La influencia judía en la concepción tomista del alma

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A la hora de estudiar historia de las religiones y el cristianismo, es menester profundizar en las distintas influencias que éste ha recogido de otras culturas y religiones, en sus diferentes concepciones. No hay duda que hubo una helenización del cristianismo, especialmente el aristotelismo tuvo cierto influjo en los pensamientos de la Iglesia primitiva, pero durante los primeros siglos eran ideas inaceptables para el cristianismo. Principalmente había una tendencia a defender la mortalidad del alma. Taciano, Justino y Atenágoras rechazaron algunas teorías aristotélicas, pero otros autores como Clemente de Alejandría se servia de Aristóteles para construir sus tesis. Hipólito rechazó la doctrina aristotélica de la mortalidad del alma. La influencia de Aristóteles puede verse también en la obra de Gregorio de Nisa. A partir del siglo IV d.C. la Iglesia hereda la cultura del Imperio romano.

 

Sin embargo, hasta el siglo XIII, fue el pensamiento platónico, por influencia de San Agustín, lo que predominó en toda Europa. El desconocimiento de las obras de Aristóteles era bastante cabal, únicamente Boecio en el siglo V-VI d.C. había mencionado partes de la “Lógica” de Aristóteles.

Este vacío cambió a partir del siglo XIII, época en la que Santo Tomás de Aquino realiza su obra. Una obra prolífica en extremo, pues se le atribuyen cerca de 800 obras. Las más importantes: Summa contra Gentiles ( 1261-1264 ) y Summa theologica ( 1265-1273). Santo Tomás quiso armonizar la discrepancia aristotélica con el cristianismo. Pero el pensamiento de Aristóteles no fue el único pilar a compatibilizar con el dogma cristiano, el tomismo ( la corriente filosófica de Santo Tomás) incorpora elementos de las tradiciones judía e islámica.

Aquí tenéis una imagen de uno de los tomos de Summa Theologica de Santo Tomás-edición año 1762:


Edición del año 1762 de Summa Theologica

Dentro de las tradiciones judías incorporadas a la obra de Santo Tomás, hay la concepción del alma. La síntesis filosófica de S. Tomás se basa también en dos grandes eruditos judíos de la edad Media: Rabí Mosheh ben Maimon (Rambam) o mundialmente conocido como “Maimónides” ( 1135-1204) y Solomon ben Yehuda ibn Gabirol (1021-1058 ), también llamado “Avicebrón”.

El pasado 20 de diciembre de 2004 el Rabino Berl Schtudiner publicó en Shalevet Olam un artículo titulado “¿Cómo es el Alma?”. El contenido de este artículo sobre el alma procede de la teosofía hebrea esotérica, conocida comúnmente como la "Kabbalah" (Kabbalá, que significa Recibo, Aceptación o Tradición). La Kabbalah alcanzó su época de esplendor alrededor de los siglos XII y XIII. Coincidiendo en tiempos de Maimónides, Avicebrón y posteriormente Santo Tomás. Los Mekubbalim o Cabalistas fueron filósofos singulares.

Veamos pues este magnífico artículo del maestro Berl Schtudiner sobre el alma y hagamos un pequeño estudio comparativo con la doctrina tomista: Por Rav. Berl Schtudiner:

El ser humano biológicamente hablando no es un ser muy diferente a los otros seres animales, salvo algunos pocos aspectos, lo suficientemente importantes como para distinguirlo del resto de la creación. Si hiciéramos un análisis de los componentes de las substancias químicas que hay dentro del organismo humano, cuánticamente nos arrojaría un resultado prácticamente similar al de cualquier animal.

En lo que respecta al cuerpo, o sea a la parte material no somos muy diferentes al resto de la creación y otros organismos con vida.

El ser humano esta dotado de una esencia diferente y especial, por que esta provista de un hálito exclusivo, en su alma. Cuando la Torá describe la Creación del hombre, en el libro del Génesis, nos dice:

"... hizo al hombre, formó al hombre y lo creó." Génesis, 1:26, 2:7, 1:27 También en el libro del Profeta Isaías encontramos el siguiente versículo:

“Todo lo llamado en Mi Nombre por Mí, los creé, los formé, también los hice ". Isaías 43:7 ¿Por qué la Torá emplea tres verbos cuando se refiere a la Creación del hombre ? Hizo, se refiere al mundo de la Acción y al nivel del alma que se llama Néfesh y está relacionado con los instintos. Formó, nos indica el mundo de la Formación y se refiere al nivel del alma que se designa con la palabra Rúaj y que abarca el aspecto emocional.

