El Diluvio Universal

Imprimir

A todos nosotros, a veces, nuestros jefes, parejas, padres, hijos, o simplemente las circunstancias de la vida, nos han largado un "marrón" (Marrón - Dícese de aquella labor pesada, tediosa, sucia, laboriosa, etc. Que te endosa un superior por el mero hecho de serlo. Hay profesionales del marrón que te lo largan sin siquiera tener autoridad sobre ti.  Simplemente, saben escurrir el bulto y evitar "comerse el marrón").

 

Aquí vemos a Noé y sus amigos diciendo

 Aquí vemos a Noé y sus amigos diciendo "pa-ta-ta"

 

Bien pues si tuviéramos que evaluar en una lista o "top ten" de marrones, el que le cayó a Noé estaría el primero y se iría al Guinness de cabeza.

Pero vamos a documentar los hechos.

Noé era un simple personaje bíblico que vivía tranquilo con su familia, dedicándose a ser bueno y temeroso de Yahvé.  El ser tan bueno fue su perdición, porque los marrones siempre caen a los buenos.  Y como él era MUY bueno, le cayó un ENORME marrón.  Todo proporcionado.

Una vez explicado quién era Noe, vamos a relatar su historia.

Un día de verano estaba Noé tan tranquilo leyendo el ABC-Edicion en arameo para Mesopotamia y Caldea, mientras sus cabras pastaban en los jugosos prados que crecían entre el Éufrates y el Tigris. (Hemos de puntualizar que Noé Noé, aunque leía el ABC, no era especialmente conservador, ya que la política entonces no importaba nada.  Pero sí el formato del periódico, y, mientras los demás diarios tenían enormes tablillas sueltas, el ABC era más pequeño y las traía grapadas.  El era pastor, no lo olvidemos, y el pequeño formato hacía que el diario le entrase bien en la mochila, y lo de la grapa ayudaba a que no se le mezclase la sección de deportes con la de Bolsa.  Así que se aficionó al ABC, y lo leía de cabo a rabo, con gran interés, incluso hacía el crucigrama y leía las numerosas esquelas tan típicas de ese periódico. De hecho, fue él quien puso de moda leer el ABC en el trabajo, tradición que hoy en día sigue vigente en todos los ministerios.  

Me dirán ustedes que lo propio hubiera sido que leyera la Biblia. Pues no, no la leía. Sabemos a ciencia cierta que no leía la Biblia porque aún no estaba publicada, si bien estaba ansioso por que apareciera, ya que le habían contado de qué iba y le apetecía mucho leerla.  

En éstas, apareció por allí un lobo y, sin mediar aullido, agarró a una de las cabras más jugosas y le dio un certero mordisco en la yugular, llevándosela en la boca ante la mirada atónita de nuestro buen Noé, que no tuvo tiempo ni de cerrar el ABC.

El paciente Noé, lejos de defecarse en la madre loba que engendró al lobo asesino, o de desear que el animalito cayera por un barranco, simplemente pensó en voz alta:

 -Pobrecito lobo.  Seguramente tenía mucha hambre, y total, a mí qué más me da una cabra arriba o una cabra abajo. Después de todo, siempre es de agradecer que prefiera la carne de cabra a la de hombre.

Reflexionando sobre esto último, le gritó en voz alta y clara:

-¡Que aproveche lobito guapo! ¡Vuelve cuando quieras!

sí era Noé, bueno y generoso. Con decir que se llevaba bien incluso con sus cuñadas...

Tras el incidente del lobo, Noé regresó a su lectura. Se le veía muy concentrado resolviendo el crucigrama de COVA.

- Patria de Abraham - Me lo sé:  UR

- Hijo de Adan y Eva - También lo sé:  CAIN

- Paraíso Terrenal - Cancún

-Yunque de platero - ¿Qué será un platero? Creo que es una especie de burro.

- Indio fueguino - Esto ni idea, ni sé lo que es un indio y mucho menos fueguino.


En eso le sonó el móvil dentro del zurrón donde llevaba dos sándwiches de chopped, un plátano y el Actimel. Revolvió en la mochila, pero sólo consiguió pringarse de mantequilla, ya que no llegó a tiempo de responder. Se limpió los dedos en la túnica y miró la pantalla de su teléfono multimedia:

Una llamada perdida, nº oculto. 

Bueno, pues quien sea, que lo vuelva a intentar. 

Ya que tenía la mochila abierta, decidió que lo mejor era comer ya.  Y sin pensarlo más, dio buena cuenta de sus víveres, que estaban riquísimos.  Acto seguido, se tumbó a la sombra de un olivo (en Tierra Santa, los árboles eran siempre olivos), manteniendo el móvil a su lado por si volvía a sonar.

Cuando estaba empezando a quedarse dormido, sonó el teléfono de nuevo.

-¡Vaya! - dijo Noé, que jamás decía palabrotas.

Apretó el botón de respuesta y en su pantallita apareció el nombre del interlocutor:

 

DIOS - Móvil

 

DIOS -Móvil.
 

Sin tiempo apenas para que Noé (Noé era algo pijo para los móviles) se repusiera del susto, en la pantalla multimedia de última generación, con bluetooth, PDA, GPS, BMW, etc... apareció un ojo dentro de un triángulo del que salían rayos flamígeros, mientras que una palomita blanca revoloteaba alrededor, aparentemente sin quemarse. Una voz en plan Darth Vader dijo:

- Noé, a ver si estas más atento, que he tenido que llamarte varias veces.

-Señor -respondió humildemente Noé- He visto las llamadas perdidas, pero al ser nº oculto no he podido responderte.

