Efeso y el Templo de Artemisa
Cuenta la leyenda que las Amazonas, en guerra con Teseo, cuando se dirigían a atacar Atenas, se detuvieron en un lugar cercano a la costa Lidia para orar a Artemis. Allí erigieron una imagen de la diosa debajo de una palmera, haciendo sacrificios y danzaron a su alrededor.

Pausanias nos indica que en aquel sitio existía ya un templo, fundado por Coreso y Efeso, hijo éste del río Cayster (Küçükmenderes), y del que tomaría nombre la futura ciudad. No debía ser más que un pequeño santuario en el que se adoraba a una diosa de la tierra y de la fertilidad. En el siglo VI a.C. se levantó un imponente templo díptero (rodeado por una columnata doble y cubierta, aunque el frente tenía tres filas de columnas) sobre el santuario primitivo y para entonces, la ciudad, en el primero de sus múltiples cambios de localización, había sido trasladada a las proximidades de este templo.
Éfeso, fue una de las doce ciudades de Jonia (antiguo territorio griego en la costa oeste de Asia Menor), cerca de la actual Izmir, en Turquía. Puerto importante en la desembocadura del río que sirvió como punto de partida de las rutas comerciales hacia el interior de Asia Menor.
En antiguas inscripciones y también según las palabras del "escribano" ("magistrado", BJ) de Efeso, la ciudad era llamada neÇkóros "guardiana del templo" o "custodio" de la gran Artemisa, título del cual los efesios estaban muy orgullosos.
Probablemente fundada en el siglo XXI a.C. por los griegos jónicos, Éfeso fue conquistada por los cimerios en el siglo VII a.C., por Creso, rey de Lidia, durante el siglo VI, y poco después por Ciro el Grande, rey de Persia. A pesar de ser miembro del imperio ateniense, se puso del lado de Esparta contra Atenas en la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). Esparta la cedió a los persas, que fueron expulsados por Alejandro Magno en el 333 a.C. Bajo el mando de sus sucesores, los Seléucidas, Éfeso floreció y recibió el nombre de Arsinoeia por poco tiempo. La ciudad cayó bajo los romanos en el 189 a.C. y permaneció como importante centro comercial. La ciudad creció mucho durante el período romano. Basándose en los datos disponibles se ha estimado que Efeso tenía en el siglo II a. C. una población de 225.000 habitantes. Efeso compartía con Antioquía de Siria y Alejandría, en Egipto, el honor de ser una de las ciudades más grandes e importantes del mundo oriental en el Imperio Romano.
San Pablo estableció una congregación cristiana en Éfeso en el siglo I d.C. y San Juan Evangelista eligió esta ciudad para escribir su Evangelio, mientras que, como había prometido a Jesús, cuidaba de la Virgen María quien vivió aquí hasta su muerte.
Fue saqueada por los godos en el año 262, y aunque reconstruida, la ciudad nunca recuperó su anterior esplendor. El templo nunca se llego a reconstruir debido al cambio a la fe cristiana.
Respa, Veduc y Thuruar, líderes de los godos, embarcaron y navegaron a través del Helesponto hacia Asia. Allí arrasaron varias populosas ciudades y prendieron fuego al renovado templo de Diana en Éfeso", escribió Jordanes en Getica (xx.107).
Actualmente las ruinas de Efeso se encuentran en un lugar abandonado, en la planicie pantanosa e insalubre abajo de la villa de Aya Soluk, distorsión fonética de Hágios Theólogos, "el santo teólogo", título que primero se le dio a Juan y más tarde al pueblo. El nombre actual del pueblo es Selyuk. Se encuentra a unos 75 km de lzmir, la antigua Esmirna, y se puede llegar a él por carretera o por ferrocarril.
Está considerado una de las zonas arqueológicas más grandes del mundo y no es para menos, dada la gran cantidad de obras antiguas exhibidas en su lugar original. En ella podemos encontrar las ruinas del templo de Artemisa , el anfiteatro, con capacidad para 25 mil espectadores, el estadio, el gran gimnasio, y la “Iglesia Doble”, probablemente la antigua catedral, una de cuyas naves fue dedicada a la Santísima Virgen, la otra a san Juan, donde tuvieron lugar los concilios de 431 y 449.
