Viticultura

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 La agricultura es una actividad que nos acompaña desde los albores de la historia y de la sociedad (si no fue ella misma quien las crease), intentar hacer una descripción de la evolución de las labores vitícolas, aunque lo acotásemos a la Ribera del Duero, sería una labor enorme, como para encomendarse a Baco y San Isidro.

Soslayando esas joyas bibliográficas de las que todo el mundo habla, como el "Rerum Natura" de Columela, o el "Tratado de Agricultura" de Juan de Herrera, que esta pobre mortal no tiene el placer de encontrar, mi recorrido va a ser bastante más modesto y pegado a tierra; no pretendo escribir un elaboradísimo y erudito artículo, plagado de citas, ni tampoco llenarlo de "batallitas" del abuelo, pero de todo hay.

 

 Dionisio

 

 

Para los que aún sigan deleitándose con el papel y la tinta impresa, inserto una pequeña bibliografía, en la que me he basado para este artículo, bien haciendo referencia expresa, o bien como agradables lecturas. Algunos son algo difíciles de encontrar , pero no tanto como el de Columela.

También, para que haya para todos los gustos, una pequeña lista de enlaces de internet, y ya, por fin, empecemos.

Hasta el s.XIX, a tenor de diversas citas, no sólo en la viticultura, sino en la agricultura en general, existía una enorme dependencia de las circunstancias climáticas. Las agotadoras jornadas de trabajo manual, a veces escrupulosamente reguladas, como en las ordenanzas de cosecheros de Aranda de Duero, podían verse frustradas y acabar tanto con cosechas míseras, como con cosechas abundantes; aunque en ambos casos, paradójicamente, podían ser igual de poco remuneradas, por diversos problemas socioeconómicos.

 Casi siempre se trasluce la incertidumbre, la sensación de estar a merced de lo que venga del cielo, e inerme para afrontar no sólo las inclemencias del tiempo, sino también contra plagas y enfermedades diversas.

Las labores de la viña consistían básicamente en lo que hoy denominaríamos controlar el vigor y potencial productivo de las cepas (poda y poda en verde o estallado) y el mantenimiento del suelo.

Tras las vendimias, solía realizarse una primera entre saca de palos, hacia el mes de noviembre, con la viña ya en reposo, y una vez se había acabado la siembra de las tierras de "pan llevar", de los cereales.

La Poda se remataba en marzo o abril, dejando ya los brazos y yemas destinados a la producción del año, y se sarmentaba. La poda, que probablemente sea la labor que más incide en el estado sanitario de las viñas, era y sigue siendo, un trabajo muy cansado y laborioso. Tirar de tijeras, de podaderas para cortar brazos, de hachas para hendir las cabezas con yesca, de guantes de malla para descortezar las cepas y eliminar las formas invernantes de insectos, acababa haciendo que cada maestrillo tuviera su librillo. A lo largo de la Ribera, en las cepas viejas (aunque ya no quedan muchas) se ven tipos de poda de lo más diversos: desde dos o tres brazos muy bajos con tres o o como mucho cuatro yemas, a cepas enormes de seis brazos con tres y cuatro pulgares de tres y cuatro yemas (lo que mi abuelo llamaría posacucos). Pero, como si quieres ofender a un viticultor, lo más rápido es sugerir que no sabe podar o lo hace mal, lo mejor es rendirse a la evidencia de que no hay dos majuelos iguales: labores que en ciertas parcelas(con todos sus condicionantes de suelo, topografía, climatología, variedad de viña...)pueden venir bien, en otras arriesgan la vendimia.

Las ordenanzas del gremio de cosecheros prohibían abonar las viñas, y la tradición está tan arraigada, que todavía hay gente que dice que las viñas no se abonan. En cualquier caso, esta labor podía hacerse tras el aporcado de las cepas (echarlas tierra al tronco, "para que no se hielen", o al menos, no se hielen tanto)

Otra labor muy penosa era la cava de las viñas, en parte para recoger el agua de primavera, y en parte por escardarla. Con el tiempo, en vez de "tirar el culillo" a las cepas, se pasaba el arado, con lo que inevitablemente, en las cepas en vaso se partían brazos y se hacían heridas. Además había que seguir cavando a mano el cordoncillo entre cepas. Aún hoy, a veces no queda más remedio que seguir haciendo esto: aunque han aumentado mucho las plantaciones en espaldera y los vasos se plantan más ordenados y se conducen más altos, sigue habiendo parcelas pequeñas, viñas ya viejas o viñas en que donde fallaba una planta de viña se plantaba ciruelos o almendros.

