Gaugamela y Alejandro Magno,la suerte de los valientes

Imprimir

Alejandro Magno en Issos

Tras la fulgurante campaña de Alejandro sobre territorio persa, el joven general ha aumentado su experiencia, las batallas y los asedios a las ciudades de la costa de la actual Turquía, Siria y Palestina. Le han dejado claro que, si desea conquistar todo el imperio Persa, ha de conseguir una victoria aplastante. Una victoria que desmorone todo el poder y el ánimo de resistencia persa. Por su lado, el rey Darío III ha sufrido en sus carnes el poderío de las falanges macedonias, ha probado el amargo sabor de la derrota y su ignominiosa huida en Isos ha dejado en el un alo de cobardía del que desea resarcirse.

Pero entre Darío y Alejandro hay más diferencias que la simple cultura de uno y otro. Alejandro siempre lucha al frente de sus tropas, siempre elige el lugar de mayor peligro y sus soldados se sienten espoleados por su presencia. La visión de su rey los anima a luchar hasta la extenuación, a intentar el más difícil todavía y sobretodo, a confiar en su general y rey.

Darío no era Ciro el Grande, no era ni tan siquiera un buen general o alguien que supliera sus carencias con la virtud de saber animar a sus tropas. En Isos dio muestras de cobardía abandonando a su mujer y a todo el bagaje de su campamento sin intentar acercarse a socorrerlas. Abandonó su armadura y todo el poco valor que había conseguido reunir para la batalla. Pero tras su huída y la perdida de Egipto, Ciro se da cuenta de que Alejandro no se conformará, intenta negociar y prefiere ceder territorio que una nueva batalla.

Sin embargo, no deja de reclutar nuevos hombres. Si Alejandro no se aviene a negociar, él al menos, tendrá el mayor ejercito posible, un ejercito que superara al de Alejandro por una abrumadora mayoría. Su simple presencia animaría al Macedonio y le haría negociar una paz. Alejandro dio muestras de no ceder en sus pretensiones y una vez asegurado Egipto, se encaminó al encuentro definitivo con Darío. Por su lado, los Persas continuaron en la preparación del nuevo ejercito, para ellos, Darío no escatimó en gastos y reunió un poderoso ejercito compuestos de más de 250.000 hombres, al que había que sumar un contingente de 200 carros falcados y un grupo de elefantes de guerra indios. Contra ese ejército se dirigían las tropas macedonias, 7000 jinetes y unos 40000 infantes.

Darío salio de Babilonia con dirección norte y se aprestó a la batalla en un lugar que aparentemente le era propicio, una gran llanura , 27km al noroeste del actual Mosul y para que nada quedase al azar, Darío ordenó que se cubrieran los baches con el fin de que los carros falcados avanzasen sin problemas. Los generales de Alejandro le previnieron del terreno, le insistieron que no luchase contra un enemigo superior en número y en un terreno tan favorable para la más numerosa caballería Persa.

Alejandro no se arrugó y continuó el avance. Era la batalla definitiva, si vencía, todo el imperio persa sería suyo. Esa era la idea que inculcó a sus generales, esa batalla debería librarse y Darío solo la libraría bajo sus condiciones. Así pues, él estaba dispuesto a librarla bajo las condiciones que los persas eligiesen, con tal de que esta se llevase a cabo.

Así se encontraron en los llanos de Gaugamela un 30 de Septiembre del 331 AC. Al mirar en la llanura, podía verse la línea de combate persa en toda su longitud. La numerosísima caballería persa formaba en primera línea, tras ellos la infantería ligera y en el centro mercenarios griegos. El brillo de las armaduras reflejando los rayos del sol delataba la longitud de la línea persa, que amenazaba desbordar los flancos Macedonios. Alejandro mandó formar las poderosas falanges macedonias en dos líneas. Tras la primera, la reserva formaba en dos grupos volantes, uno a cada lado de las alas, formando un ángulo oblicuo con el ala y dibujando un trapecio en su conjunto. En la izquierda, Parmenion, con la mitad de la caballería defendía ese ala . Alejandro, con la caballería pesada, se encontraba en el ala derecha.


