave de violencia: A) uno abierto, el Abrahamico, que evoca la posesión pacífica de la tierra de Palestina. Aquí vemos en Abraham un hombre que se define por la fe y no por las armas y B), un modelo guerrero definido por el Éxodo en la estructura mosaica. Israel liberado por Dios en una lucha de Dioses (Yahvé envía plagas a los egipcios desafiando el poder de sus divinidades). Luego Israel guerreando con algunos pueblos nómadas del desierto y finalmente se define una incursión violente en Canaán bajo el mando de Josué.
A todo esto definimos dos arquetipos paleotestamentarios: uno pacífico (Gen 12-50) y otro violento ( Ex/Rey), sin mencionar los casos proféticos y la literatura cronística plagada por conflictos armados y situaciones de violencia.
A todo esto vemos que Dios participa, aprueba y dirige el conflicto belicoso de su pueblo. Y toda la estructura de las tradiciones bíblicas antiguas está plasmada por una historia de lucha, donde en las guerras se exaltan a ciertos héroes (Josué, Jefté, Sansón, David, Jeosafat, Judas Macabeo, etc.).
Pero esto no nos debe extrañar, la guerra santa (guerra de Dios) emerge en casi todos los pueblos vecinos de Israel, la diferencia es que en la cosmovisión hebrea la batalla es parte de una historia sagrada de salvación.
Hoy por hoy, los estudios bíblicos no están tan seguros que Israel haya penetrado en Canaán por medio de un enfrentamiento armado como proponía Albright. Alt y Noth postula por una ocupación pacífica y gradual de grupos nómadas. La hipótesis de una guerra supone una preparación militar que se duda tuviera Israel en una etapa tan temprana de su desarrollo.
Durante el siglo X a. C. la amenaza filistea suponía la instauración de una monarquía Saúl-David y de varios enfrentamientos armados con los vecinos entre ellos Amón y Moab, enemigos naturales de Israel.
Paralelamente a la redacción deuteronómica, el aparato ideológico profético propone un ideal estructural escatológico, habla de una Jerusalén celestial (teología de Sión), de ejércitos invasores desconocidos históricamente como Gog de Magog y de una ciudad de Dios que protege a sus fieles ( Sal 48; 110; Is 14: 12-15). En estos casos la guerra se define como un medio de protección de Dios a su pueblo leal.
Comparemos con los siguientes pasajes: “Al fin de los tiempos, el cerro de la casa de YahvéSerá puesto sobre los altos montesY dominará los lugares más elevados.Irán a verlo todas las nacionesY subirán hacia él muchos pueblos diciendo:‘Vengan subamos al cerro de Yahvé,A la casa de Jacob, para que nos enseñe sus caminos (…)Porque la enseñanza irradia SiónDe Jerusalén sale la palabra de Yahvé” (Is 2: 2, 3) ¡Pobres de aquellos que bajan a Egipto, por si acaso consiguen ayuda!Pues confían en la caballería, en los carros de guerra, que son numerosos, y en los jinetes, porque son valientes. ¿Por qué no hicieron caso del Santo de Israel y no consultaron a Yahvé?(…)El egipcio es un hombre y no es Dios y sus caballos son carne, y no espíritu. Al primer golpe que Yahvé les pague, vacilará el protector y caerá quien busca protección; juntos perecerán.(Is 31:1,4) Vengan a ver las hazañas de Señor,Y los estragos que causan en la tierra.Pone fin a la guerra en todo el paísRompe el arco y en dos parte la lanzaY consume los carros de guerra.(Sal 46. 9, 10)III
La violencia en la literatura apocalíptica judía y en el Nuevo Testamento
En el principio fue el logos, es decir Cristo (Juan 1: 1). Este es engendrado en un ambiente pacífico y armonioso. Jesús predicó la no violencia. El no tenía un reino de armas. Hablo de la paz que actúa en todos los que se realicen como humanos según sus enseñanzas. Sin embargo para el tiempo que vivió había por lo menos dos tendencias políticas concerniente a la guerra.
Estaban los defensores de la guerra santa, como los Sicarios que proponían una guerra social, y los Celotas que abogaban por una guerra burguesa, por un lado. Por otro estaban los que creían en una guerra apocalíptica. En esta el hombre no debía intervenir, la batalla es de Dios y de sus ángeles.
En Qumran (1Qs III 25) se hallo un rollo llamado comúnmente “himno de guerra”: “La lucha de los Hijos de la Luz y los Hijos de las Tinieblas”. Si bien es producción hebrea, lo colocamos en este apartado porque su concepción era una idea que estaba en boga en tiempos de anteriores y posteriores a Jesús y los apóstoles.
