Aquiles, el héroe condenado

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Escribas: Camopi, Knoxville, Lilly, Juca, Neco, Alas, Evtama, Megabanana y Lapu

Seguro que habéis oído hablar de Aquiles. Puede que de su talón, puede que de su nombre, pero habéis oído hablar de él. Y eso es lo que importa.

Hijo del rey Peleo y de la ninfa Tetis, su vida fue una batalla constante, y su mayor hazaña la conquista de Troya, la ciudad impenetrable, una hazaña que le arrebató aquello que él tantas veces había quitado: la vida.

 

Aunque siempre se le recordará como un héroe, su historia está llena de dolor. Aquiles nació para ser grande. A pesar de que era hijo de una ninfa, Aquiles heredó la mortalidad de su padre. Es por eso que dicen que de niño fue sumergido en el río Estigia, hecho que le hizo invulnerable, salvo de un lugar: el talón por dónde le sujetaba su madre Tetis. También cuentan que fue criado y educado por centauros y musas y gracias a eso consiguió su gran talento por la guerra, convirtiéndose en el mayor guerrero de toda la Grecia Antigua.

El conflicto empezó cuando Paris, príncipe de Troya, raptó a Elena, reina de Esparta. Así que el rey espartano acudió a su hermano Agamenón, rey de los aqueos, para que fuera con él a conquistar la ciudad de donde provenía Paris.

Agamenón sabía que sin Aquiles era imposible conseguir lo que él más anhelaba en esta vida: el poder de Troya, pues eso había predicho Calcas. Así que pidió a Ulises que convenciera al guerrero para que luchara en su favor.

A pesar de la advertencia de su madre Tetis, Aquiles aceptó irse a la guerra para ser recordado como un gran héroe y se resignó a morir luchando, en lugar de tener una larga vida en el anonimato.

Tras su decisión, Aquiles embarcó junto con su ejército de mirmidones hacia la ciudad nunca conquistada, Troya. En la primera batalla, consiguió obtener la playa y saquear el templo de Apolo, dios protector de la ciudad. Allí se llevó de esclava a Briseida, prima de Héctor y Paris, que se encontraba rezando en el templo. Aquiles se enamoró de esta débil e inocente esclava, así que cuando se la arrebataron para llevársela frente al rey fue tal el enfado de Aquiles que se negó a luchar y ordenó a los mirmidones que abandonaran la batalla. Pero Patroclo, la persona que más apreciaba Aquiles, le pidió que le dejara su armadura y así podría dirigir los mirmidones para los griegos. Aquiles aceptó, aunque él se negó a ir con ellos.

Se acercaron tiempos tormentosos cuando Patroclo murió en manos de Héctor, ya que cuando Aquiles supo tal cosa perdió el control. Lloró a su más fiel amigo y pidió a su madre una nueva armadura hecha por Hefesto, dios del fuego y de la forja. Y se fue a Troya. Una vez allí, gritó hasta que su enemigo salió de las grandes murallas que custodiaban la ciudad. Era Héctor, príncipe heredero de Troya, al que Aquiles se enfrentó con toda su ira. Le clavó una lanza al cuello y le mató, proclamando así su venganza por la muerte de Patroclo.

Dicen que antes de morir, Héctor predijo que Paris mataría a Aquiles. Lo cierto es que Aquiles ató el cadáver del príncipe troyano a su carro y se lo llevó arrastrándole. Y aquella noche Príamo, rey de la gran Troya, fue a ver al verdugo de su hijo. Príamo rogó a Aquiles que le devolviera el cadáver de su hijo para que pudiera ser enterrado como se merecía su persona. Aquiles, conmovido por las palabras del pobre hombre, aceptó. Pero la caída de Troya en manos de los griegos era solo cuestión de tiempo.

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Ulises, rey de Ítaca y recordado por su inteligencia, ideó el plan que acabó con la gran Troya. Construyeron un caballo enorme y se lo ofrecieron a los troyanos como regalo por su victoria. Los sacerdotes de la ciudad aceptaron sin dudarlo. Nunca se hubieran imaginado que dentro de su regalo encontrarían su perdición: el ejército aqueo. Por la noche salieron de él y debastaron toda la ciudad con un único objetivo: arrasar y no dejar a nadie con vida.

Y así fue como los griegos consiguieron penetrar las murallas de Troya. Dicen que la saquearon y que mataron a todo troyano que encontraron. Aunque eso, nuestro héroe, nunca llegó a verlo. Una flecha envenenada procedente del arco de Paris y dirigida por la mente del gran Apolo fue directamente a su talón. Y así fue su muerte. Pero eso da igual, su nombre atravesó los mares y no hubo griego que no supiera de su historia. Su nombre ha cruzado el tiempo y todavía hoy se oye hablar de él.

Y hay una cosa de la que tenéis que estar seguros, que si Héctor, Príamo o Ulises, viviera en la actualidad no dudaría en decir: “ Yo viví en los tiempos de Aquiles”.

Webgrafía:

http://es.wikipedia.org/wiki/Aquiles

http://enciclopedia.us.es/index.php/Aquiles

http://es.wikipedia.org/wiki/Briseida

http://es.wikipedia.org/wiki/Criseida

http://es.wikipedia.org/wiki/Patroclo

http://es.wikipedia.org/wiki/Calcas

También se inspira en la película Troya, dirigida por Wolfgang Petersen (Warner Bros, 2004)



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Actualizado - Jueves, 14 Mayo 2009
 
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