La evolución de las labores de mantenimiento de suelo ha sido tan espectacular como la de cualquier otro aspecto de la viticultura. De la fatigosa cava manual, al arado y después a otras técnicas agronómicas que no por fundadas de sorprender a nuestros abuelos (o al mío por lo menos). omo la viña es un cultivo con gran necesidad de mano de obra, se ha intentado reducirla todo lo posible, y si la plantación de espalderas y de formas apoyadas ha ayudado mucho, también el uso de herbicidas.

Como todo, ha habido que pasar por fases de desconocimiento de la labor, de los productos, excesos y pequeños desastres, hasta el punto actual de cualificación de los viticultores, que no sólo están muy al tanto de los productos a usar, si no que se preocupan de cumplir con las normativas legales de restricción de uso, o que se inscriben en los cursos de capacitación y ,a veces, hasta proponen ellos mismos jornadas de divulgación.

Ciertamente, todo es mejorable, pero, la agricultura, que tradicionalmente parecía un sector inmovilista, empieza a descubrir y descubrirse nuevas formas de hacer las cosas, y hasta nuevas filosofías de trabajo.

Como ejemplo, hoy sigue siendo corriente aplicar productos herbicidas a la salida del invierno, que limitan las malas hierbas de la parcela (las que ya hay nacidas y las que quedan por nacer) pero se buscan productos con persistencia limitada (unos seis meses) ya que en verano hay pocas hierbas que nazcan en los secanos en que normalmente se asientan las viñas. Y de las pocas hierbas que nacen, una tan temible como la grama, de la que cada vez comprendemos mejor su biología. Se controla , al contrario que casi todas las hierbas, cuando está en flor (a fines de agosto, más o menos).

Las "malas hierbas" empiezan a no ser ni malas ni buenas, simplemente a salir donde no nos conviene. Y nosotros empezamos a agachar la rodilla ante ellas...para observarlas. No se puede manejar (porque se trata de manejar, no de exterminar) lo que no se conoce.

Y a través de estos cambios de filosofía y de apreciación, se llega a veces a situaciones paradójicas: se están sembrando las calles con cereales o leguminosas. En principio se hace para no dejar el suelo desprotegido frente a la erosión, un problema que se nos viene encima silenciosamente, pero también con dramática terquedad. Claro que, como nada de lo que se hace en el campo es aislado, todo tiene repercusión en otros órdenes de cosas. El suelo está más protegido, y se controla mejor las hierbas en la parcela, que para eso las sembramos; pero como aquí no nos sobra el agua, y lo que se pretende es vendimiar, no cosechar cebadas, cuando el agua empieza a escasear (que puede ser Mayo o Junio) las hierbas se siegan o se destruyen con herbicidas de contacto.

Los restos de hierba ya no van a competir con la viña por el agua, pero van a incorporarse al suelo e incrementar (con el tiempo) la materia orgánica, otra cosa de la que no andamos sobrados.

Siguiendo con el ciclo de la viña, entre el brote y la cierna (la floración de la vid, no especialmente vistosa, por cierto) a veces se practicaban y practican dos tipos de labores.

Una es la poda en verde, o estallado, sobre todo si nos han perdonado las heladas de Abril. La viña es una planta tan vigorosa que emite muchos brotes y tallos, no todos con racimo. Y por muy vigorosa que sea la planta, si hay muchas hoja y brotes, se desvía mucha savia a ellos y no se nutre bien a los racimos. Como la agricultura es pragmática, se despunta, estalla y también "esmamona" : se quitan brotes de los patrones americanos, brotes vigorosos que salen de la madera vieja, y brotes mal situados o que no lleven racimos. En la poda en verde nos queda mucho por hacer: a veces nos quedamos cortos, y dejamos más brotes y racimos de los que la cepa va a poder madurar cabalmente: con buen grado y contenidos óptimos de polifenoles.

