Mari Carmen, el Animismo y Gaia

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GAIA

 

Desde hace tiempo me venia rondando por la cabeza, sitio lógico por otro lado pues que me hubiera rondado por un pie me preocuparía, una idea, duda o inquietud, que no distingo bien entre unas y otras, y que, a fuerza de no hacerle mucho caso, y de dar vueltas y vueltas por ese gran desconocido que es nuestro cerebro, se instaló en alguno de sus recovecos sin mi consentimiento (creo que, incluso, se ha construido un chalet adosado con piscina).

A raíz de las últimas catástrofes naturales que se están sucediendo en nuestro planeta (y muy especialmente el Tsunami en el Sureste Asiático) mi idea, duda o inquietud, cansina como es, me ha venido a dar la vara, otra vez, con lo mismo.

La tal “mari carmen” (que así se llama) me plantea de sopetón, y más concretamente mientras me comía el Roscón de Reyes (que ya le vale), muy resumidamente lo siguiente:

¿Y si el planeta, que tú llamas tierra, fuera realmente un ser vivo con sus fines y propósitos? ¿Y si resulta que se estuviera “cabreando” por la destrucción a la que se le está sometiendo?

Llegados a este punto he decidido prestarle atención, no vaya que se traiga a la familia a residir en su chalet.

Nunca me había planteado la cuestión desde ese punto de vista. Nuestro planeta, visto en su conjunto, es un planeta con vida pero, de ahí a atribuirle la capacidad de “cabrearse” supone reconocerle una entidad propia. En fin que me pongo manos a la obra.

Busco en mi extensa biblioteca (16 libros incluido el primer tomo de la enciclopedia que regalaban con “El País”) y, evidentemente, no encuentro nada de nada que me ilumine, así que recurro al internet con la problemática que ello supone en mi caso (los que me conocen ya saben de que hablo....) ¿Por donde empezar? Pues por el principio.

En la mayoría de las culturas prehistóricas siempre se le ha atribuido una identidad propia a la “madre tierra” como el ser que nos ha dado vida a todos nosotros (por tanto un “ser vivo”) siendo ésta la base del “animismo”, pero ¿Qué es el “animismo”?

 

En el sentido más amplio se conoce como “animismo” la teoría formulada por Sir Edward B. Tylor, (porque era Sir que para eso le nombraron caballero) antropólogo de la Universidad de Oxford, que desarrolló dicho concepto en su obra “La Cultura Primitiva” a fines del siglo XIX. Según Tylor el “animismo” es la etapa más primitiva en la evolución de la religión. Él sugirió que la contemplación de sueños y trances y la observación de la muerte condujeron al hombre primitivo a imaginar la existencia de un “doble” insustancial del propio cuerpo. Ese “doble” era capaz de actuar con independencia sobreviviendo al cuerpo después de su muerte siendo ésta la primera concepción de “alma” y el origen del culto a los muertos.

Estos conceptos espirituales fueron proyectados, por analogía con los seres humanos, sobre el mundo natural llegando a considerarlos dotados, también, de “alma”. Desde el momento en el que se alcanza el concepto de la existencia de “espíritus” se les atribuye la capacidad de encarnarse en animales, plantas y objetos naciendo así el culto a la naturaleza y a los fenómenos atmosféricos; de ahí a atribuirles ciertas “capacidades” por encima de las humanas, personificando estas fuerzas de la naturaleza, hay sólo un paso, naciendo así el “politeísmo” propio, ya, de los pueblos semicivilizados, “deidades” de las que dependían la prosperidad y supervivencia del grupo.

La transición posterior hacia el “monoteísmo” se hizo de forma gradual, y se pudo producir de varios modos según la teoría de Tylor, siendo el más simple el de atribuir la supremacía a uno de ellos, que “gobernaría” sobre el resto.

Esta teoría, como todas, tuvo sus adeptos y sus detractores. Sin embargo, parece ser que, estudios posteriores, avalaron ésta tesis aún cuando no se ha podido afirmar, categóricamente, que todas las religiones y creencias tengan su origen en el “animismo”.

Ahora bien este sería un punto de partida para comprender y entender algunas pautas en la evolución social del hombre pero, evidentemente, no resuelve mis “dudas” ¿Puede haber algo de cierto, y me refiero a una base científica, en todo este transfondo?¿Pudo el hombre primitivo intuir, por estar en contacto directo con la naturaleza, algo que sustentara sus creencias?

En fin, está claro que mi sino es hacer senderismo, de nuevo, por las rutas del Internet.....

