La Idea Mesiánica y la Serpiente de Bronce
LA IDEA MESIÁNICA Y LA SERPIENTE DE BRONCE

Interpretaciones exegéticas, proféticas y cabalísticas
Sergio Fuster
En el bloque redaccional del libro de Números 21: 4-9 se narra un extraño episodio. Los israelitas, que viajaban por el desierto durante el éxodo comenzaron una vez más a quejarse por la provisión de mana (man hu, refiriéndose al “alimento milagroso”) y por el suministro de agua. Debido a ello, Yahvé los castigó enviándoles serpientes venenosas (na-jassch), y muchos sucumbieron a causa de sus mortales mordeduras. Cuando el pueblo mostró al fin arrepentimiento, Moisés actuó una vez más como mediador e intercedió con éxito. Yahvé le dijo:
“Hazte una serpiente-ardiente y colócala en un poste. El que haya sido mordido, al verla sanará. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso en un poste. Cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba la serpiente de bronce y se sanaba” (vss 8, 9).
Resulta interesante notar que en la estructura del Pentateuco o Torá, la que trajo muerte al mundo ha sido el engaño de una serpiente mitológica (Gn 3: 1-15) y la que ahora trae redención sea igualmente un símbolo representativo similar. Esta aparente contradicción dual, no menor, seguramente puede resolverse en lo univoco de la rica interpretación simbólica.
Por ello, en nuestro trabajo haremos un breve pero exhaustivo recorrido por el simbolismo e iconografía de la serpiente en las religiones antiguas, comparando esto con la concepción hebrea, primero bíblica y después con el aporte de la rica interpretación talmúdica y cabalística que arrojará luz sobre este oscuro pasaje relacionándolo con la función mesiánica.
El simbolismo de la serpiente en el ideario religioso

En todas las culturas antiguas la serpiente, con su respectiva iconografía ha estado presente en el arte, la historia y el simbolismo sagrado. Su presencia figura, junto con la Diosa Madre, entre los cultos más arcaicos de la humanidad.
Un posible aspecto de su simbología es el sexual dándole plausibles interpretaciones eróticas. Al poner sus huevos en la madriguera, usualmente un hueco en el suelo (lo vaginal asociado con el huevo cósmico), forma una relación ctónica o apegada a lo telúrico. Por este motivo se la asocia con la fertilidad femenina y concomitantemente con Diosas agrarias como Cibeles, Rea y Deméter, cuyos carros están tirados por serpientes. En los cultos africanos se la adorara bajo la imagen de Danh-sio, como ofidio cornudo que evoca el arco iris. De este modo es psicopompa y trae consigo el ciclo de la vida en los períodos agrícolas. Por otra parte, en la polisemia del símbolo, la serpiente por su forma enhiesta, erecta, es también una expresión fálica. La serpiente y el mundo o globo (huevo) es la unión sexual del hombre y la mujer, esperma y ovulo respectivamente como aparece disimulado en la iconografía católica en la virgen de la Medalla Milagrosa –dualidad virgen/promiscua.
Es probable que el origen del culto a la serpiente deba buscarse en el pueblo sumerio (c. 3000-2500 a C.). Esta figura está presente en el poema de Enuma Elis como el dragón Tiamat (tamin lit. “culebra grande”) y en la imagen de Khmu y Lakhamu, estas últimas como serpientes copulando en el recinto sagrado. En el museo del Louvre se conserva el sello de esteatita o vaso de Gudea –c. 2141 a. C.- donde se representan a estas dos serpientes entrelazadas en abrazo sexual creador, esta inscripción está dedicada al Dios Ningiscila, el protector del Árbol de la Vida. En India, los primitivos cultos tántricos drávidas adoraban el nagakkals o estela donde se sustituía el lingam o falo con dos serpientes sexualmente unidas, espiritualizado en la fisiología mística de Hatha yoga. Estas figuraciones generalmente son colocadas como fetiches debajo de higueras como árbol masculino sagrado (recordemos la iluminación de Buda bajo el árbol Bo).