Creó, designa el mundo de la Creación y está conectado con el nivel del alma denominado Neshamá, el pensamiento. Estos tres niveles son tres aspectos básicos generales dentro de los cinco que abarcan la totalidad del alma. Para entender cada uno de estos aspectos hay un ejemplo tradicional, el cual nos relata que el hombre es como un carruaje que se usaba antiguamente como medio de transporte.

En el ejemplo, la carroza simboliza el cuerpo del hombre que por sí solo no puede realizar ningún movimiento. Los caballos que tiran de la carroza son los instintos, el Néfesh, que mueven la carroza físicamente en las diferentes direcciones.

El cochero simboliza la emoción, el Rúaj, quien indica: parar, hacia la derecha o hacia la izquierda, más rápido, más lento, etc.

Pero, cuando el carruaje se encuentra ante la posibilidad de tomar diferentes caminos, ¿quién es el que decide...? La carroza por sí sola no puede moverse; los caballos esperan la orden del cochero; ¿y el cochero, a quién obedece...? ... al pasajero, a quién no vemos pero es el que hace que todo se mueva y gire en torno a su voluntad, ya que él fue quien "contrató" a la carroza con los caballos y al cochero para conducirlo hacia su "destino" . La Neshamá, esencia interior del alma, está representada por el pasajero, y se reviste en el cuerpo a través de los instintos, emociones y pensamientos para llegar a su objetivo:La toma de conciencia de su naturaleza y su función en el mundo, para luego fusionarse concientemente con la Luz Infinita.

A dicho objetivo se puede arribar a través de dos caminos:

1) Con conciencia, cuando los tres aspectos del alma (pensamiento, emoción y acción) están en armonía con las leyes que rigen la Creación, o

2) Con sufrimiento, cuando los caballos, el cochero y el pasajero están en desacuerdo.

De lo cual se deduce que si el hombre piensa de una forma y siente de otra, sus actos lo conducirán inevitablemente al sufrimiento. Así como hay leyes que rigen los fenómenos físicos, como ser la ley de gravedad, etc., también hay leyes que rigen los planos instintivos, emocionales, mentales y espirituales.

La verdadera libertad surge cuando el hombre obra en concomitancia con esas leyes y no simplemente de acuerdo a su sentir momentáneo, instintivo y/o emocional.

Por eso el judaísmo, a través de la Torá y las mitzvot, es un estudio y una disciplina constante en adaptar las características humanas a las leyes superiores que rigen todos los planos de la Creación. La Torá nos transmite las leyes objetivas que rigen la vida y la Creación, y las mitzvot nos proporcionan los elementos prácticos, que cuando son bien aplicados, nos ayudan a dirigir nuestros deseos hacia el bien de nuestros semejantes y el nuestro propio, transformándonos de esa manera en "socios activos del proyecto de la Creación".

Bien, hasta aquí hemos visto que a partir del Génesis hebreo, existen tres acciones en el origen del hombre llevadas a cabo por Yavhé: “hizó, formó y creó”, una referida a los instintos, otra a la parte emocional y la última al pensamiento, formando todas ellas parte del alma y para entender sus funciones, se nos muestra el ejemplo de un carro tirado por caballos, dirigido por un cochero, que a su vez cumple órdenes del pasajero.

El alma, se reviste en el cuerpo a través del instinto, las emociones y los pensamientos. Por consiguiente el judaísmo plantea al igual que el cristianismo una diferenciación clara entre lo que es cuerpo y alma. Dice Aristóteles (Phys VIII, 4 De ánima, 1, 2) que “el alma es “actus primus corporis Physici Organici Potentia Vitam habentis”, es decir, “el alma es el primer acto por el cual el cuerpo adquiere existencia real, mientras que los demás actos son secundarios y no tienen lugar sino en virtud del primero”.

En la concepción judía sobre el alma sucede lo mismo, sin el pasajero, que es quién contrata al cochero para que le transporte en una carroza de caballos, no habría una existencia real del cuerpo. Y añade S. Tomás en su obra Summa Teologica ( LXXVI, art.4) “Aristóteles no dice únicamente que el alma sea el acto del cuerpo, sino el acto de un cuerpo natural organizado y que posee la potencia de la vida, potencia que no implica en nada la negación del alma”. Como cuando se dice que el calor es la acción de un cuerpo cálido y la luz es el acto de un cuerpo luminoso no se entiende que el cuerpo luminoso existe en tal estado sin la luz, sino que únicamente es así por la luz. Pues lo mismo ocurre cuando se dice que el alma es el acto de un cuerpo, etc., que si así se dice, es porque se sobreentiende que por medio del alma, por su acción, se convierte en hecho el cuerpo humano, se organiza y posee vida como potencia.