Después de mucho “navegar” por diferentes y variadas páginas (incluso las de sexo y violencia, en plan educativo que conste) doy con una hipótesis que, cuando menos, me parece interesante “La Hipótesis Gaia” fruto de las investigaciones de un químico, James E. Lovelock y una microbiologa, Lynn Margulis.

Dicha hipótesis creó, inmediatamente, mucho interés aún cuando la idea de que, la Tierra, era un ser vivo ya había sido expuesta con anterioridad ¿Qué hizo que ésta adquiriera, sin embargo, esa resonancia especial?

Algo como los vuelos espaciales que permitieron ver a la Tierra, por primera vez, como una entidad completa.

La llave de la idea de Lovelock era su observación sobre las condiciones físicas y químicas de la superficie terrestre, su atmósfera y océanos que le llevaron a la conclusión de que, el planeta, es autorregulador; es decir que, de acuerdo con lo anterior, la vida no se adaptó a las condiciones del planeta sino que, el planeta, “regulaba” esas condiciones.

Sin embargo el no conocía, con precisión, qué mecanismos se encontraban detrás de dicha regulación, razón por la que comenzó a colaborar con Margulis, que estudiaba los procesos por los cuales organismos vivos producían y eliminaban los gases de la atmósfera, creando una serie de bucles de retroalimentación que podrían actuar como reguladores.

Un ejemplo, que expusieron en su hipótesis, sería el ciclo del dióxido de carbono. Los volcanes constantemente producían cantidades masivas de dióxido de carbono. Ya que el dióxido de carbono es un gas que produce un efecto invernadero ello supondría, de no existir ningún mecanismo que controlase dicha situación, un calentamiento progresivo del planeta que, y por tal motivo, no sería capaz de albergar vida. Mientras, las plantas y animales, recogen y expulsan el dióxido de carbono mediante procesos como la fotosíntesis, la respiración o la muerte, estos procesos, sin embargo, permanecen en equilibrio (saldo 0) y no afectan a la cantidad neta del gas. Por lo tanto debía haber otro mecanismo.

Uno de los procesos por el cual el dióxido de carbono es eliminado de la atmósfera es el desgaste de roca, donde el agua de lluvia y el dióxido de carbono se combinan con la misma para formar carbonatos. Lovelock y Margullis, junto a otros cooperadores, descubrieron que este proceso se acelera, enormemente, debido a la presencia de bacterias y microorganismos que subsisten en el suelo.

 


 

Estos carbonatos, tras una serie de procesos, se depositarían en el océano donde algas microscópicas los sintetizarían. Cuando, estas algas mueren, los carbonatos, ya sintetizados, pasan al fondo del océano formando sedimentos de caliza. La caliza es tan pesada que gradualmente se va hundiendo bajo la capa terrestre donde, debido al calor interior, se funde. Tarde o temprano un poco del dióxido de carbono contenido en la caliza será arrojado a la atmósfera por otro volcán.

Ya que las bacterias que actúan a nivel del suelo son más activa a altas temperaturas, la eliminación del dióxido de carbono se acelera cuanto mas caliente está el planeta lo que, paradójicamente, produce el efecto de “refrescarlo”. Por lo tanto el ciclo entero formaría un bucle de retroalimentación.

Lovelock y Margulis identificaron otra serie de estos bucles que funcionarían de un modo similar

La importancia de estos procesos biológicos sobre el planeta ya fue advertida por el científico ruso Vernadsky que, ya en 1929, dijo:

(Aquí me debéis perdonar, porque esto lo he traducido del alemán, y hace años que no lo he “tocado”......., en realidad no he tocado jamás a un alemán ni tan siquiera a un francés que pillan más cerca, jejejeje, pero creo que el concepto se entiende)

....La vida aparece como un gran y permanente transgresor que actúa sobre la sustancias químicas que forman parte de la superficie de nuestro planeta... La vida por lo tanto no es un desarrollo externo y accidental sobre la superficie terrestre. Más bien está íntimamente relacionada con la propia constitución de la corteza terrestre, formando parte de un mecanismo (global) que ejerce funciones de importancia suprema, sin las cuales la vida no sería posible

Vernadsky argumentó, por ejemplo, que los organismos vivos son el transformador primario de la energía solar en energía química, y acentuó la importancia del sistema de “biotransporte”. Un ejemplo de este sistema lo constituirían los pájaros que transfieren una enorme cantidad de materia desde los océanos a la superficie terrestre simplemente por el hecho de alimentarse de peces, por lo tanto, según Vernadsky, para comprender el funcionamiento de nuestro planeta hay que tener en cuenta el efecto de la vida sobre el mismo.