En Éfeso debía su gran renombre al Templo de Artemisa (Diana en la mitología romana), se encontraba en una próspera región, donde cruzaban viajeros y mercaderes de de toda Asia Menor. Fue influenciado por varias creencias, y era un símbolo de fe para muchas gentes. Recibe a veces el nombre de «Templo de Creso», ya que fue este rey lidio su principal benefactor. Creso es un protector de sabios y artistas, el mismo Esopo ha pasado por su corte, y se propone levantar un nuevo templo a Artemisa, mejor que el anterior. Para ello se lleva a cabo una suscripción pública; todos los ciudadanos donarán algo de dinero para el templo nuevo. Los arquitectos originales del templo anterior fueron Peonio y Demetrio, ambos de Efeso, el último de ellos llamado «esclavo de Artemisa». Se dice que su construcción duró 120 años, pero de acuerdo con algunos historiadores, pudieron haber sido 220.
En su interior se disponía la escultura de artemisa de forma similar a la que se encuentra en el museo de Efeso, de color negro y cubierta de oro. Parece ser que podría haber sido esculpida con la roca de un meteorito.
Los habitantes de sus alrededores tenían derecho de asilo. Este edificio, que fue visto como una de las siete maravillas del mundo antiguo.
Los efesios adoraban a Cibeles, e incorporaron gran parte de sus creencias al culto de Artemisa. El culto de Artemisa atrajo miles de adoradores de todas partes del mundo conocido.
La diosa Artemisa o Diana era la diosa de las cosechas, de la naturaleza y de la caza. Entregada a este ejercicio varonil, acabó por volverse insensible a las inclinaciones de su sexo. Ninguno de los pretendientes que intentaron su amor lo lograron y por eso se le dio el sobrenombre de casta. Asociada a la luna, era la protectora de los partos de las mujeres, y también de la juventud. Una clase de sacerdotes, conocida como los Theologoi, tenía la misión de interpretar los misterios del culto que se le rendía a la diosa Artemisa. Entre los asirios y babilonia, Ishtar, se la conocía como la madre misericordiosa que intercede ante los dioses en favor de los adoradores de ella. Algunos de esos nombres y atributos se aplican hoy a la Virgen María. La estatua del templo cualquiera que hubiera sido su material, era un símbolo de la fertilidad, por cuya razón su cuerpo estaba cubierto con muchos pechos.
En el 356 a.C. fue destruido por el incendio provocado por un loco, Herostrato, que quiso con ello inmortalizar su nombre (356 A.C.) la misma noche en la que nació Alejandro Magno. La ciudad entera dormía, y no fue posible impedir que las llamas destruyeran a este monumento incomparable, ni salvar las incalculables riquezas allí acumuladas.
"Se descubrió que un hombre había planeado incendiar el templo de Diana en Éfeso, de tal modo que por la destrucción del más bello de los edificios, su nombre sería conocido en el mundo entero" - Valerio Máximo
Fue reconstruido después, casi en las mismas proporciones, por el arquitecto Dinócrates.
La mayoría de las descripciones físicas del templo provienen de Plinio el Viejo, aunque hay discrepancias en torno al tamaño. Plinio describe el templo como de 377 pies de largo (110m) por 180 pies de ancho (54m), hecho mayormente de mármol. Constaba de 127 columnas, cada una de 60 pies de alto (18m). Muchas de ellas con adornos tallados. El estilo del edificio era jónico. Albergaba varias obras de arte: esculturas de los renombrados Polícleto, Fidias, Cresilas y Fradmon; pinturas, columnas doradas de oro y plata. Varias de esas esculturas se referían a amazonas, que según la leyenda se habían encontrado en esa región.

Plinio nos dice que trabajó tallando relieves Escopas de Paros, que también había trabajado en el mausoleo de Halicarnaso.
"Cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande.". Antípatro de Sidón Antología Griega (IX.58)
Todavía se estaba reconstruyendo el Templo de Artemisa en 334 a.C. cuando Alejandro Magno pasó por Efeso al principio de su invasión de Asia. Cuando vio las ruinas parcialmente reconstruidas del templo, Alejandro se ofreció a cubrir los gastos de la reconstrucción completa, pero los efesios declinaron el ofrecimiento con elegancia, aduciendo que no era propio de un dios consagrar un templo a otro. Sin embargo, es indudable que Alejandro contribuyó generosamente a la reconstrucción del Templo de Artemisa, ya que designó a un arquitecto para supervisar el proyecto, Dinócrates. Se hablaba en toda Asia de los tesoros que atestaban sus galerías subterráneas, como también de su belleza arquitectónica.
