El Imperialismo Romano
El imperialismo romano visto por historiadores modernos y contemporáneos.

Mommsen, Th.
Theodor Mommsen rechazó tanto la filosofía de la historia de Hegel como la acrítica admiración de origen poético, que alimentaban hasta entonces los relatos históricos sobre la Antigüedad, y se concentraron en las fuentes escritas, que examinó a la luz de los modernos instrumentos críticos y particularmente la filología. Mommsen en su Historia de Roma se propuso realizar una descripción sistemática y detallada de acuerdo con un enfoque analítico y metódico. Se basa en la caracterización de sus instituciones y en lo que llama la historia constitucional. A partir del análisis de las instituciones republicanas, pretendía superar la simple y usual narración cronológica de los eventos militares y explicar el espíritu de la civilización romana en sus aspectos más permanentes. Se ocupa así de las cuestiones económicas, la religión, la vida cotidiana, y sobre todo el desarrollo territorial del estado romano, considerado como el fruto de los emprendimientos militares. En su análisis de las guerras civiles y del papel de los líderes políticos del período tardo republicano, en especial Julio César, se vislumbra la situación política de la Alemania previa a la unificación del compromiso de Mommsen con la política de Bismarck. Mommsen proyecta sus propios sentimientos nacionalistas a través de la figura de Julio César. Creía ver en éste al líder, que transformó el caos de la República en un orden, una prefiguración de lo que Bismark realizaba en la Alemania unificada de su tiempo.
Rechaza la idea de que Italia haya estado poblada por gentes primitivas prehistóricas salvajes de carácter cazador-recolector, esto es, anterior a la práctica de la agricultura y a la elaboración de utensilios en materiales metálicos. Apoya la idea de que los primeros pobladores de la Península Itálica son, por un lado, los Helenos, venidos del Egeo en modo de inmigración, y los Sabinos y Brucios que probablemente procedan de una desnacionalización anterior. No solo se encontraban en esta época estos dos grupos humanos en Italia, sino que Mommsen aprecia a ciertos pueblos que no han dejado huella en la historia, que fueron desnacionalizados y adoptaron formas de vida por influencias exteriores.
A partir de las lenguas que empleaban estas poblaciones antiguas, Mommsen aprecia, como buen filólogo e historiador, las relaciones que estos pueblos itálicos podrían llevar entre sí. A raíz de estas hipótesis, el autor hace una clara distinción entre tres razas primitivas distintas: los yaigas, los etruscos y los italiotas que a su vez se dividen en dos grandes ramas: los que emplean un lenguaje bastante similar al idioma predominante latino, y otra que tiene más afinidad con lenguas autóctonas parecidas al de pueblos centro-itálicos.
En cuanto al tema de política romana en Italia y exteriores, lo primero que hace Theodor Mommsen es inducir al lector en una reflexión sobre los objetivos expansionistas de Roma: ¿Roma posee un pensamiento de grandeza concebido por una avaricia en sus conquistas? ¿O por contra ha seguido las leyes que se impuso por sí misma? La primera reflexión es defendida por el historiador Salustio al cual Mommsen critica por exponer que Roma lleva a cabo sus guerras de expansión por una causa en particular: su amor por las riquezas. Sin embargo Mommsen apoya la idea de que Roma lleva a cabo su expansión para fundar y consolidar su dominación en Italia e impedir así que pueblos externos le puedan hacer frente en un futuro, pues Roma es una civilización en proceso de crecimiento. El objetivo de Roma es proteger el núcleo de su imperio de los pueblos que le rodean. Otro punto a destacar son los orígenes de dichos conflictos. Según Mommsen, todas las guerras de Roma comienzan con la ofensiva del enemigo, esto es, no originadas por intereses de Roma, pero si es cierto que, una vez vencido cualquier pueblo por Roma, se han llevado a cabo actos brutales sobrepasando sus leyes en beneficio de Italia.
Dicho autor justifica estas faltas por la necesidad de protección respecto a un rival directo que podría hacerle mucho daño: Cartago. Dice Mommsen que Roma, en este contexto, se presentaba opuesto a los ideales de conquista, y hacer de Roma la cabeza del imperio y formar una sola familia que se mantuviese al mando de dicho imperio, sino que tenían un ideal conservador de la ciudad. Se comenta que el mundo antiguo no conocía la paz entre naciones distintas y que cada una de ellas se enfrentaban unas con otras para obtener ciertos beneficios, someterlos o simplemente para neutralizarlos. Mommsen se apena de ver a ciertos estados condenados al sometimiento de Roma y afirma: “¡parece que no han vivido más que para servir de materiales al inmenso edificio que se levantaba en el centro de Italia y para preparar su ruina!” como si ninguna otra función hubiesen tenido estas sociedades, más que servir y estar bajo el sometimiento de Roma y que finalmente serán vencidas.

