Carta a Marcia

Imprimir

Gracias Eneas por ser como eres y por este increible artículo que nos permite conocer un poco mejor a los romanos y al mismo tiempo emocionarnos.

 

A Marcia , de su amigo Eneas, en el año 2758 de la fundación de la Ciudad de Roma.

Querida Marcia:

Eres romana, y no te has dado cuenta.

Tu propio nombre, el que te pusieron tus padres, es un nombre romano. Proviene del dios de la guerra, Marte. Igual que Emilio, Claudio, Constantino, Horacio , Pablo, Pedro, Vicente y la mayor parte de nombres que conoces son latinos.

 

Aprovecho esta carta, antes de seguir, para felicitarte las fiestas. Viendo el calendario (calendario viene de calendas, que designaba a ciertos días del mes), me doy cuenta de lo rápido que ha pasado el año. El calendario que tú y yo usamos, es , con pocas variaciones, el mismo que impuso, hace ya más de 20 siglos, Julio César, un romano. De hecho , cuando recitas los meses, ya el primero invoca su origen latino. Enero en castellano, xaneiro en gallego, january en inglés. Jano era el dios de las puertas, de las entradas y de las salidas. Era un dios bifronte, que se representaba en las puertas. Como Jano es el dios de las puertas, enero es la puerta del año.

( Y ya que antes mencioné a Julio, te diré que no es casual que haya un mes con su nombre).

Hablaba de las fiestas, y tengo tendencia a irme por las ramas, así que te pido disculpas por adelantado si me vuelve a pasar. Decía que felices fiestas. Feliz día de Mitra(25 de diciembre) , y feliz jura anual de los Cónsules de su cargo(1 de enero).Y lo que no sé es por que algunos se empeñan en celebrar una embajada de Partia a Israel el día 6 de enero.Creo que lo celebran los seguidores de un tal Josué Ben José (Josué, o Jesús, hijo de José), pero no hablaré de las celebraciones de sectas minoritarias, prefiero nuestros más civilizados Júpiter y Apolo.

No sé si podré ir a visitarte, pues tengo mucho trabajo acumulado. No creo que pueda recorrer estas fiestas, como antaño lo hice, las vías, los caminos romanos, que unen pueblo con pueblo, ciudad con ciudad, nación con nación, que son útiles a todos; al comerciante que ve prosperar su negocio, al agradecido soldado que puede volver a su hogar después de licenciarse, al magistrado que debe ir a ocupar el gobierno de una provincia y al pobre que cambia de ciudad para intentar mejorar su suerte.

La ciudad en la que vives, no es algo moderno que surgiera de la nada. Su propio nombre, Vigo, deriva de Vicus, que significa “aldea” en latín, y que era un topónimo muy usado por los romanos, así como otros tales como Mérida (emérita augusta, o ciudad de los veteranos de augusto) o Cartagena (la nueva Cartago española refundada por los romanos). Todas esas ciudades, de nombres que resuenan a antiguo, están unidas entre si por los caminos anchos, rectos y firmes, superados desde hace muy poco por las modernas carreteras, que son las vías romanas.

Hay algo que me recuerda a las vías, por su extensión, por lo magnífico de su construcción y por su gran utilidad. Me refiero a los acueductos. Yo diría que la higiene es tan importante, que ningún pueblo que se pretenda “civilizado” puede prescindir de ella. El agua que bebes , el agua de los baños y piscinas que tanto te gusta visitar, vienen de docenas de kilómetros, desde lagos y manantiales puros, y te mantienen sana y limpia, mientras el miserable mauritano en sus chozas de las arenas sufre diarreas, o el paupérrimo germano en sus cabañas de troncos en medio del bosque, sufre la mas terrible de las oftalmías por no poder lavarse los ojos con el agua pura que tu disfrutas.

Me he enterado de que tu padre ha alcanzado un puesto preeminente en tu ciudad: Defensor del pueblo (que sería algo parecido al antiguo tribuno de la plebe). Te felicito por ello. Tiene un puesto de responsabilidad. Al igual que los tribunos de la plebe , que ya sabes crearon nuestros antepasados para evitar los abusos de la nobleza. Cuando se hicieron insoportables las confiscaciones por deudas, llegando incluso a esclavizar al pueblo cuando no tenía bienes con los que responder, los romanos de la plebe se fueron al monte Sacro, y allí amenazaron a los viejos patricios con fundar su propia ciudad, al margen de Roma. Eligieron sus propias magistraturas, ya que de las magistraturas patricias estaban excluidos. Su mayor creación fue el tribuno de la plebe, aquel encargado de defender al pueblo llano de los abusos del noble y del senado, capaz de vetar las decisiones de los órganos legislativos, y de proteger de las manos del propio cónsul al ciudadano más insignificante. Espero que tu padre tenga suerte.

Mis propias obligaciones no me dejan tiempo para escribir cartas a mis amigos y a mi familia como me gustaría hacerlo. Los cónsules eran otra de las piezas fundamentales de la política de la Ciudad. Daban órdenes a ejércitos en campaña, proponían leyes, podían someter a juicio, y cada año desde la fundación de la república, lleva el nombre de los dos cónsules electos. La propia palabra cónsul implica consenso, diálogo. Nuestros mayores, en su sabiduría dispusieron que el poder del cónsul no debía de recaer en una sola persona, si no en dos, para que una sirviera de contrapeso en las decisiones de la otra. Además están las distintas asambleas, otras magistraturas, y lo más importante, algo que junto a la higiene y al agua limpia que antes mencioné, define a un pueblo civilizado: las leyes. No hay nadie más legalista que nosotros, y nuestras leyes están tan desarrolladas, compiladas, tratadas y estudiadas, que más de 24 siglos después de que una comisión de diez hombres (decémviros) la pusiese por escrito, sigue sirviendo de base de estudio de los nuevos abogados , e impartiéndose en todas las facultades de derecho del mundo.

