EL CRISTIANISMO Y EL MITO DEL SANTO GRIAL.

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EL CRISTIANISMO Y EL MITO DEL SANTO GRIAL.

 

 

 

METAFORA DE UNA BUSQUEDA INTROSPECTIVA

 

Sergio Fuster

 

 

El Santo Grial es un mito. Su búsqueda tiene un fin trascendental: el encuentro de lo divino. Umberto Eco en su libro La isla del día de antes lo describe como un símbolo de algo que buscamos perennemente, como “un deseo insatisfecho”. La “copa” que contiene la “sangre” de Cristo nos revela finalmente un camino que conduce al autoconocimiento y a la superación personal. Se puede comparar a una exploración interior que intenta hallar el propio centro; en otras palabras, la trascendencia del yo en pro del “verdadero yo”. En términos de la metafísica india upanisadica se expresa como la superación de Ahankara y el encuentro de Atman.

 

Ahora bien, salvando las distancias culturales entre Oriente y Occidente, también el presupuesto psicoanalítico tiene algo que decir. Recordamos las conclusiones de C. G. Jung sobre el principio de individuación en el camino hacia el Si-mismo, “donde la inmersión tiene lugar (hablando del recipiente alquímico) y se produce la transformación en un ser espiritual”.

 

A propósito de esto, en el campo de la mitología, se presentan dos temas recurrentes: “la travesía del héroe” y lo “valioso que este debe hallar y traer” para su propia elevación. El mitema de la experiencia del viajero sorteando dificultades para hallar lo realmente valioso (ya sean los Argonautas y el vellocino de oro o Heracles y las manzanas de Hespérides o el caballero digno al encuentro del mismísimo Santo Grial que contiene la sangre de Cristo), es similar en todos los casos y nos hace pensar en un origen temprano o como un “arquetipo del inconsciente colectivo”. Pero ¿Qué raíces tienen estas figuras? ¿Es posible que el ciclo del Santo Grial tenga sus fundamentos más allá de los evangelios, en la más oscura antigudad, en el monomito (como decía Campbell) del héroe, y resurja en el medioevo tal como lo conocemos? ¿Qué mensaje críptico tiene que revelarnos?

 

Es por ello, que en el presente trabajo nos propondremos recorrer las posibles fuentes que dieron origen al mito medieval del Santo Grial y sus muchos simbolismos y ya para el final del mismo recorreremos algunas versiones que componen la serie de esta narración (ciclo del Grial) a fin de obtener su viveza poética, mística y existencial.

 

 

Raíces bíblicas

 

 

 

En el mito del Grial, entran en juego ciertos emblemas como la copa o recipiente –cuenco contenedor de liquido divino- como símbolo femenino y la lanza o elemento punzante, penetrante, símbolo de lo masculino; ambos tienen como característica que poseen restos de la sangre redentora.

 

El simbolismo bíblico de la sangre esta determinado de manera definitiva en el libro bíblico de Levítico: la sangre ( hb. dam) es la vida ( Lv. 17:11). En las narraciones etiológicas de la primera Pascua en Egipto ( Ex. 12), la sangre de un animal sacrificado rociada sobre las puertas de las casas era signo de salvación. En la liturgia del Antiguo Israel la sangre de animales sacrificados era para perdón de pecados (Lv 16). Durante la celebración de la Pascua, en el último ágape, Jesús compartió con sus discípulos una hogaza de pan y una copa de vino. El pan representaba su cuerpo y el vino de la copa su sangre, de esta manera los que consumieran de estos emblemas tendrían participación en su cuerpo místico, es decir, en la vida eterna.

 

De esta manera, la Pascua arquetípica descrita en le libro de Exodo, tendría una representación típica en la cena de Jesús con sus discípulos. En los evangelios canónicos Jesús utiliza una “copa” para representar el rito que serviría como modelo a generaciones futuras en la eucaristía –aunque el sentido del rito presente cambió sustancialmente-. Esto está registrado en Mateo 26: 26-28; Marcos 14: 23,24 y Lucas 22: 17. Aquí tendríamos el origen bíblico del simbolismo del recipiente.

 

En una segunda aproximación, los ciclos de mitos del Santo Grial, presentan un cuenco que verdaderamente contiene la sangre mística de Jesús. Según el relato evangélico cuando Jesús se hallaba colgado del madero, un soldado romano le punzo el costado de su cuerpo con una lanza. Dicho episodio es mencionado por Juan (19: 34), pero que “el mismo recipiente” que se usara para la celebración de última cena recogiera su sangre esto es parte de una larga y compleja tradición posterior.