Kovaliov, S.I.
Kovaliov hace alusiones sobre el sistema esclavista llevada a cabo en las sociedades antiguas del Egeo y el nacimiento y desarrollo de las polis griegas. Paralelamente a este sistema esclavista surgió la democracia ateniense en torno al siglo VI-V a.C. Más tarde empezó la crisis de la Grecia clásica junto a su sistema esclavista, que dio paso a la época helenística al mando del gran conquistador Alejandro de Macedonia, que llevando sus conquistas hasta oriente surgieron las condiciones para reavivar un nuevo sistema esclavista de mayores dimensiones divididos en estados o reinos helenísticos y de los que serán herederos la futura Roma, que ya desde antes se estaba formando en torno al río Tiber como una ciudad-estado, de manera discreta e independiente, pero que con el paso del tiempo fue creándose una gran potencia social de mezclas étnicas, económicas y culturales procedentes de toda la zona central de Italia. Empezó pues expandiéndose por territorio italiano en torno a los siglos V-III a.C. y en el extranjero sobre los siglos II-I a.C. adaptando todo tipo de sistemas de los países conquistados y que desarrollarán una fuerte influencia sobre Roma. Comenta Kovaliov que fue desde el fin del siglo I a.C. hasta comienzos del primer siglo de nuestra era cuando Roma empezó a formarse como una potencia mundial.
Roma adaptó el sistema helenístico (a través de los sucesivos impactos helénicos) y los fue adaptando a sus necesidades. La sociedad esclavista experimentó cambios tales como un aumento de la circulación monetaria, un enorme desarrollo de la esclavitud, concentraciones de tierras y proletarización de los pequeños productores libres. Todo ello caracterizó el sistema económico romano y que se convirtió en la más alta sociedad esclavista de la antigüedad.
Los esclavos de Roma vieron empeorada su situación jurídica de manera muy considerable, hasta el punto de ser definidos como “instrumentos animados y parlantes” en palabras de Varrón o del mismísimo Aristóteles. Fue este sistema esclavista el encargado de crear y expandir la potencia romana y que sobresalía no solo por las armas, sino también gracias a su unidad económica influenciada sobre toda la zona mediterránea.
En cuanto al ámbito cultural, Kovaliov nos comenta que se apropió de las artes de las zonas conquistadas, pero en especial del helenismo de Grecia, que había alcanzado en esta época su máxima expresión artística y Roma, prendada de ella, no solo la imitó, sino que incluso la copió. Pero Roma no solo se dedicó a copiar tal arte, sino que su mérito reside en la capacidad de adaptarlo a sus exigencias y de transportarlo a todo el mundo de occidente que en técnicas artísticas andaban algo subdesarrollado comparado con el estilismo oriental. Roma evidentemente no se dedicó únicamente a copiar formas y costumbres exteriores, también originó las suyas propias tales como la religión local itálica, crearon el derecho romano que incluso hoy día se emplea en nuestra sociedad, la arquitectura tan característica e incluso algunos géneros literarios como la sátira, adoptaban formas exteriores pero les aplicaban su propio estilo y espíritu.
Roma alcanzó sin embargo el máximo grado del sistema esclavista y los contrastes sociales que este sistema supone. Se generaron contradicciones entre libres y esclavos, patricios y plebeyos, esto supone las primeras luchas sociales de la historia, que, a pesar de no ser los innovadores de esta estratificación social, si que se registraron en Roma los primeros indicios de revueltas sociales y como ejemplo podemos destacar las guerras civiles de los siglos II y I a.C. o los movimientos de masas de los colonos y de los esclavos de los siglos III y IV d.C. que acabaron con la forma esclavista y de explotación. Esta causa junto con las invasiones bárbaras fueron los verdaderos gérmenes del hundimiento del sistema esclavista y en definitiva del Imperio Romano, pues tanto fue así que los esclavos veían a los bárbaros como los salvadores de la esclavitud en la que vivían.