La otra labor era el primer azufrado. El azufre y el vino son tan parejos desde siempre, y la vecindad tanta, que se llega a decir "azufrarse" por beber vino. Esta primera mano de azufre se daba en parte por los primeros brotes de oidio que se podían ver, como por ayudas a la floración, uno de los procesos más delicado de l fisiología de la viña. El azufre al descomponerse y sublimarse a gases sulfurosos, libera calor que ayuda a que la floración se dé a una temperatura más regular y no haya "corrimiento"" de racimos, que son los que no llegara tener una buena fecundación y no cuajan las uvas. Posteriormente, se podía dar otra mano más cuando las uvas comenzaban a pintar, o varias más en función de las condiciones climáticas del verano: la viña en verano quiere calor y luz, y las nieblas y tormentas (aunque pueda agradecer el agua) suelen traer problemas de enfermedades fúngicas (oidio y mildius tardíos). Tradicionalmente los fungicidas utilizados eran el azufre (para el oidio) y los preparados con cobre (caldo bordelés, caldo borgoñón, caldo celeste) para la prevención del mildiu.

Si ya he dicho que en la viticultura y en general en la agricultura, se están cambiando muchas cosas, uno de los aspectos donde mejor se ve este cambio es en el de la fitopatología y fitoterapéutica (las enfermedades y plagas de las plantas, y los "medicamentos" para ellas).

Por hacer una somera revisión podríamos empezar por la filoxera (Phylloxera vastatrix) un pequeño insecto hemíptero (pulgón) entró en Europa hacia 1863 (o al menos es la primera vez que se le cita) a través de plantas importadas de América. En España se cree que entró en Málaga hacia 1875 y llegaría a la ribera hacia 1890, siendo todo fechas aproximadas, puesto que las cepas atacadas morían unos tres o cuatro años después de infectadas. Como no hay nada nuevo bajo el sol, y menos los hombres, la historia de la filoxera tiene muchos paralelismos con problemas actuales, como si no hubiéramos sacado ninguna lección de antaño. Al principio, al entrar en Francia y arrasar sus viñedos en unos quince años, la viticultura española conoció un auge espectacular. Subieron los precios del vino, y se hizo con el mercado, o con gran parte, que tenían los vinos franceses. Se plantaron y replantaron muchas viñas, a veces como se cita, sin mucho estudio previo, ni en los suelos más convenientes. Las voces que se alzaron contra las plantaciones masivas o que alertaban de que la filoxera cruzaría los Pirineos, se tacharon de alarmistas. Además, como la investigación científica jamás ha sido nuestro fuerte, ni se le han reservado fondos, todo el mundo exponía sus teorías sobre la filoxera y sus remedios milagrosos... que se estrellaban contra el hecho de que las cepas morían a pesar de todo. Las primeras tentativas de control, en Málaga y Gerona, se encontraron sin fondos y con la oposición no sólo de los viticultores (que veían arrancar las viñas o tratarlas con productos que igual mataban la filoxera que la viña, con unas indemnizaciones muy pequeñas cuando las había), también con la displicencia del gobierno, para la desesperación de un puñado de agrónomos. Éstos desplegaron ingentes esfuerzos: viajes a Francia para estudiar la plaga y estudiar in situ los métodos de control que se estaban aplicando allí, las resistencias de cepas europeas, americanas e híbridos, viajaron a América en busca de posibles depredadores y cepas resistentes... Casi desde el primer momento, desde que surgieron explicaciones peregrinas como que era una degeneración de la vid por exceso de savia o sequía (lo que conducía a operaciones culturales de podas y sangrados todavía más dañinas que la propia filoxera), también surgió la explicación correcta: que era un insecto que atacaba las raíces de las viñas, y que la solución era replantar con cepas americanas sobre las que se injertaran las variedades europeas. Sin embargo, hasta clarificar el panorama definitivamente, hacia 1888 (trece años después de la aparición, y prácticamente con todos los viñedos de España afectados) hubo que despejar mil obstáculos. Desde la prohibición de comercio de las zonas filoxeradas y de plantas, a la reducción de aranceles para traer semillas, y la imposición de tasas para las labores de control, o las revueltas de los viticultores catalanes. Cruces de acusaciones de pasividad, de guerra comercial, de no saber qué hacer o de tener que cumplir medidas administrativas contradictorias... dejaron que la filoxera se llevara de calle los viñedos, muchos de los cuales no volvieron a replantarse. Y como decían algunos agrónomos, quizá fuera para bien, la viña volvió a los sitios que le eran más propios, y los viticultores, de la forma más dura, cogieron más cariño por sus cepas, y aprendieron a cuidarlas y observarlas más. También tuvieron, a raíz de las estaciones vitícolas que se crearon que aprender a injertar, a aplicar productos terapéuticos de los que hoy (afortunadamente) sólo conocemos el nombre: sulfuro de carbono, hidrógeno sulfurado, sulfuro de arsénico, éter de petróleo... y un largo etcétera que incluye hasta ajos machacados. Todos estos productos se revelaron ineficaces, incluso los que de verdad mataban al insecto, como el sulfuro de carbono, que también mataba las cepas.