 

En la óptica evangélica, la sangre derramada en el Gólgota cumplía típicamente con el sacrificio del Yohn hakki ppurin. Ese día (10 de Tisri ) se hacía un sacrificio animal y su sangre se asperjaba delante del propiciatorio del Arca de la Alianza, símbolo del Arbol de la Vida y del trono de Yahvé. De esta forma se obtenían el perdón de pecados y el hombre se ponía en camino de la salvación. Este fue el punto de vista que tuvieron los evangelistas de la muerte de Jesús, que se convirtió en un óbito redentor.

 

Los evangelios sinópticos relatan que en el momento de la muerte de Jesús el cielo se oscureció y la tierra tembló y hubo un hecho extraordinario: la cortina del santuario (que separa el Santo del Santísimo, donde en otros tiempos estuvo el Arca de la Alianza) se rasgó de arriba abajo, como señal que la sangre expiatoria de Cristo llagó ante la presencia de Dios ( Mt 27: 51; Mr 15. 38; Lu 23: 45). El mismo incidente esta mencionado en el evangelio de Pedro V: 6 y en el evangelio de Nicodemo XI.

 

Por lo tanto, el mito del Santo Grial nos sugiere que se trata del mismo recipiente que contiene la sangre expiatoria de Cristo y como la lanza que atravesó el cuerpo de Jesús se impregnó de esa misma sangre preciosa, también este elemento pasó a ser objeto de búsqueda en las tradiciones medievales posteriores.

 


 

El símbolo del “recipiente” en las religiones antiguas


 

Los recipientes tienen una connotación femenina. En el principio fueron las aguas, y las cuencas terrestres eran los “receptáculos” que la contenían. El poder de las aguas era ejemplificado por los habitantes de la mesopotamia asiática, ya que la mayoría de los templos tenían a la entrada una fuente con agua; según el mito Enki enviaba las aguas a los templos y eran parte de Tiamat y Apsu. Tal pensaban los antiguos, el origen de las fuentes se debía a que los Dioses habían salido del elemento líquido amniótico. En una de las paredes de la ciudad de Nimrod se halla un bajorrelieve de un Dios antropomórfico vestido de pez ( el dibujo obtenido por Henry Layard lo pone de manifiesto). Los persas tenían en sus templos cuencos donde libaban a sus Dioses. Zeus fue criado por una Ninfa que lo alimentaba con el recipiente de la abundancia.

 

En los rituales de Eleusis dedicados a la Diosa, que duraban nueve días, se ponían copas sagradas en cofres como parte de sus sacramentos. En algunos rituales dionisíacos y órficos se consumía sangre en recipientes, lo que nos recuerda el rito cristiano. Estos gestos quizás tengan sus antecedentes en los sacrificios realizados en la antigua Anatolia donde la sangre de ovejas y cabras se colocaba en un caldero.

 

En los misterios de Mitra, en el mundo grecorromano, parte de los sacramentos consistía en beber vino de copas consagradas. La secta gnóstica de los Naasenios creía en la copa de Anacreonte, que representaba el cosmos, en ella Dios mezclaba los cuatro elementos con el fin de crear el mundo. Una leyenda persa nos habla de la copa de Jamshid en la que se podían discernir todos los misterios de la naturaleza. En la tradición hermética, un receptáculo lleno de Nous o conciencia había sido enviado desde el cielo para bañar a la humanidad en el divino entendimiento. Las sagradas copas y cuencos sanadores de Virgilio derivan de los misterios griegos.

 

La idea de un héroe relacionado con la búsqueda de lo valioso también en muy arcaica. Gilgamés va en busca de la planta de la inmortalidad, lo que nos hace acordar al árbol de la vida del Génesis. Ulises es el arquetipo del héroe europeo hacia lo desconocido. Las leyendas griegas quizás sirvieron de documentación a los relatos del Grial de Chrétien de Troyes quien dijo que estaba basado en un libro que le había dado su mecenas Felipe de Flandes.

 

En los relatos de Valhalla, el Prese Edda del irlandés Snorri Sturluson, se habla del caldero humeante llamado Eldhrimnir. Se decía que el caldero de hidromiel de Ymer otorgaba fuerza y sabiduría a todos los que probaban su contenido.