Otra solidaridad simbólica, quizá la más rica para nuestro trabajo, es su aspecto de muerte y renacimiento o dimensión redentora. Al ser un animal que frecuentemente habita en cuevas se creía que era conocedora de los secretos del inframundo, pero también que tenía la capacidad de trepar a los arboles y por lo tanto se la asociaba con la ascensión del alma, esto daría como resultado la vida eterna. En El libro de los dos caminos egipcio, se representa al difunto descendiendo (Ro-Setau) y ascendiendo (Anru-tef) por dos sendas serpenteantes. Como tal era inmortal y el origen de la totalidad como el Uroboros egipcio, simbología aceptada en todo el Mediterráneo, especialmente en el ambiente pitagórico y heredada en la alquimia.
En otro aspecto, este reptil es la significación de estados de la mente o de procesos de ascesis, como la Kundalini en el yoga. En el Banquete de Platón se representa a las musas acompañadas de serpientes tricéfalas que descienden del cielo a la tierra y permiten la evolución de la consciencia. Por lo tanto, es sinónimo de conocimiento y sabiduría, en esta corriente se interpreta exegéticamente en los estudios bíblicos.
La serpiente del Génesis
La serpiente de Edén, tardíamente fue asociada con el mal, ya sea en el cristianismo con Satán (Ap 12) o el resistidor opuesto a Yahvé o en el judaísmo talmúdico entendida como Samael, el ángel caído [1]. En el fresco bizantino del siglo XIII conocido como “Juicio final” se representa a Satanás como emperador del infierno precedido por serpientes y huesos humanos. Sin embargo el texto de Génesis (de origen yavista (J), por lo tanto preexílico) guarda silencio acerca de las cualidades éticas de este personaje, lo que se desprende que su proceder fue contrario al propósito de Dios al traer el pecado y la pérdida de paraíso, es decir, la muerte al mundo. Esta porción condenatoria dice:
“Entonces Yahvé Dios dijo a la serpiente: ‘Por haber hecho esto, maldita seas entre todas la bestias y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás tierra por todos los días de tu vida. Hare que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella te pisará la cabeza mientras tu herirás su talón’” (Gn 3: 15).
En primer lugar aquí se asocia a la serpiente como animal rastrero –morder en el talón-, símbolo que ya hemos intuido por lo antedicho; por otra parte, se pone en posición de traedor de muerte, por su veneno, y de paradigma del promotor del redentor renacido –el muerto picado en el talón o simiente salvadora, renacerá para aplastar a su asesino en la cabeza-, explicación que he tratado ampliamente en varios trabajos anteriores [2].
En segundo lugar, se la relaciona estrechamente con el Árbol de la Vida, ya que se intuye que lo guarda. Sin embargo, los guardianes oficiales, por así decirlo, son los cerberos querúbicos (Gn 3: 24). Esta categoría de ángeles, son los tetramorfos de la visión de Ezequiel (Cap. 1 y 10) y que corresponden a las cualidades de Dios, los puntos cardinales y están presentes en el Tarot en el arcano 21.
De alguna manera hay una extraña relación entre las criaturas angélicas y los ofidios. En el pasaje de Números antes citado, cuando Moisés levanta la serpiente de bronce, se la concatena en el hebreo como han-neja-schim has-sera-fim, lit. “serpientes de fuego”, “serpientes ardientes”, “serpientes abrazadoras”. En este texto tal vez se refiera al ardor o quemazón “como el fuego” que produce la picadora de estos animales. Sin embargo, esto puede tener una riqueza mayor.
Conviene recordar que en el libro de Isaías (Cap. 6), durante una visión, el profeta observa las figuras de unas criaturas que llama “serafín” o “serafines”, como espíritus voladores alrededor del trono divino. El término hebreo serafín proviene de sa-ráf, lit. “quemar”, “arder” y cuando en el texto se refiere a criaturas terrestres se lo suele traducir por “culebra” o “serpiente” (karibu o ángel con aspecto ofídico). Por tanto es posible hacer una relación entre la serpiente rastrera na-jasch de Edén y la serpiente empalada de bronce na-jasch será-fim como una interpretación ascensional, del animal terrestre al celeste como símbolo salvador o “serpiente angélica” o “serpiente divina”. Visto el asunto así se resuelve y completa el símbolo ofídico global ya que se intuye una relación estrecha entre lo angélico y un posible aspecto de reptil [3].