Muchos de los productos que se usaron, hoy ya están prohibidos por su toxicidad o riesgos para los aplicadores y consumidores, punto que en las diversas publicaciones del ministerio y en los cursos que se daban a los agricultores (sobre todo en Cataluña) no se olvidaban de mencionar: tampoco es nueva la preocupación por la salud de los aplicadores y de los consumidores. Se llegó incluso a no realizar tratamientos alegando que los productos podrían dejar residuos o sabores en los vinos, y era preferible aguantar una vendimia más y dejar morir las cepas.

Personalmente, me parece admirable, con los pocos recursos, no sólo de personal cualificado, también de dinero, de medios de investigación, de productos farmacológicos... que se lograse combatir la filoxera y conocerla, y no se optase por abandonar el cultivo.

El oidio, otro regalito venido de América, apareció en España en 1851, en Cataluña, Almería y Málaga, los puertos más activos de comercio del vino. En 1854 toda España sufrió un ataque epidémico tan brutal, que el gobierno abrió un concurso para premiar a quién encontrara un método de combatirlo. Se presentaron 119 memorias, y curiosamente sólo una defiende que la cenicilla estaba causada por Oidium tuckerei (la forma conídica de Uncinula necator) . Y ya desde entonces empezamos a mirar a Francia porque fue allí de donde llegó la solución del azufre y su forma de aplicarlo: con los brotes pequeños, vísperas de cerner y vísperas de pintar, si no venía el año complicado. Y curiosamente, se desarrollaron estudios ampelográficos y de resistencias que derivaron en la importación de plantas americanas, con las que entró el mayor desastre vitícola que se recuerda, la ante dicha filoxera.

El mildiu también entró en 1880 por Cataluña (pobrecitos, no debían ganar para sustos los viticultores catalanes) y provocó realmente conmoción ya que entonces (en muchas viñas seriamente filoxeradas) producía la muerte en dos o tres años, a demás de arrasar la vendimia. También de Francia vino la recomendación de los caldos bordelés y celeste, y esta vez, tras los desastres del oidio y la filoxera, no cayó en saco roto, y encontró técnicos y viticultores concienciados y preocupados.

Habrá quien diga que si todo nos lo hemos traído de fuera, que si aquí no teníamos nada. Pues no, no estábamos a salvo de enfermedades como la antracnosis (sólo muy raramente resulta grave) y de los ataques de diversos insectos. Es curiosa la evolución de la aplicación de métodos insecticidas: generalmente se echaba mano (literalmente) de chicos y grandes y se quitaban las hojas atacadas, los insectos o las puestas enrolladas del cigarrero o la polilla, y se las pisaba o quemaba. Pero también con ellos se empezaron a hacer labores preventivas, como el descortezado de cepas, o la instalación de trampas ( a veces manojos para que se quedaran allí a pasar el invierno, que luego se quemaban, o bien plantando entre las filas de viñas habas o yeros), también con ellos se empezaron hace más de cincuenta años las investigaciones con cebos (de vino, vinagre o zumos de frutas) para la polilla, o incluso a ensayar métodos de control semioquímico....pero parece que a los viticultores no llegó a interesarles mucho en la práctica. Los agricultores buscaban usar métodos que funcionaban en otras ocasiones, como el azufre (quemado, para que penetrase en los rebujos de las puestas, aunque siempre tuvo fama de peligroso y engorroso). Sin embargo, cuando se generalizó el descortezado de cepas y el uso de arsenicales para otras enfermedades, bajaron mucho los daños de insectos, aunque estas labores no iban destinadas a ellos en principio, sino a sanear la madera.

Y en comparación, volviendo la vista al presente, cuánto han cambiado las cosas:

-  en materia de fitopatología, cada vez xisten más profesionales no sólo en la administración, si no en empresas relacionadas, y los mismos viticultores están alcanzando una cualificación más que aceptable. Ya no se espera a grandes devastaciones para solucionar problemas, y son los mismos viticultores los que siguen buscando la tecnificación del cultivo.