Kovaliov nos presenta la cronología de Roma, en un primer momento dividida en dos períodos: República e Imperio, etapas en las que a simple vista parecen correctas y que la mayoría de autores aceptan, pero sin embargo Kovaliov argumenta las dudas de si esta división es la más acertada. Primero pone en reflexión de quién fue el primer emprendedor del imperio: ¿Octavio, Julio César o tal vez llegue hasta Sila? Si se considera al primero como tal, como hoy día acepta la mayoría, ¿en que año se inició el imperio? ¿En la batalla de Actium en el 31 a.C.; con la muerte de Marco Antonio en el año 30 a.C. o en el año 27 a.C. cuando Octavio se autoproclamó emperador?
Tomando como referencia esta división en dos períodos: República e Imperio, Kovaliov nos hace dos interesantes apuntes al respecto, a saber: la época de la República representa la historia del desarrollo y el afianzamiento del sistema esclavista mientras que la época del Imperio representa la historia de su decadencia y como punto de inflexión entre ambas épocas se considera el año 30 a.C. con la muerte de Marco Antonio.
Así pues, ambas épocas, República e Imperio, se dividen a su vez en pequeñas épocas. La República se dividiría en cuatro épocas: período de los reyes, que abarcaría desde el siglo VIII hasta el siglo VI a.C. con el período de la estructura postgentilicia; período de la República aristocrática que comprendería desde el siglo IV hasta comienzos del siglo III a.C. caracterizada por las disputas entre patricios y plebeyos y con la conquista italiana; período de la República oligárquica que abarcaría desde principios del siglo II a.C. hasta mediados del siglo II a.C. caracterizado por las grandes conquistas romanas y del máximo desarrollo de la economía esclavista en Italia; por último el período de las guerras civiles que comprendería desde mediados del siglo II a.C. hasta el año 30 del siglo I a.C. en el que se desarrolla el movimiento revolucionario esclavista, la formación de la potencia mundial romana y la caída de la República y el surgimiento del Imperio.
La situación que se vivía a finales del siglo III a.C. en Oriente, se hallaban tres potencias principalmente: Macedonia de Filipo V, Siria de Antíoco III y Egipto de Tolomeo IV en las que en este período se intentó poner cierto equilibro entre ellas, aunque esta situación no se mantendría por mucho tiempo. Esto ocurrió por la crisis que se dio en Egipto a la muerte de Tolomeo IV y que le sucedió en el trono su hijo Tolomeo V Epifantes y el poder lo asimilaron ciertos regentes los cuales eran odiados por el pueblo, trayendo la violencia, asesinatos y otros muchos crímenes.
Principalmente fue esta la causa por la cual se originaron los conflictos entre los reinos helénicos, pues sabiendo que Egipto estaba debilitada, Filipo V y Antíoco III pactaron para repartirse las tierras egipcias en Siria y Asia Menor después de ser atacadas por estos en dichas tierras. Antíoco III arremetió más duramente contra las posesiones egipcias, sin embargo Filipo V respetó más las posesiones egipcias y se expandió por otras zonas del Egeo, pues es posible que adoptara esta posición para después hacer frente a Antíoco III con el apoyo de los egipcios.
La consecuencia de tales conquistas fue un fuerte aumento de presos destinados a ser esclavizados, con una fuerte oposición de los griegos ante este hecho, algunas comunidades griegas llegaron hasta tal punto que declararon la guerra a Filipo V no solo por la excusa esclavista, sino por ejercer el control de los estrechos por parte de los macedonios. El famoso Átalo, rey de Pérgamo fue uno de de los contrincantes de Filipo V.

Debido a las sucesivas victorias de Filipo V en esta zona griega, algo más trabajadas y costosas contra los reinos de Rodas y Pérgamo, las comunidades griegas se vieron obligadas a buscar apoyo en potencias griegas occidentales, y es donde entra a jugar un importante papel Roma. Adoptar una decisión no era fácil para Roma, pues le suponía abrir una nueva etapa política exterior, debiendo tener en cuenta que Roma por esta época apenas acababa de finalizar su batalla contra la poderosa Cartago en la Segunda Guerra Púnica (218 a.C. - 202 a.C.) y con todas las consecuencias que ello conlleva: deuda pública, población disminuida y ansia de paz.