El cristianismo y la serpiente de bronce
Posteriormente los israelitas adoraron a esta figuración y fue destruida por el rey judaita Ezequías (2 Ry 18: 4). Aquí a la “serpiente” se la llama nehustan, dicción hebrea que puede traducirse según algunos léxicos como ídolo-serpiente, aunque la mayoría de las versiones prefieren transliterarla [4]. A pesar de su desaparición física, el simbolismo siguió vigente como vemos en el evangelio de Juan 3: 13-15, donde Jesús le dice a Nicodemo lo siguiente:
“Recuerden la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto: así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, y entonces todo el que crea en él tendrá por él vida eterna”.
De esta manera, este pasaje tardío reconoce un paralelo salvífico entre el empalamiento (gr. staurós) de Jesús y la representación de la serpiente de bronce, también enroscada sobre un poste. Ambos eran salvadores y la dualidad salvación/muerte era diseccionada en la versatilidad del símbolo como la serpiente que trae muerte y a la vez la que trae vida eterna. Cuando la iconografía cristiana posterior fija el relato edénico, siempre el reptil elegido en el arte sacro es de una especie arbórea, es decir, colgada en el madero o poste (serpens mercurialis del siglo XVII, como aparece en los tratados de alquimia), idea retomada por el poeta inglés Milton. Por otra parte, “colgar a alguien en un madero” tiene una significación deshonrosa (Dt 21: 22, 23). Por tanto la serpiente colgada edénica es su aspecto humillante, rastrero y la figura levantada por Moisés es su aspecto elevatorio, ascensional y salvífico aunque teñido de un semblante bajo como lo significa el bronce cuyo metal alquímico es innoble.
Aportes de la Cábala

En la rica mitología cabalística, la serpiente adopta la configuración de guardiana de los secretos y conocimientos, por ello está enroscada en el árbol de la ciencia del bien y del mal. En esta interpretación, es el mismo personaje original el que tiene la llave para abrir una puerta velada, incógnita.
Este animal rastrero lleva dentro de sí la fuerza del desarrollo de la consciencia humana ya que está situada en la parte más baja del hombre –sus pies- (recordemos que en la metafísica del yoga la kundalini está en la base de la columna vertebral), por tanto infiere la ascensión del hombre a estratos más altos del ser, o hacia Dios. Es ella la que logra abrir, por sus artilugios, la entrada al pecado y a la muerte en el mundo pero concomitantemente su simiente es esotéricamente salvadora.
Adán y Eva, si bien presentados en el relato como dos personas “separadas”, eran en sí mismas una unidad sagrada (ya que uno fue tomada del cuerpo del otro –mito de la costilla-). En esa unidad no había ni bien ni mal. Es decir, Dios era incognoscible en su totalidad ya que era manifestado solo un aspecto de su ser: el bien. La serpiente al abrir la posibilidad de lo opuesto, ingresa en ese mundo primigenio el estado de muerte (como lo contrario de la vida), solo así esta condición vital alcanzaría su máximo desarrollo consciente. Ahora con la nueva posibilidad de muerte, la vida era evidente, deseable y buscada.
En esta línea, argumento con que los místicos de la Torá intentaron dar respuesta a este enigmático pasaje, la serpiente era el Mesías, en el sentido que indicó la vía regia del desarrollo holístico humano, el secreto de Edén o de la existencia (misterio que subyace en el Árbol de la Vida mismo), es decir, el camino de retorno al Edén, la redención; cuya efigie de bronce fue su representación típica. La única manera de regresar al Edén era estar fuera de él, en un exilio necesario. Ya que de este modo Dios es conocido por contraste; aquí subyace el ejercicio lúdico divino que crea para trascender su estado de ser y de ese modo existir. Estando la muerte en el mundo, se le proveería al hombre el misterio de vencerla mediante la resurrección, condición sine qua non (sacrifico egoico) para el desarrollo espiritual y la restauración de la relación con Dios.