-  Los productos fitosanitarios han atravesado por muchos cambios. Desde los primeros, como el azufre y el cobre ,los más empríricos compuestos arsenicales y mercuriales (hoy prohibidos todos excepto uno, que tiene restricciones de uso muy severas, y prácticamente lo hace inoperante) , y por fin, el gran desarrollo de los productos de síntesis desde los años 40.

Hay que reconocer que les debemos un gran aumento en cantidad y calidad de los cultivos, y sobre todo en épocas en que se necesitaban desesperadamente alimentos (como los años 40 y 50 en España). Pero de creer que eran una panacea y hacer un uso muy poco discriminado y tecnificado, hemos ido pasando a otras condiciones. Cada vez se tiende más a conocer al ser a que nos enfrentamos, porque sólo conociéndole se le puede manejar; se multiplican los estudios sobre biología y desarrollo de plagas, de enfermedades, de hierbas adventicias... Y e investiga y busca productos lo más selectivos posible, que controlen el organismo que nos causa problemas, pero sólo a ese. Actualmente, existen insecticidas tan específicos y selectivos como para destruir sólo los huevos , o sólo las larvas recién eclosionadas, respetando a otros insectos o incluso a los adultos de la plaga (que en muchos casos no viven más de un par de días y ni siquiera se alimentan). También se están utilizando mucho los señuelos químicos, la confusión sexual o la suelta de depredadores (o su fomento, como en el caso de las mariquitas, Coccinela septempuctata). Ciertamente, requieren más trabajo y más preparación que asperjar con un caldo insecticida, pero no dejan de ser más herramientas al servicio del viticultor.

Además se busca que sean lo menos tóxico posible para los aplicadores, y el resto de seres y el ecosistema en general, a través de un férreo control administrativo: en el Registro Oficial de Productos fitosanitarios del ministerio de agricultura sólo se pueden inscribir, y por tanto comercializar, los productos que tras presentar una documentación rigurosa sobre propiedades y riesgos, obtienen la autorización de los ministerios de Agricultura, Sanidad, Medio Ambiente y Trabajo. Actualmente, además, la Unión Europea está embarcada en la revisión de todas las sustancias fitosanitarias, lo que obligará a un uso más riguroso y exacto, y a la desaparición de algunas. Desde luego, nada es del todo controlable, y siempre existe algún riego, pero contando con la cualificación y profesionalidad de los agricultores, serán mínimos.

  •   La preocupación por la seguridad y la calidad de los alimentos y de los consumidores se va filtrando cada vez más entre los agricultores y viticultores. Algunos empiezan a estar en condiciones de asegurar la trazabilidad de sus productos: esto es, demostrar qué se ha hecho y cómo a lo largo de todo el ciclo de cultivo, y buscando siempre las técnicas más respetuosas con el medio.

 

  •   Muy estrechamente relacionado con los conceptos de trazabilidad y de seguridad de los alimentos, están los de producción integrada, cuyo pilar fundamental es la protección integrada de cultivos. Aunque el nombre suene algo ampuloso, el concepto es bastante antiguo: consiste en utilizar todos los métodos posibles (exceptuamos las rogativas a los santos) para proteger el cultivo o mantener los daños en niveles tolerables. Obvio ¿no?. Lo que se ha hecho siempre, si se tiene un concepto de sanidad vegetal práctico, que entienda que en las condiciones óptimas de desarrollo de un cultivo se puede influir desde utilizando un emplazamiento correcto, un abonado adecuado a la peculiaridad de cada parcela, unas labores sensatas (en viticultura es fundamental cómo se desarrolle la poda, que es media vida de la cepa...). Lo mismo que la salud no es sólo ir al médico cuando te duele algo, sino mantener unas condiciones y calidad de vida adecuada, la protección integrada ,busca el desarrollo de cultivos lo más fuertes y sanos posibles, en los que se trate sólo cuando de verdad sea necesario, y contando con el elenco más amplio de soluciones.

 

  •   En la práctica, el paso previo es el control razonado: saber exactamente cuándo tratar (ni antes, ni después, con el daño ya hecho) a qué organismo, y con qué producto y dosis. Hay que aprender de cada organismo, decidir si los daños son tolerables o no, y contar con el tiempo que puede jugar en contra o a nuestro favor(las lluvias de junio pueden traer problemas de oidio, pero también arrastrar orugas de polilla del racimo.