Este rollo de 290 cm de largo por 15, 5 cm de alto, tiene 19 páginas con columnas, algo deteriorado en la parte inferior. Describe la lucha futura del pueblo de Israel contra la nación dominante en el mundo denominada Kittim (probablemente aluda a los romanos, moabitas, amonitas, etc.). Israel es denominado “Hijos de la luz” que representa las fuerzas de justicia en el mundo y los Kittim se describen como las fuerzas de Belial. Describe con asombrosa precisión la organización del ejército judío, las armas: espadas, lanzas, jabalinas, escudos, exquisitamente adornadas. Eran dirigidos por un Sumo sacerdote, que da sus toques de trompetas que avanzan en tres formaciones. El texto dice en parte:
“Y levantaran sus manos contra las armas de guerra; los sacerdotes tocaran las seis trompetas de la matanza, con una nota aguda y repetida para dirigir la batalla y los levitas y todos (…) tocaran el sofar harán oír una nota (un poderoso grito de batalla) para plasmar el corazón del enemigo. Al grito de guerra, las jabalinas volarán para golpear y convertirlos en cadáveres (…). La ira de Dios enfurecido contra Belial y toda la gente de su especie, para que no quede remanente”
La conformación del relato nos hace acordar a la batalla que peleó el juez Gedeón con 300 hombres.
Lo cierto es que Jesús plantea algo totalmente diferente: un Padre que ama a todos los hombres, justos e injustos, por su misericordia. La ley es violenta, se impone, la gracia es bondadosa. Este era el mensaje de Jesús.
El mensaje apostólico tenía sus propias posiciones con relación a la guerra y el modo de relacionarse con el gobierno de turno. Tenemos el paradigma paulino que abogaba por una tácita aceptación por el Imperio romano, ya que el mismo era ciudadano romano (respetar a las autoridades superiores) y el joanico que lo rechaza totalmente en pro de una visión apocalíptica y escatológica.
Pablo habló de una guerra entre los cristianos y las fuerzas inicuas o entidades malignas. Guerra que debía pelearse en el mismo terreno espiritual con armas igualmente espirituales. Efesios 6: 13-17 dice:
“Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón y la justicia como coraza; estén bien calzados, listos para propagar el evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del espíritu, o sea, la Palabra de Dios.
En el Apocalipsis de Juan se nos habla de Guerra escatológica al final de los tiempos, durante la segunda presencia del señor Jesucristo. A continuación expondremos algunos fragmentos concernientes a las batallas, pero tengamos en cuenta el contenido altamente simbólico de los pasajes. Apocalipsis 12: 1-6 dice:
“Apareció en el cielo, una señal grandiosa: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada y grita de dolor, porque le ha llegado la hora de dar a luz.
Apareció también otra señal: un enorme dragón rojo con siete cabezas y diez cuernos, y en las cabezas siete coronas; con su cola barre a la tercera parte de las estrellas del cielo, precipitándolas sobre la tierra.
El dragón se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz para devorar a su hijo en cuanto naciera. Y la mujer dio a luz un hijo varón, que ha de gobernar a todas las naciones con una vara de hierro; pero su hijo fue arrebatado y llevado ante el trono de Dios, mientras la mujer huyo al desierto, donde tiene un lugar que Dios le ha preparado. Allí la alimentarán…”
Sería ocioso tratar de dilucidad la significación del lenguaje simbólico de este pasaje, ya que excedería los límites de nuestro trabajo. Pero podemos proponer el espíritu de lucha al cual nos enfrentamos en este segmento de la revelación canónica. Por un lado tenemos al espeluznante dragón con su sequito de estrellas. El mismo ha sido identificado como Satanás y sus demonios. Este pretende atacar a la mujer, un tipo de Israel celeste, es decir una organización de cristianos ungidos, y al niño, el Reino de Dios gobernado por Cristo. Es decir aquí se plantea una lucha de potencias: Satán vs la Iglesia de Cristo. En pasajes complementarios se verá que esto concluye en una guerra escatológica: el Armagedón.
Apocalipsis 16: 14, 16 dice:
“Estos son los espíritus diabólicos que pueden hacer milagros, y se dirigen a los reyes del mundo entero para convocarlos para la batalla del gran día de Dios el Todopoderoso. (…) Y los reunieron en el lugar llamado en hebreo Armagedón (o sea cerros de Meguido)”.
Por tanto los pacifistas cristianos proponen una guerra de proporciones teleológicas para hallar su liberación y beneficiarse del sacrificio redentor de Cristo. Como lo planteaba Ignacio de Loyola, una conquista interior para una transformación espiritual.