Según esta vertiente mitopoyética, la serpiente del jardín primordial tenía patas. Las figuras de los bajorrelieves egipcios en ocasiones representan a los reptiles sostenidos en dos pies [5]. En la tradición talmúdica hay un preciso pasaje que dice que la serpiente era como un “camello” por sus sinuosas curvas y Samael, el ángel caído, la montaba, de este modo es la fuerza siniestra o del lado izquierdo [6], tan trabajado en el budismo tántrico. La condena a este opositor necesario fue quitarle los sostenes y a partir de allí se arrastraría sobre su vientre como “algo maldito”. Por lo pronto, la serpiente quedaría dormida en la parte más baja de los instintos humanos y debería ser despertada para su ascensión en el árbol mediante técnicas cabalísticas de meditación, cosa bastante difundida en Alta Magia ritual. Es por ello que el cabalista medita de pie y no sentado –posición de loto- como el yoguín.
Según la Cábala, la ascensión de la serpiente en este caduceo sagrado ascendería por el árbol sefirótico desde Maljut o Reino, los pies, pasando por Yesod o fundamento, ubicado en los genitales, llegaría a Tiferet o belleza, donde se la representa simbólicamente con una cruz o autoinmolación, en el corazón, y terminaría en la coronilla de la cabeza en Keter o Corona como símbolo de iluminación espiritual.
De esta singular manera, se revela en el claroscuro mundo de los símbolos la relación esotérica de la serpiente edénica con la escultura de bronce de Moisés, en su doble valencia, como abridora de la puerta a los males y como salvadora de los mismos, vida, muerte y renacimiento. Así, asume la función de Mesías, ejemplificado en la Cábala cristiana en el sacrificio de Jesús (YHSVH) y entendido como la mutación interna que debe experimentar el adepto en su ascensión hacia estados más elevados del ser.
Notas
[1] Bereshit Rabbati, 24-25.
[2] Fuster, S.: “La religión del Antiguo Israel. Perspectivas históricas y fenomenológicas”, Madrid, 2010.
[3] Es interesante notar, que los ofitas (secta herética del siglo I d. C.) creían que el mundo había sido engendrado por una serpiente, dándole así el carácter del mismo Dios. Tal vez indique que hasta el mismo Yahvé fue identificado en un tiempo como una serpiente, como Zeus en el arte órfico. El Zebahim V. 1-5 relaciona el pasaje de Éxodo 4: 24 con la idea de que Dios se trasformó en una gran serpiente para asesinar al hijo incircunciso de Moisés (Cf. Fuster, S.: “’Tocar los genitales’, un posible aspecto mágico del rito de la circuncisión”, www.arqueologos.org, 2010).
[4] Koehler y Baumgartner: “Hebraisches und Aramaisches Lexikon zum Alten Testament”, 1983.
[5] Como en el papiro de Tebas, c. 950 a. C. III Período Intermedio.
[6] Midras Alphabetot.
Bibliografía
Champdor, A.: “El libro egipcio de los muertos”, Madrid, 1981.
Croatto, S.: “Crear y amar en libertad. Estudio de Génesis 2:4-3:24”, Bs. As. 1986.
González Zymla, H.: “La iconografía de la serpiente”. En R/Arqueología n-253, pp.44-51.
Graves-Patai: “Los mitos hebreos”, Barcelona, 2001.
Ferguson, J.: “Tree and serpent worship,” Londres, 1869.
Moshe Idel: “Cábala, nuevas perspectivas”, México, 2006.
Richardson, A.: “Iniciación en la Cábala mística”, Bs. As. 1974.
Scholem, G.: “Las grandes tendencias de la mística judía”, México, 1999.
Van Lysebeth, A.: “Tantra, el culto de lo femenino”, Barcelona, 1990.
Von Rad, G.: “El libro del Génesis”, Salamanca, 1977.
Weinreb, F.: “Kabbala. La Biblia divino proyecto del mundo”, Bs. As. 1991.

