"Quod Cornuta esset facies sua"

El verbo hebreo “Qaran” (su pronunciación es kaw-ran) puede significar Qal o Hiphil. El primero hace referencia a sacar rayos de luz (brillar o destellar) y el segundo “Hiphil” significa sacar astas o cuernos o ser cornudo. Este verbo aparece hasta cuatro veces en la Biblia. Tres veces aparece en el libro del Éxodo ( Éxodo 34:29, 30 y 35 ) y una vez en el Salmo 69 versículo 31 (versión KJV). El verbo que aparece en el Salmo 69 hace referencia a los cuernos de un novillo, mientras que en el libro del Éxodo, el verbo Qaran refiere a destellar rayos de luz.

Entre los años 382 al 404 d.C San Jerónimo (Eusebius Hieronymus Sophronius) tradujo la Biblia del griego al latín. Hasta entonces los cristianos habían hecho uso de la Septuaginta o Biblia griega de los LXX. No toda la Biblia llegó a ser traducida al latín por San Jerónimo. Los libros de la Sabiduría, el de Baruch, el Eclesiástico y los dos libros de los Macabeos, no llegaron a ser traducidos por él. Sin embargo el libro del Éxodo y los Salmos, si que fueron traducidos. Es más, respecto a los Salmos hizo una segunda revisión, con la ayuda del Hexapla de Orígenes y los textos hebreos, y ésta es la que está incluida en la Vulgata.
Al llegar al capítulo 34 versículo 29, San Jerónimo topó con el verbo hebreo Qaran y en vez de atribuirle el significado original hebreo ( irradiar o destellar luz) adecuado a su contexto, le dio el mismo significado que aparece en el Salmo 69:31. De esta manera podemos leer en latín “Quod cornuta esset facies sua” , es decir, en una traducción literal sería “que su rostro estaba cornudo”. Se ha especulado sobre si esa traducción fue errónea o si por el contrario San Jerónimo lo hizo a propósito por alguna razón teológica.
Si acudimos a la versión griega:

Localizamos el verbo “glorificar” que aparece en la Septuaginta como “dedocastai”, en el sentido de que el rostro de Moisés estaba glorificado y no cornudo.
Curiosamente el verbo hebreo “qaran” es algo similar a la palabra “keras” que significa cuerno en griego, pero como ya hemos visto esa palabra no aparece en Éxodo 34:29 de la versión septuaginta y por otra parte San Pablo en II Corintios 3:7 alude al resplandor del rostro de Moisés en Éxodo 34:29 como algo glorioso, sin hacer alusión a la cornamenta. Teniendo estos datos resulta difícil pensar que San Jerónimo se equivocará al escribir “Quod cornuta esset facies sua”, pues probablemente lo hizo de forma intencionada por alguna razón simbólica o teológica.
Mil años después de San Jerónimo, el Papa Julio II (1505) reclama que regrese a Roma el celebre artista renacentista Michelangelo Buonarroti, más conocido como Miguel Ángel y le encarga una gran estatua de Moisés para su mausoleo en la iglesia romana de San Pietro Vincoli. En 1513 murió el Papa Julio II, pero Miguel Ángel continuo su escultura hasta finalizarla en 1545 y terminó su Moisés, incluyendo sus cuernos, aplicando literalmente la versión vulgata.
Un año después de terminar su Moisés, el 8 de abril de 1546 se celebraba la sesión IV del Concilio de Trento en donde se aprobaba el Decreto sobre la edición y uso de la sagrada escritura y en el cual se designaba la versión vulgata de San Jerónimo, como el único texto bíblico latino auténtico y autorizado.
Cuando se llevaron a cabo en el siglo XVIII las traducciones de la Vulgata al español y otras lenguas, ya incidían en que “la letra quod cornuta esset facies sua no se debe tomar en sentido propio, sino metafórico” y que lo que salía del rostro de Moisés no eran cuernos, sino rayos de luz o un resplandor extraordinario.