Aún a pesar de todo, el Senado, después de largas reflexiones, decidió entrar en el conflicto. ¿Qué es lo que motivó al Senado para tomar semejante decisión en la ardua situación en la que vivía Roma? Las causas fueron varias, aunque dos fundamentales: el temor por Filipo V y Antíoco III a que pudiesen llegar a formarse dos enormes potencias si seguían su expansión por oriente, objetivo que alcanzarían sin causarles muchos problemas si Roma no intervenía y que en un futuro podrían causarles problemas a Roma. El segundo motivo era la hostilidad que Roma sentía hacia Macedonia por sus pactos con Cartago y que esta, había formado una coalición con los estados orientales para arremeter contra Roma. No se sabe si Roma conocía dicho plan, pero lo que si que nos queda claro es que, mientras Aníbal, rey de Cartago, no fuese aniquilado, seguiría pensando alguna estrategia para hundir a Roma (Tercera Guerra Púnica en el 146 a.C. donde Cartago fue destruida).
El caso de Antíoco III va a ser innovador para Roma, ya que esta no había mantenido relación de conflictos anteriormente. Sin embargo, el éxito de Antíoco III en tierras orientales fue propicio para que surgiese el rumor de aliarse con Filipo V y combatir contra Roma, este rumor llegó a oídos del Senado por parte de embajadores de estados orientales, especialmente rodios, por el interés de llamar la atención a los romanos y que estos acelerasen su decisión para intervenir. A parte hay que señalar que no todo estaba en contra de Roma, pues hay un dato importante y favorable hacia estos ya que Antíoco III se encontraba ocupado en sitiar zonas egipcias mientras Filipo V había sufrido una importante derrota en Asia Menor.
Pero hay otros motivos que explican la decisión del Senado a tomar parte de la contienda, no solo la guerra preventiva. Sabemos que antes de la Primera Guerra Púnica las tendencias a las conquistas nunca habían pasado por la mente de Roma y sus senadores. Pero es a partir de finales de la Segunda Guerra Púnica cuando estos ideales empezaron a consolidarse por varios motivos: el crecimiento del sistema esclavista, nuevas posesiones que daban grandes beneficios a Roma, circulación de la moneda por todo el Mediterráneo, tendencia al comercio al por mayor, la creación de una clase noble que comenzaba a apreciar el lujo y la vida cómoda etc. Será una década más tarde, con estos síntomas bien afianzados, cuando Roma comience a desarrollar esta política imperialista de sucesivas conquistas. Mantiene el autor Kovaliov que la guerra preventiva solo fue una excusa que encerraba los propósitos agresivos que se estaban afianzando en Roma.
Lindersky, J.
Otro autor, Lindersky califica a Theodor Mommsen como el creador y el patrón del concepto de imperialismo en la historia. Nos relata las diferencias entre el propio Mommsen con otros dos autores que comparten sus misma idea pero, por causas filosóficas y cronológicas, las defienden de un modo distinto, son Tenny Frank y Maurice Holleaux.


Theodor Mommsen apoya la idea de que la grandeza del Imperio Romano reside en la unificación de Italia. En su obra nos hace relacionar el tema del sistema político imperial llevada a cabo por Roma con la revolución de 1848 y la posterior unificación alemana, ámbito en el cual vivió Mommsen. El papel que Roma ejerció en su tiempo, era el mismo papel que debía adoptar Prusia para llevar a cabo la unificación alemana, por eso en muchos casos el autor compara a ambas potencias con un mismo objetivo pero sin embargo en la práctica no se solucionó del mismo modo.
Lo que Mommsen entiende por unificación es lo siguiente: . Italia era para Mommsen una unidad geográfica, cultural y étnica y por ello califica a la conquista de la Península Itálica como un simple proceso de restauración. dice el autor Lindersky. Por tanto esta actitud debe ser un paradigma para Prusia y Alemania. Los estados no itálicos como los griegos o etruscos pero que se asentaban en la Península Itálica tenían pleno derecho a gobernarse independientemente de Roma y de sus estados anexionados pero más tarde debieron amoldarse a la nación que estaba creando Roma.
Mommsen defiende la idea de que Roma alcanzó su punto cumbre en la historia cuando fue capaz de unificar toda Italia, sin embargo cuando empezó su expansión fuera de la península atravesando el estrecho de Mesina hasta llegar a Sicilia y más tarde al norte de África y las costas mediterráneas de la Península Ibérica empezó su declive aunque más tarde reflexionó que los estados de la antigüedad tuvieron como única función en su historia construir la grandeza de Italia y por lo tanto del Imperio Romano y que posteriormente será un factor negativo y una de las principales causas de su hundimiento.