 

  •   El paso siguiente, antes de llegar a la producción integrada, en experimenar con el control semioquímico o biológico...pero qué quieren, no sé qué es más cruel para una polilla, morir intoxicada o de agotamiento buscando una pareja siguiendo miles de señales semioquímicas falsas. Tampoco el control biológico es nuevo, hay noticias desde el siglo XIX de ensayos, siempre poco alentadores; pero en la práctica requiere supuestos y condiciones que no aceptan muchos viticultores, entre ellos, que siempre van a encontrar la plaga, poco, pero siempre algo.(En enfermedades, en la práctica, no existe control biológico con hongos antagonistas o parásitos). Se basa en el principio de "más vale malo conocido..." si se mantiene controlado, y en unos niveles aceptables, en su nicho ecológico, nos evitamos que, al alterar el agrosistemas vacíemos un nicho que inmediatamente ocupará un ser desconocido, y devastador. En caso de ataques serios, el control biológico fracasa, no está pensado para eso.

 

  •   Quizá este breve repaso a cómo era y como es, sin muchas pretensiones, les parezca ilusionado, inocente, pelín bucólico, o un cuento; puede que les haya aburrido (¿Cómo han llegado hasta aquí?) les dé ideas o argumentos para discutir: estaría encantada de seguir debatiendo, de conocer otras opiniones y hasta de oír críticas y correcciones..

 

Bibliografía

 -Azcárate Luxán, I. Plagas agrícolas y forestales en España. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 1996

 -Buxó, R. Arqueología de las Plantas. Ed. Crítica, Barcelona,1997

 - Ambrosi,H; Dettweiler-Münch,E; Rühl, EH; Schmid, J; Schumann,F. Guide des cepages. Ed. Eugen Ulmer. Paris 1997

 - Planes, S. Plagas del Campo. Publicaciones del Ministerio de Agricultura. Cartillas Rurales, nº1. Madrid 1962.
Gómez,S. Labores agrícolas tradicionales en la provincia de - León. Ed. Caja España. León, 1991
Iglesias, J; Villahoz,J. Vino y bodegas en la Historia de Aranda de Duero. Ilmo Ayuntamiento de Aranda de Duero. Aranda de Duero, 1982

  -De la Cruz, V. Burgos, viña y bodega. Ed. Caja de ahorros Municipal de Burgos. Burgos, 1990.

  -Phytoma España, nº125. Ed. MV Phytoma España, S.L. Valencia,2001.

 

Enlaces de internet:

Agrotécnica del Duero, S.L. www.agrotecnicadelduero.com
Asociación española para la protección de las plantas: www.aepla.es
Otros enlaces sobre medio ambiente y seguridad de los alimentos:
www.seguridadalimentaria.com
www.revistaresiduos.com
www.ecomedpollutec.com

Bodega Matarromera: www.ceresnet.com/matarromera/index.htm
Bodegas Arroyo: www.mmteam.interbook.net//arroyo
Bodegas Arzuaga Navarro: www.arzuaganavarro.com
Bodegas Balbás www.balbas.es
Bodegas Briego: www.wwinebriegoeresmas.net
Bodegas del Campo: www.pagosdequintana.com
Bodegas el Lagar de Isilla: www.lagarisilla.es
Bodegas Emilio Moro: www.emiliomoro.com
Bodegas Fuentespina: www.avelinovegas.com
Bodegas Riberalta: www.bodegasriberalta.com
Bodegas Tarsus: www.byb.es
Bodegas Torremilanos: www.iconet.es/torremilanos
Bodegas Vizcarra Ramos : http://www.vizcarra.masbytes.es
Cillar de silos,S.L. www.cillardesilos.es

Cooperativa Virgen de la Asunción www.virgendelaasuncion.com
Explotaciones Valduero: www.valduero.com
Grandes Bodegas www.grandesbodegas.com
Hijos de Antonio Barceló: www.hbarcelo.com
Real Sitio de Ventosilla: www.pradorey.com
S.A.T. Los Curros: www.loscurros.com
Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero: www.do-ribera-duero.es
Federación española del vino: www.fev.es


 

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Actualizado - Sábado, 22 Agosto 2009
 
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