Gaugamela inicio

Todo estaba dispuesto, las fichas colocadas y los protagonistas dispuestos para afrentar su destino. A todas luces los persas eran muy superiores, sin embargo el primer movimiento lo hizo Alejandro. Inclinó el ala derecha suya sobre la izquierda persa, los persas no esperaron más y lanzaron la caballería contra los macedonios. Otro gran contingente de caballería se lanzó contra el ala izquierda al cargo de Parmenion. Así las cosas, se produjo un hueco entre las falanges y el ala izquierda, por la que penetraron jinetes persas que se lanzaron contra el campamento Macedonio.

El mayor numero de enemigos hacia que los macedonios tuvieron que emplearse a fondo. Las falanges rechazaron escuadrón tras escuadrón. En ese momento, se vieron los peligrosos carros falcados lanzarse a la carga contra las falanges, las guadañas giraban mortiferamente al encuentro de los soldados macedonios. Pero si los persas habían confiado en que los carros derrotasen a las tropas de Alejandro, también este lo había previsto y estaban a su espera. Según se acercaron, una nube de flechas y jabalinas los recibió. Las falanges se abrieron y dejaron pasillos por donde los carros pasaron creando pocas bajas. En retaguardia grupos de jinetes los esperaban y les persiguieron acabando con los supervivientes. La batalla se iba tornando ahora contra los persas, su caballería no ha girado para atacar la retaguardia de los macedonios. Sin embargo, si se creó tras las diversas cargas de caballería y de los carros, un hueco que dejaban a Darío al descubierto, al frente de un grupo de tropas, pero al alcance del ataque de la caballería de Alejandro.


Gaugamela acción decisiva

Darío vió como un muro de lanzas en formación, avanzaba sin oposición alguna. Eran un rodillo que no se detenía ante nada, si un hombre caía, otro ocupaba el lugar de forma mecánica. Sus hombres nada podían hacer, salvo morir a manos del poderío de las falanges de picas. Alejandro se acercaba a él con aquel león esculpido en su casco y flanqueado por jinetes dispuestos a morir antes que a rendirse. Darío no pudo más, su valor se evaporó en el calor de Septiembre en Gaugamela. Huyó una vez mas del campo de batalla, dejando a sus hombres sin rey por el que morir, y tras eso el ala izquierda persa se desmoronó.

Quedaba en pie toda el ala derecha persa y Parmenion se hundía. El campamento macedonio estaba siendo atacado y la batalla aún no estaba terminada. Los dioses se apiadaban de los valientes y nublaban a los cobardes o eso quisieron ver, puesto que la caballería persa que había roto el centro, no giró para atacar la retaguardia Macedonia. Esto pudo haber cambiado el resultado de la batalla, pero avanzaron contra el campamento con intención de saquearlo y eso fue su perdición.

Alejandro regresó con la caballería pesada y cargó contra ellos mientras las falanges se lanzaron contra el ala derecha persa, que se fué hundiendo mientras se corría la voz de la huida de su rey. El arrojo de las tropas de Alejandro terminó de hundir al enemigo, que fué al final completamente derrotado.

El resultado pudo haber sido otro si Darío no hubiera huido. Posiblemente sus tropas habrían resistido mas, posiblemente lo suficiente, pero claro, sin un Darío cobarde no habríamos tenido un Alejandro Magno, y si Menon de Rodas no hubiera muerto prematuramente, posiblemente la aventura del genial pupilo de Aristóteles no habría sido tan grande ¿o si lo habría sido?

Bibliografía

-  Enciclopedia del arte de la guerra, Antonio Martinez Teisido, Editorial Planeta, 2001

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
Tienes que estar logueado en la Red Social para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.

busy
Actualizado - Jueves, 07 Mayo 2009
 
Hospedaje de www.arqueologos.org gentileza de ZAT Solutions