Volviendo a las comparaciones entre la antigua Roma y la historia contemporánea, pone en relación al emperador Napoleón con Julio César aunque el gran fallo del imperio napoleónico fue su falta de nacionalización y apoya que, al igual que ocurrió con el Imperio Romano, una vez sobrepasados sus límites de frontera original, el fracaso está garantizado.
La política exterior de Roma fue confiada al Senado, pero este no sentía el instinto de conquista, más bien mantenía un cierto respeto hacia la grandeza que se estaban echando encima, mas ya hemos comentado que el único propósito de los romanos era gobernar Italia, por lo menos antes del año 201, sin embargo, el constante acecho y amenazas de las grandes potencias exteriores que realmente podían hacerle frente a Roma (Macedonia, Siria y Cartago) fue lo que obligó a Roma de manera defensiva a ampliar sus territorios, pero el aumento de la ambición de la clase noble por los lujos y las formas extranjeras condujo a Roma a crear un vicio de conquistas y que inconscientemente, sin saberlo, estaba labrando su propio fracaso. Y esto comenzó con sus tres primeras conquistas fuera de la Península Itálica, a saber: norte de África, Grecia y España y no con la suficiente moderación con la que debían actuar.
Por otro lado, se necesitaba un gran personaje para llevar a cabo tales expansiones internacionales y tomar los timones de su política, para Mommsen este es sin duda Julio César, con el que el desarrollo del sistema imperial alcanzó su máximo auge.
Por el contrario, el historiador Maurice Holleaux es de tendencia positivista, recogiendo los hechos más minuciosos de la historia de Roma. Holleaux entabla una rivalidad de opiniones entre y Tadeusz Walek y William Harris, entre las cuales el primero defiende el imperialismo romano mientras los dos últimos defienden que el panorama real de los romanos era beligerante y no defensivo. Aunque posteriormente veremos a Maurice Holleaux contradecirse como imperialista diciendo que: los romanos no hicieron nada, ellos no hacían caso de la legalidad.

También defiende la posición de que una guerra no se lleva a cabo por la simple muerte de un personaje importante a menos que este la desee como ocurre con la muerte del Archiduque Fernando, no por su muerte se engendró la Primera Guerra Mundial, sino que detrás habían otra serie de factores de mayor volumen que fueron realmente las causantes de la guerra, la muerte de Archiduque Fernando solo fue la gota que colmó el vaso. Holleaux dice que la condición de los romanos nunca fue practicar una política imperialista en Grecia, sino adquirir una vida monumental de su propiedad, es decir, parece como si Roma tuviese envidia del modvs vivendi de Grecia, y lo que hizo fue conquistarla y adquirir sus costumbres para vivir “a la griega”. Aunque también apoya que, después de la guerra del Peloponeso y la posterior división entre ricos y pobres, lo único que buscaba la aristocracia era la solución y sobre todo la seguridad, por ello Grecia pactó con Roma. Los griegos quizás podrían parar los avances de Roma pero seguramente no les convendría. A través de ella, dispuestos a la sumisión de Roma, Grecia se salvó a si misma de sus propias fuerzas.
También afirma, que sin las ayudas de personajes como Antíoco, Átalo y Eumenes, y de Rodas, Roma nunca hubiera atravesado el Adriático. Roma y Grecia, y el este griego, se hubieran recordado como dos mundos a parte. Entonces los romanos habrían concentrado sus esfuerzos en los bárbaros del este de Italia. Tenney Frank pone de manifiesto que la Roma antigua y América son una pareja perfecta, como dos almas gemelas, que en el desarrollo de su república buscan los mismos objetivos políticos. La Roma de Tenny Frank fue un espejo de la América de Mckinley y Theodor Roosvelt. Afirma que fue a partir de la conquista de Sicilia cuando Roma llevó de una forma más cruel su política imperialista pero que la conquista de España a través de la guerra contra Hanníbal fue una necesidad política.
En efecto un latino republicano es rico en palabras relacionadas con la guerra, pobre en alabanzas de paz, su equivalente de paz esta apagado; en Roma la paz incluso fue agresiva.
Bibliografía.
Kovaliov, S.I., 1973 [1948]: Historia de Roma I. Madrid.
Lindersky, J., 1984: “Si vis pacem, para vellum: Cencepts of Defensive Imperialism”. En Harris, V.W: The imperialism in the Mid-Republican Rome, Papers and Monographs or the American Academy in Rome 29, p. 133-155, Rome.
Mommsen, Th., 2965 [1855-1856]: Historia de Roma I, Madrid.