Asimismo, en la década de los sesenta, el clima intelectual, hacia posible la aparición de muchos trabajos en orden a la “autoorganización de sistemas”.

Ilya Prigogine, premio Nobel en química en 1974, de origen belgo - ruso, había estado estudiando sistemas lejos del equilibrio termal o químico (segundo principio de la termodinámica) que sin embargo mostraron un alto grado de orden.

¿Y que tiene que ver aquí el segundo principio de la termodinámica?

La segunda ley de la termodinámica da una definición precisa de una propiedad llamada entropía.

La entropía puede considerarse como una medida de lo próximo o no que se halla un sistema al equilibrio; también puede considerarse como una medida del desorden (espacial y térmico) del sistema.

La segunda ley afirma que la entropía, o sea, el desorden, de un sistema aislado nunca puede decrecer. Por tanto, cuando un sistema aislado alcanza una configuración de máxima entropía, ya no puede experimentar cambios: ha alcanzado el equilibrio.

La naturaleza parece pues "preferir" el desorden y el caos. Puede demostrarse que el segundo principio implica que, si no se realiza trabajo, es imposible transferir calor desde una región de temperatura más baja a una región de temperatura más alta.

Confirmando así, por ejemplo, la reacción “Belousov-Zhabotinsky” que produce oscilaciones asombrosamente periódicas. Entendió que había una asociación cercana entre la autoorganización en estados lejos del equilibrio, y la no linealidad del sistema.

Esto está, por tanto, en intima relación con la observación de Lovelock de que, nuestro planeta, está químicamente alejado del equilibrio, y con la no linealidad de los bucles de retroalimentación como el del ciclo del dióxido de carbono.

También neurocientíficos como Maturana y Varela, expusieron la siguiente tesis:

Los seres vivos están dotados de organización; poseer una organización peculiar y mantenerla es lo que los constituye en seres vivientes. La autopoiesis es justamente esta propiedad (que es un proceso): la de crear y mantener la propia organización.

Este concepto fue introducido por Maturana y Varela aunque, en sí, es muy antiguo y constituye el trasfondo de toda la biología. La organización biológica pasa por diversos grados o niveles en una misma clase de individuos lo que constituye el desarrollo.

[La organización tiene un soporte que, en biología, es de naturaleza físico-química (por ejemplo las materias que componen una "sopa celular"). La organización crea/delimita unidades distinguibles (por ejemplo las células) y tiene su asiento en las mismas. O sea, la delimitación de "unidades de organización" que producen organización es lo típico de los fenómenos autopoiéticos.

Maturana y Varela lo explican de la manera siguiente trasladándolo a la célula:

El metabolismo incipiente de la "sopa celular" crea materiales que, imperceptiblemente, configuran un borde (una membrana también incipiente), sólo en cuyo interior es posible que progrese aquel metabolismo. Por lo tanto, el borde o membrana es, a la vez, un producto del metabolismo y un productor de metabolismo:

Por un lado, podemos ver una red de transformaciones dinámicas que produce sus propios componentes que es la condición de posibilidad de un borde y, por otro, podemos ver un borde que es la condición de posibilidad para el operar de la red de transformaciones que la produjo como una unidad. Este modelo de proceso celular puede inmediatamente trasladarse a otros fenómenos.

Lo importante en esta definición no es tanto la estructura material de la vida sino el proceso, la organización y las relaciones entre sus componentes.

La vida es una red que constantemente se hace. El sistema “autopoietico” más simple es la célula viva. Para considerar que algo esta vivo, por esta definición, no hay ninguna necesidad de crecer o reproducirse.

Como Vernadsky observó, el 99.9 % de las diferentes moléculas que podemos encontrar sobre la Tierra han ido apareciendo, precisamente, durante los diferentes procesos, en torno a la vida, que se han ido sucediendo en nuestro planeta. La Tierra aparecería, pues, como un organismo de autofabricación.

Mientras la Hipótesis Gaia atrajo mucho interés, también recibió mucha crítica y es lógico pues, Lovelock, había inferido un gran peso a la idea que la Tierra parece regularse a sí misma.

Algunos entendieron que, esta hipótesis, implicaba que, la Tierra se comportaba con sentido del objetivo, es decir que era un ser teleológico y que Lovelock lo que venía a decir con su hipótesis es que el planeta, activamente, controlaba el clima, etcétera, y que, Gaia, se había desarrollado sin el recurso de la selección natural darwinista.