 

En el poema del “Sueño de la cruz” (escrito que data del siglo X pero seguramente su idea provenga del siglo IV, cuando comenzaron a aparecer las primeras representaciones cruciformes) se ve a Jesucristo en una resplandeciente cruz enjoyada en el momento de su muerte. Se lo representa atravesado por una lanza y de la herida fluye sangre. Su cuerpo es recogido por sus seguidores y lo guardan en un cofre de oro y plata. Como sucedió con las cenizas del cuerpo de Buda, con los restos de Osiris o con la cabeza de Juan Bautista, su sangre es vertida en una multitud de relicarios. Pronto el fallecimiento de Jesús fue sincretizada con la muerte y resurrección de varias divinidades en el mundo del mito. En las mitologías de Rin el Dios que es asesinado Balder, “el resplandeciente”, era representado por la runa de la cruz y el soldado que atraviesa a Jesús con el Dios Hoder que era ciego (según la tradición a Jesús lo atravesó un centurión ciego llamado San Longino).

 

Estas creencias celtas que se desarrollan a partir de los cultos druidas e influenciaron a las sagas de la corte arturica eran quienes tenían en sus mitos el motivo del sagrado caldero Gunderstrup. Dagda, padre de los Dioses irlandeses tenía un caldero de la abundancia llamado Undri y su garrote tenía las propiedades de la Santa Lanza.

 

 

Algunos relatos breves acerca del Santo Grial

 

 

Las antiguas narraciones de calderos inagotables y los cuencos de la abundancia fueron convertidos en la Edad Media en los vasos y platos cristianos que daban de comer y beber continuamente. El mito del Grial dice a grandes rasgos lo siguiente: el mago Merlin funda los estatutos de una orden de caballeros que presidían en una mesa redonda. Había cincuenta asientos con cuarenta y nueve lugares ocupados. El que ocupe el lugar vacío sería aquel caballero que encuentre el Grial. Los insensatos que se atrevieron a sentarse en la silla vacía fueron fulminados por la mano invisible de Judas. Un día llega un anciano con una túnica blanca y trae consigo a un hermoso joven que se sentó en el sitio vacío su nombre era Galahad quien traería el Grial. Galahad era hijo ilegitimo de Lanzarote y la reina Ginebra ( Por esos amores prohibidos Lanzarote perdió el privilegio de ir en busca del Grial). Lanzarote había ayudado al rey Pelles descendiente directo de la hermana de José de Arimatea, el que había recogido el Grial después de la crucifixión. Galahad va en busca del Grial al castillo del moribundo rey Pescador y luego de muchas dificultades trae el recipiente santo y lo presenta en la mesa redonda. Aquí se describe a la copa como suspendida en el aire dando vueltas a la mesa y sirviendo a todos los comensales.

 

En otra versión del mito, Persival Galahad y Bors deben viajar a una capilla que esta rodeada por aguas, un claro símbolo del inconsciente. Para la travesía utilizan la nave de Salomón donde están los restos del arca de Noé, el Arca de la Alianza, una cama hecha del árbol de la vida del paraíso y tres cruces: una blanca otra roja y la siguiente verde, colores alquímicos hechos por Salomón. Sobre la cama la espada de David, símbolo de magia y ciencia. La empuñadura tiene forma de salamandra y de un pez del Eufrates.

 

Lanzarote reemplaza a Galahad para ir en busca del Grial que estaba en medio de aguas. La fortaleza estaba custodiada por dos leones. Luego de sortear este obstáculo entra a una cámara brillante donde contempla el Grial. Este estaba cubierto por un paño rojo sobre una mesa de plata. Alrededor los ángeles balanceaban incienso y sostenían velas y cruces. Un anciano ofrece la hostia a una triada de hombres. En este relato, Lanzarote no puede recuperar el Grial pero se beneficia de su abundancia.

 

Cinco años mas tarde Galahad, Percival y Bors llegan al castillo del rey Pescador, este estaba muy enfermo. Tienen la visión de un hombre en el trono sostenido por cuatro ángeles. Los ángeles elevan el Grial y la santa lanza y de ella caen gotas de sangre. El Obispo José, que también estaba presente, realiza el milagro de transustanciación. El mismo Jesucristo sale de la ensangrentada copa y les da los sacramentos a los caballeros además de una bendita comida. Los caballeros curan al rey Pescador con la sangre sagrada y van al barco donde encuentran el Grial sobre la cama además de obtener la visión que José de Arimatea asciende a los cielos. Tal como le ocurrió al héroe Gilgamés con la planta de la inmortalidad, cuando se dirigen a poseer el Grial una mano celestial se lo lleva.