La armonía de sus proporciones hacía de ella una auténtica joya del arte griego. Además, numerosas estatuas y otras obras de arte, fruto de los más famosos artistas del mundo griego, estaban en el Templo de Artemisa y aumentaron su fama. Muchos reyes y personas ricas donaron obras de arte para este templo como regalos consagrados a él. En el predio del templo se celebraban numerosos festines relacionados con el culto de Diana. Estas eran ocasiones en las que se comía y bebía con desenfreno y se practicaba la más crasa inmoralidad. La más espectacular de esas festividades duraba varios días durante el mes de Templo de Artemisa (marzo-abril), que era dedicado a Artemisa.
“Como la ciudad había crecido mucho, Servio Tullio organizó la administración civil y militar para que no se pusiese sólo el empeño en las armas, y trató de aumentar su poder por medio de la razón y del diálogo. De esa manera añadiría honor a la ciudad. Ya entonces era importante el templo de Diana en Éfeso, que según se decía, había sido construido de común acuerdo por todas las ciudades de Asia. Servio alababa este consenso ante los más importantes de los Latinos, con quienes había hecho, a propósito, pactos de amistad públicos y privados. Logró, por fin, a fuerza de repetirlo, que los Romanos y los Latinos consagrasen juntos un templo a Diana. Era el reconocimiento de que Roma era la cabeza de la región, causa de las guerras anteriores. Consagración de un Templo a Diana. Livio, I, XLV
Un rasgo original del Templo de Artemisa es que no estaba orientado hacia el este, como era habitual, sino hacia el oeste.
Durante los casi tres años que Pablo predicó en Efeso, las prácticas idolátricas de Diana disminuyeron de adeptos. Aunque después del tumulto que se registra en Hechos 19, el apóstol abandonó la ciudad, sin embargo, la semilla que había sembrado produjo una abundante cosecha. Dos siglos más tarde toda la ciudad y la zona de influencia aceptaron el cristianismo. Lo que temían los contemporáneos de Pablo ocurrió. El templo de Diana perdió importancia y cuando fue incendiado por los godos en el año 262, había decaído tanto su influencia que no fue reedificado. Sus columnas de mármol fueron derribadas y se las usaron para la edificación de iglesias cristianas como la de Santa Sofía, en Constantinopla. Lo que quedó de esa gran maravilla del mundo fue usado en la construcción de casas, quemado y convertido en cal. A lo largo de los dos siglos siguientes, la mayoría de los efesios se convirtieron al cristianismo, y el antiguo templo perdió su interés religioso.
Lucas se refiere al templo de Artemisa en Éfeso y habla de un disturbio que ocurrió en un teatro en la misma ciudad. Hechos 19:23-29.
23. Durante este tiempo fue cuando acaeció un no pequeño alboroto con ocasión del camino del Señor, o de la buena nueva.
24. El caso fue que cierto Demetrio, platero de oficio, fabricando de plata templitos de Diana, daba no poco que ganar a los demás de este oficio.
25. A los cuales, como a otros que vivían de semejantes labores, habiéndolos convocado, les dijo: Amigos, bien sabéis que nuestra ganancia depende de esta industria; 26. y veis también y oís cómo ese Pablo, no sólo en Efeso, sino casi en toda el Asia, con sus persuasiones ha hecho cambiar de creencia a mucha gente, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos.
27. Por donde, no sólo esta profesión nuestra correrá peligro de ser desacreditada, sino, lo que es más, el templo de la gran diosa Diana perderá toda su estimación, y la majestad de aquélla, a quien toda el Asia y el mundo entero adora, caerá por tierra.
28. Oído esto, se enfurecieron, y exclamaron, diciendo: ¡Viva la gran Diana de los efesios!
29. Se llenó luego la ciudad de confusión, y corrieron todos impetuosamente al teatro*, arrebatando consigo a Gayo y a Aristarco macedonios, compañeros de Pablo.
Un ingeniero ingles, J. T. Word, hizo excavaciones en Efeso por cuenta del Museo Británico, de 1863 a 1874, en las que gastó unos 80.000 dólares. Su principal meta era encontrar el Templo de Artemisa, y lo logró después de varios años de búsqueda y de haber removido unos 100.000 metros cúbicos de tierra; pero sólo descubrió las piedras de los cimientos del gran edificio, sepultadas bajo unos 7 m de escombros y tierra. Wood también descubrió que el templo descansaba sobre una plataforma, a la que se subía por una escalinata circular de diez peldaños.
Bibliografía
Dioses, Mitos y Leyendas. Atlanta Hispana, SL. Enciclopedia Encarta. Microsoft corporation 1997.
La Biblia. Edición completa multimedia, Atlanta Hispana, SL


Pero la verdad es que de los articulos que he ido leyendo sobre cada una de las maravillas este puede ser el mejor.