El legado de los antiguos llega hasta nuestros días. Tú vives en un edificio de varias plantas, tu padre se ha divorciado y casado 2 veces, y tu madre decidió abortar en una ocasión. Todo eso ya existía hace 20 siglos, cosa que tiende a sorprender a la gente cuando lo lee, creyéndose que es ahora cuando se ha inventado todo, cuando no hay nada nuevo bajo el sol.

Han acusado muchas veces a nuestro pueblo de ejercer la violencia arbitrariamente. En muchas ocasiones así fue, pero donde otros dejaron sólo campos desiertos y pilas de cadáveres (como los hunos de Atila, los mongoles de Genghis Khan, las hordas magiares de la Edad Media, y tantos otros pueblos que sin cesar ha parido Oriente para atacar Occidente) los romanos fundaron algo duradero: el concepto de Europa. Tú como europea, no serías la misma si Roma no hubiese pasado de una aldea a orillas del río Tíber. Europa va camino de ser nuevamente una unidad política, de funcionar con las mismas leyes y con la misma moneda, de tener magistrados comunes, etc. Todo eso existió durante los siglos de la Paz Romana. Igual que ahora puedes decidir que eres ciudadano europeo antes que español, francés o inglés, con el Imperio ante todo eras romano, ciudadano de un mismo estado, conjunto de múltiples naciones. La mayor parte de las cuales coincidían con la moderna Europa (de paso, el nombre de Europa nos llegó de la mitología griega, a través de los romanos).

No reniegues de tu latinidad por el hecho que Roma se creara mediante la violencia, desde el rapto de las mujeres sabinas hasta las duras represiones del independentismo judaico o por las masacres entre pueblos íberos y otros tantos. En aquel tiempo la violencia en cuestión de estados era una cuestión de fuerza y oportunidad, más que de una moralidad abstracta inherente a cada nación. (O dicho de otra manera no había nación que no guerrease contra otra si tenía los medios y esperaba sacar provecho de ello).

El imperio de Alejandro, que llegó a la India igual que nuestro Dionisos, se desmembró en múltiples estados en guerra perpetua. La paz que tu disfrutas ahora, solo tiene como precedente la paz impuesta por los romanos.

Vives en una ciudad, como antes mencioné, de nombre romano. El concepto de ciudad, donde el hombre plenamente puede relacionarse con sus iguales y donde se acumulan la cultura en forma de teatros, bibliotecas , museos, salas de conciertos, etc. No fue inventado por Roma, desde luego; ya existieron ciudades mucho antes: la Atenas de Pericles y Platón, la Tebas de Epaminondas y Píndaro, Menfis de los faraones egipcios, autoproclamados hijos del sol, Hattusa de los belicosos Hititas, de Muwatalli y de Subiluliuma, Summer, Akad, y tantas ciudades de historia más remota a nuestra ciudad del Tíber, que, sin embargo tuvieron un gran defecto: nunca fueron capaces de superar sus muros y de ser algo más duradero. La urbe en la que vives, procede de la Urbe (la ciudad con mayúsculas que es Roma). Una ciudad en la que vives integrada dentro de algo mucho más amplio que ella misma, dentro de un estado solidario con sus partes . La urbanidad (del latín Urbe), el civismo (del latín Cives), todos esos conceptos positivos, del hombre civilizado que convive con otros bajo unas reglas, en todo ello fueron los maestros, aunque no los inventores, los habitantes del Lacio.

La literatura clásica de la edad de oro griega , las obras de Homero , de Eurípides, Sófocles, Esquilo, Jenofonte y tantos otros autores, llegó al Lacio y lo cautivó, siendo los romanos los que adoptaron esa cultura y la extendieron por el mundo occidental conocido por entonces. Una de sus grandes obras fue extender la cultura del pueblo heleno, por el mundo del que ahora formamos parte, de tal modo que llegaran hasta nuestros días. “La Grecia cautiva cautivó a su feroz vencedor, y llevó las artes al rústico Lacio” decía el poeta latino Horacio.

Así pués Marcia, en tu propio nombre, en el nombre de tus amigos, en el de las ciudades que visitas, en la lengua que usas, en los caminos por los que transitas que reproducen casi idénticamente las vías romanas en muchos casos aún, en la base de las leyes modernas, en el sentir del concepto “Europa”, en nuestra propia literatura que tomó de los griegos usando de intermediarios a los romanos en muchas ocasiones su forma, en el hecho de vivir en una ciudad que forma parte de un estado, que vive en paz con sus vecinos, en todo eso y aun muchas cosas más, eres romana, aunque no te hayas dado cuenta.

Se despide tu amigo, deseándote feliciter. (Buena suerte).

Bibliografía:

-  Grimal Pierre: La formación del Imperio romano. Ed. Siglo XXI, 1980.

-  Drinkwatter,J.F. y Drummond Andrew: El mundo de los romanos.Ed Blume.2003.

-  Montanelli Indro:Historia de Roma.Ed Debolsillo .1994.

-  Asimov Isaac: La Republica romana.Ed.Alianza.2002.


Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
Tienes que estar logueado en la Red Social para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.

busy
Actualizado - Jueves, 07 Mayo 2009
 
Hospedaje de www.arqueologos.org gentileza de ZAT Solutions