Sin embargo esta no era la intención de Lovelock

Como una respuesta a estas críticas, Lovelock, junto con Andrés Watson, desarrolló el modelo del “Daisyworld” (textualmente el mundo de las margaritas) un planeta imaginario, que mantiene las condiciones para su supervivencia simplemente siguiendo sus propios procesos naturales.

Este modelo, simple, se ha unido, desde entonces, al debate sobre la Hipótesis Gaia.

El planeta Daisyworld contiene sólo dos especie de vida: margaritas blancas y margaritas negras (la traducción literal sería claras y oscuras


Las Margaritas blancas tienden a reflejar la luz, que tiene el efecto de “enfriar” mientras que las negras que absorben la radiación, por lo tanto calientan el planeta. El crecimiento de las margaritas depende de la población presente, el índice de mortalidad natural, el espacio disponible y la temperatura (las ecuaciones que Lovelock utilizó para crear este modelo estaban basadas en la dinámica del verdadero crecimiento de las margaritas).

 

El planeta gira alrededor de un sol, del que absorbe la energía, en una proporción que depende de otros factores como la luminosidad (....) cuando la luminosidad aumenta o decrece la población de margaritas blancas o negras, se ajusta de manera “natural”, para mantener una temperatura constante con el fin de alcanzar un nivel óptimo de crecimiento para ambas margaritas.

Lo que quería demostrar Lovelock, con este modelo, es que existe un principio de autorregulación, en todo sistema, creando una interdependencia entre todos sus miembros, de modo que, aún cuando cada uno de ellos sólo se preocupase por su propia supervivencia, no solo redundará en su propio beneficio sino en el de todo el ecosistema entero.

Una consecuencia del modelo de Daisyworld es que esto ha abierto las puertas a sistemas similares. Un ejemplo es la salinidad de los océanos, descrito por M.E. Hinkle.

Según Hinkle los organismos vivos mantienen una salinidad que es aproximadamente igual a la de los océanos. Con anterioridad se creía que esto era así porque la selección natural tendió a ayudar a algunos organismos para estar en equilibrio con su entorno. ¿Por qué ha logrado el océano mantener un nivel constante de salinidad? La salinidad presente del océano gira alrededor del 3.4 %. Si estuviera por encima del 4 %, entonces funciones celulares básicas fallarían. La vida, en los océanos, acabaría por extinguirse. Y aún no se ha encontrado prueba alguna de tales extinciones en el transcurso de los últimos 500 millones de años.

Esto es bastante extraño por cuanto que la sal se deposita, constantemente, en los océanos debido al desgaste de las rocas, siendo su concentración sólo del 10% del nivel de saturación. Además, hubo una multitud de acontecimientos catastróficos como impactos de meteorito, períodos de glaciación, etc. de los que se podría esperar un cambio brusco en la concentración de esta salinidad, y sin embargo no ha sido así ¿Qué ha pasado, entonces?

Del modelo Daisyworld podríamos predecir que la respuesta se encuentra en los organismos que viven en los océanos. De hecho la bacteria juega un papel, en particular, muy importante en la vida de los océanos, pues, aunque constituyan sólo entre el 10-40 % de la biomasa del océano, dada la gran superficie de estos y en proporción a su volumen, significaría que, las bacterias, constituyen el 70-90 % de la superficie biológicamente activa, y todas ellas bombean sal. Mirando el asunto desde el punto de vista de la hipótesis Gaia las barreras entre lo que tradicionalmente se ha considerado como sistemas vivos y no vivos se deteriora.

La hipótesis Gaia, y el modelo Daysyworld, han creado una gran polémica porque modifican la definición de qué es lo que constituye la vida.

Si pensamos que la vida reside en la competencia y la supervivencia del más apto, entonces es difícil que la tierra quepa dentro de este patrón. Sin embargo, no es necesario pensar que la tierra ha de ser un “ser vivo” de acuerdo con el concepto que se nos ha dado de ser vivo (es decir nace, crece, se reproduce y muere) para apreciar que es un sistema sumamente complejo.

Sólo un último comentario, sólo somos parte de un sistema más grande y nuestra existencia descansa sobre éste. Dañarlo constituye un peligro para nosotros.

Espero que, la “mari carmen”, se relaje y se tome un baño en “mi” piscina.

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busy
Actualizado - Lunes, 14 Septiembre 2009
 
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