 

El siguiente relato esta tomado de “La historia del Grial” escrito el 1230. Esta narración termina con el ciclo de Persival se centra en Lanzarote. Además concluye con la muerte de Arturo. El autor de esta historia afirma haber escuchado la voz de Dios en el año 717. Durante la noche del Viernes Santo el ermitaño se quedó dormido, una voz celestial lo llamó cuatro veces y apareció un hombre de sorprendente belleza representando a la trinidad. El hombre resplandeciente le pone una antorcha en su boca y sopla sobre sus ojos, lo que nos recuerda la vocación del profeta Isaias (Cap. 6). El ermitaño encuentra un libro que luego desaparece y en medio de visiones lo hace bajar al inframundo. Allí hay una capilla donde halla el libro divino y a Jesucristo, que esta allí de pie, le ordena que haga una copia del mismo, es nada menos que el libro del Grial.

 

El relato cuenta que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo y viajo desde Tierra Santa al sur de Francia en la nave de Salomón, convirtiéndose en el primer obispo de Europa occidental. Luego José viaja a Gran Bretaña.

 

Decía que el Grial alimentaba a millones de fieles y que este estaba en un castillo aguardando la llegada de Galahad. El Grial en esta historia no es una copa sino una fuente.

 

 

Conclusiones

 

Tratamos de transcribir aquí a modo de ejemplo algunos breves relatos del ciclo de Grial y su relación con el cristianismo. Ante lo expuesto, vemos que el mito tiene dos vertientes fundamentales en la construcción de sus narraciones. Por un lado las fuentes neotestamentarias y por el otro, los motivos tradicionales de los calderos y recipientes mágicos del mundo de las mitologías. Pero el tema básico sigue siendo el mismo, sea en la antigüedad o en el medioevo: la búsqueda de lo divino, el camino hacia lo sagrado y el regreso del héroe ennoblecido por su hallazgo.

 

El Santo Grial que ha servido de inspiración de tantos artistas, desde los gravados de Lambert, la música de Wagner y los dibujos de Durero, presenta también una dimensión metafísica, representa lo “realmente valioso” que todos tenemos dentro, es tarea del héroe poder emprender la marcha y encontrarlo. En el tramo de una existencia nos toca sortear situaciones angustiosas, como diría Camus “lo absurdo”, para resucitar con una nueva enseñanza. Los mitemas del viaje heroico nos enseñan verdades para la vida, no hay crecimiento sin crisis, sin muerte y renacimiento, sin camino introspectivo. Cristo tuvo que soportar la tortura y el deceso para resucitar glorioso al tercer día. El Chaman lo experimenta en su ascenso a otros planos de existencia. En el casamiento alquímico la pareja elemental se necesita la bendición del recipiente del amor, el Rey y la Reina deben llegar a la putrefacción para obtener el “lápiz”.

 

El mismo motivo aparece en los evangelios no canónicos con relación al Reino de Dios, que “esta dentro de vosotros”. En las parábolas de Jesús en Mateo 13. 44-46 lo compara con un tesoro escondido o con una perla de gran valor que el que lo pretende vende todo lo que tiene y se arroja en su búsqueda. La enseñanza y responsabilidad que nos dejan estos motivos míticos es que el Santo Grial no esta petrificado en las series y las sagas medievales, sino que es un símbolo vivo, perenne, esta en cada uno de nosotros como un norte eterno, en nuestras profundidades, de nosotros depende buscarlo y traerlo a la superficie.


 

Bibliografía sugerida

 


 

Ayala, R.R.: Mitos y leyendas de la Edad Media, Barcelona, 2000.

 

 

Campbell, J: El héroe de las mil caras, México, 2003.

 

-Los mitos. Su impacto en el mundo actual, Barcelona, 1999.


 

Charbonneau-Lassay, L.: El Bestiario de Cristo, Barcelona, 1977.

 


 

Cantú, C.: Las ordenes de los caballeros, Barcelona, 1988.

 


 

Cardona, F.: Mitologías y leyendas europeas, Barcelona, 1999.

 


 

D’Arbois de Jubainville: El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica, Barcelona, 1987.

 

 

Lancelin Green, R.: King Arthur and His Knights of the Round Table, Londres, 1953.

 


 

Sinclair, A.: El descubrimiento del Grial, Barcelona, 2003.

 

 

Steinbeck, J.: El rey Arturo y sus caballeros, Madrid, 1976.


 

Jung, C.G.: Psicología y Alquimia, Barcelona, 1977

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Actualizado - Miércoles, 13 Julio 2011
 
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