IV
La guerra santa en la cosmovisión del Islam
El Corán no tiene un mito cosmogónico distinto, se apropia del de la Biblia hebrea. Su verdadero comienzo histórico fue con la revelación a Mahoma. Con este profeta los árabes pasaron a dominar el Oriente Próximo. Por ende todas las tribus se unieron en la Umma (Comunidad), e Islam pasa a ser comunidad y fe al mismo tiempo.
El Islam, en la esencia de su mensaje pone de relieve aspectos que sitúan temas que se relacionan en forma de unos contra otros. Presente tres temas centrales: 1) Monoteísmo, que enfrenta en su teología a ídolos contra Alá; 2) Juicio, pone a pobres contra ricos y 3), Tradición, no solo pone las bases de una nueva religión, sino pone a judíos contra cristianos.
En 622 ocurre la Hégira. Mahoma huye a Medina, y el resto de las tribus que él lidera se refugian en Etiopia y Yemen, aquí comienza la “era musulmana”. Mahoma presenta diferencias sustanciales con Jesús como prueba de su mentalidad bélica. Jesús se dejo matar, Mahoma no; escribe el Corán y trata de unificar a su pueblo. En la Umma se crea un “estado islámico”, para lo cual se utilizan medios violentos (como expulsar a judíos y otros opositores). Con relación a su trato hacia los cristianos sus argumentos oscilan entre la no aceptación de estos a Mahoma como nuevo Moisés, estos rechazan para el Islam, la revelación primera. Entre otros cambios, para marcar la diferencia, niega la reverencia a Jerusalén e impone la posternación a la Meca.
La Umma se expande por medio de la guerra bajo la teología que Dios ofrece victoria al creyente. Al poco tiempo de morir Mahoma ya se había conquistado Egipto, Siria y Persia. Tiempo después llegará a la India. Estas conquistas no se lograron con espíritu misionero sino a fuerza de espada.
La principal diferencia del Islam y el cristianismo, en el tema que nos ocupa, es que estos últimos son pacifistas, en cambio el Islam es combativo. Para los cristianos la guerra es contraria a su verdad, este se expande por fe no por fuerza militar. Sin embargo no podemos negar el poder que ejerció el Vaticano por detrás de los poderes políticos de turno ni las sangrientas cruzadas. El Islam impone una forma de vivir, Dios es más importante que toda vida o libertad humana.
El Islam como religión raya en lo profano, ya que no tiene sacerdotes sino que el Estado, la economía, el individuo y la familia se define en clave religiosa. Todo se encuentra bajo el concepto de un único Dios y por los creyentes sometidos al Islam. Es una religión sin utopías (aunque predica un paraíso). Están convencidos que la voluntad de Dios puede cumplirse aquí y ahora. Establecen una vida social regulada por el Corán.
Las tres grandes religiones del libro de alguna manera definen el modelo occidental. El modelo israelita (Am) es una comunidad nacional de aquellos que sobrevivieron a la destrucción de Jerusalén en 70 y se comprometen a cumplir la ley, renunciar a la violencia y a la conquista ( a excepción de los sionistas). Ellos, no desean cambiar el orden mundial, ni convertir a nadie al judaísmo, sino que esperan una era mesiánica que se encargue de estos asuntos. La Iglesia se define como “supranacional”. Creen en Jesús y pueden buscarlo en la unidad humana a través de la palabra. La unión no se consigue con violencia sino por fe. La vida de Mahoma fue un ejemplo, y fue un guerrero. Política, guerra, estado y violencia militar pertenece a la vida del creyente.
Pero hay que notar lo siguiente, los musulmanes no han sido más violentos, ni más guerreros que otros pueblos. El Corán 9: 5 dice:
“…Matad a los idolatras en donde quieras que los halléis, hacedles prisioneros, sitiad sus ciudades, tendedles emboscadas por todas partes; pero si se convierten, si observan la oración e hicieran limosnas, dejadlos entonces tranquilos, pues el Señor es clemente y misericordioso”
Este texto puede entenderse de dos maneras, como fundamentalismo o como pacifista.
Tanto oriente como occidente ejerce la guerra con la diferencia que los musulmanes lo hacen en nombre de Alá.
V
Conclusiones
La guerra es una parte muy destacada en la cosmovisión religiosa de los pueblos semíticos. Se lo puede observar en una lectura rápida de la Biblia hebrea, griega o del Corán. La batalla era necesaria para la confección de su mundo, de sus mitos y lo sigue siendo como factor fundamental en el desarrollo de su civilización. Es una parte importante de su mentalidad. Mientras crean que tienen toda la verdad y haya conflictos en el interior de los hombres seguirán habiendo guerras en el mundo como parte del desarrollo de su cultura. Por lo tanto el trabajo supracitado es solo un ejemplo para entender la violencia implícita y explicita y como estos lo plasman en sus textos sagrados.
Bibliografía sugerida
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