Al igual que la filosofía judía, S. Tomás sostiene que aunque el alma sea espiritual, en manera alguna puede deducirse que no sea también el principio de las funciones sensitivas y vegetativas. Dice S. Tomás: “El alma, es simple en su esencia, pero múltiple en sus potencias y en su facultades” (De anima. Art. X, ad.14); Por eso reivindica como suyas operaciones tales como la digestión y el desarrollo, que se efectúan sin su conciencia lejos de ser la ausencia del alma, no es sino sencillamente una de sus facultades. “el alma piensa directamente por si misma, pero vegeta y siente en y por los órganos corporales”.

Respecto a la problemática de la mortalidad del alma contraria a la fe cristiana, Aquino entendió que cuando Aristóteles hacía referencia a un entendimiento inmortal, en realidad se trataba de una facultad inherente a toda persona de forma individualizada, la inmortalidad de cada alma.

Si hasta este punto pueden verse similitudes filosóficas entre la concepción judía del alma y la doctrina tomista en Summa theol., 1, q.XC, art.2. hallamos algo totalmente coincidente, que no puede más que sugerir una influencia notoria de pensadores judíos medievales sobre los trabajos de S. Tomás. Me refiero a la afirmación de este filósofo cuando dice: “El alma racional no puede ser hecha sino por creación”, porque para Aquino “el alma racional es forma subsistente; luego le conviene propiamente ser y ser hecha. Y como no puede ser hecha de una materia preexistente, ni corporal, porque entonces sería, el alma de naturaleza corpórea, ni espiritual, porque entonces las sustancias espirituales se transmutarían mutuamente, es necesario afirmar que sólo puede ser hecha por creación”.

Si observamos, S. Tomás afirma que el “alma racional”, la que está dotada de razón o pensamiento, sólo puede ser hecha por creación y en el judaísmo la Neshamá o “el pensamiento” también es hecho por “creación”.

El éxito de santo Tomás fue tremendo; pero durante los siglos posteriores a su muerte, la tendencia habitual entre los pensadores católicos fue adoptar alguna vía alternativa a su doctrina. Descartes (1596-1650) se acogerá al racionalismo rechazando como fuente del conocimiento el método de Santo Tomás y Aristóteles. A pesar de ello, la filosofía de S. Tomás permanecía en los estudios académicos. Por ejemplo, Aquino consideraba que existían tantas clases de almas como tipos generales de actividades vitales:

-  Alma vegetativa: es la de las plantas

-  Almas sensitiva: es la de los animales

-  Alma intelectiva: es la del ser humano

La idea de un alma sensitiva, de un espíritu animal todavía se enseñaba en las escuelas de veterinaria. En un manuscrito de disertación 1740 sobre albeitería (ciencia veterinaria sobre el caballo) y anatomía, podemos leer lo siguiente:

El sentir de todos los autores dicen que el cerebro es frío y húmedo como consta por experiencia pero mirándolo rigurosamente en cuanto a su generación es caliente y húmedo porque su primera generación es hecha de partes calientes, como es verdad que se engendra en el corazón y siendo así que consta de verdad en cuanto a su generación es caliente y húmedo, por eso dicen los filósofos que cualquier acción propia se hace por contacto, que es tocando la parte de donde se hace el espíritu animal se hace por contacto del espíritu vital.

Podéis ver este manuscrito:


Manuscrito del 1740 sobre albeitería

Hacía finales del siglo XIX el interés por la filosofía tomista volvió a estar en auge. En la encíclica Aeterni Patris (Del Padre eterno, 1879), el papa León XIII recomendaba que la filosofía de santo Tomás fuera la base de la enseñanza en todas las escuelas católicas. Pío X, aprobó el 29 de junio de 1914 mediante Decreto algunas tesis contenidas en la Doctrina de Santo Tomás de Aquino, las cuales fueron propuestas a los profesores de filosofía. Se trataba de unas propuestas para ser tenidas en cuenta como “seguras normas directivas” en los estudios filosóficos ( véase declaración de la congregación de 7 de marzo de 1916 y la carta “quod de fovenda” del Papa Benedicto XV, el 19 de marzo de 1917).

El Papa Pío XII, en la encíclica Humani generis (1950), afirmaba que la filosofía tomista es la guía más segura para la doctrina católica y desaprobaba toda desviación de ella.

Entre las tesis de la doctrina tomista aprobada por la Iglesia Católica e incorporada a la enseñanza, se hallaba la concepción tomista del alma, incorporándose por ende a la Iglesia Católica los principios judíos que influyeron en la obra de S. Tomás.



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Actualizado - Miércoles, 02 Septiembre 2009
 
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