-Claro -respondió la voz- lo tengo oculto para no arruinar a los hombres que quieran hablar conmigo.  No te haces una idea del precio de las llamadas al Cielo.

- Gracias, señor, por ese gesto tan generoso para con la humanidad.

- Pues claro. Precisamente YO no me puedo permitir el lujo de ser rácano. Además a mí me hacen descuento en los números frecuentes. Bueno, vamos al grano que luego la factura se me pone en un pico.

- Mira hijo, he comprobado que el mundo es una verdadera mierda -perdón, quise decir caca, ya sé que tú no dices tacos- y he decidido empezar de nuevo.  O sea "GAME OVER" y partida nueva.

- ¿Eso significa que todos vamos a morir?

- No, y para eso te llamo. Morirán muchos, pero no todos.  Los buenos se salvarán. Aunque bien mirado, debería decir "el bueno" ya que sólo tú y tu familia sobreviviréis.

- Gracias, señor.

- No me des las gracias tan deprisa Noé, porque tengo un trabajito para ti, un encargo muy especial.

- Lo que desees, señor.

- Verás, vas a construir un arca de madera en la cual deberás meter una pareja (Momento de la invención de la paridad entre machos y hembras, que más tarde daria lugar al "todos y todas") de cada una de las especies zoológicas que hay sobre la Tierra.  Este arca deberá estar preparada para flotar, porque voy a mandar un diluvio universal  ( El universo de entonces era más o menos como la provincia de Albacete) que cubrirá la Tierra hasta que el último de los pecadores haya perecido.

- Tu deseo será complacido señor -dijo Noé, viendo la que se le venía encima- pero dame algo de tiempo para preparar todo.

- De acuerdo -dijo Dios- apunta mi móvil y me haces una perdida cuando estés listo. Pero mira a ver si lo puedes arreglar en siete días, porque ya tengo la lluvia apalabrada con Zeus.

- Haré cuanto esté en mis manos, señor.

El triángulo, el ojo, y la palomita se desvanecieron de la pantalla mientras Noé tomaba conciencia del lío en que lo habían metido.  Y entonces, en contra de sus costumbres, dijo:

-¡¡Mierda!!

Pero inmediatamente se arrepintió de tal exabrupto y buscó una palabra sustitutiva para no caer de nuevo en la ignominia de la blasfemia.  La palabra que encontró fue: MARRÓN.  Quizás podía haberle llamado excremento, deposición o hez, pero pensó que para un taco que podía denominarse con algún color, no iba a desaprovecharlo.  Y desde entonces llamamos marrones a los "encarguitos".

Cualquiera de nosotros hubiéramos dicho al Divino Interlocutor:

- Espera un momento, que no sé si me viene bien de fechas, voy a mirar la agenda.

Y, tras una pausa para dar credibilidad a la trola, (sin darnos cuenta de que el Ojo todo lo ve. No, no era el Gran Hermano.) hubiéramos  seguido:

- Pues oye, no sabes como lo siento, pero tengo unas bodas en Canaan, y no voy a poder.

- ¡Cómo que no puedes!  No sólo me estarás desobedeciendo, sino que, si no te quieres hacer cargo del PROYECTO ARCA 4000 a.C., serás de los que se ahoguen bajo las aguas.

- Pues si hay que ahogarse, se ahoga uno y punto.  A fin de cuentas ya tengo 600 años.

Si hubiera respondido esto, Noé habría muerto ahogado, aunque, eso sí, sin estrés y descansadito. Pero a nuestro personaje le faltaba cintura para las negociaciones, acostumbrado como estaba a hablar con las cabras, que, como todos sabemos, son muy tímidas y hablan poco.  No, Noé no rechistó.  Y así le fue.  No obstante, su propia bondad le hacía ser muy optimista, y aún se felicitó por tener que coleccionar SOLO animales que estuvieran sobre la tierra.  Esto dejaba fuera a los peces y bichos acuáticos, lo cual era un considerable ahorro de tiempo en la construcción de peceras.  Aparte de que, aquí entre nosotros, la natación y el buceo no eran el fuerte de Noé, y se hubiera visto negro para convencer a las orcas de que subieran al dichoso barquito.  Aún así, los anfibios constituían una duda metódica??Tendría que llamar a Dios y se iba a dejar una pasta.  Mejor le mandaba un SMS (Solo Monedas Sueltas) y se lo preguntaba.  Pero lo primero era construir el arca.

Esto, en aquel entonces, era un grave problema. Recordemos que por aquellos tiempos uno no podía ir al Leroy Merlin y encargar 2.500 tablones rectos y 2.500 tablones curvos. Y, por supuesto, no podía meterlos en la furgo y llevárselos a casa. No, habría que empezar por cortar árboles para hacer los tablones uno mismo.  El otro problema era encontrar los árboles, porque los olivos tienen poca madera.

Con la ayuda de sus hijos, ya mayorcitos (Sem, de 300 era el mayor, Cam, de 250 era el segundo y Jafet, con 190, el pequeño) logró tener apilados un buen montón de tablones en un tiempo record.  Pero ahora venía el verdadero problema.  ¿Cómo demonios se construía un arca?

- Yo -se decía- soy pastor. A lo sumo podría construir un establo, o un redil, pero un barco? ¡Señor, vaya marrón!

Tras muchas maquetas hechas de laminillas de madera de las sobras de los tablones, por fin dio con la forma definitiva. Sería como una gran casa, pero sobre la cubierta de una enorme cáscara de nuez. Flotaría razonablemente, y, al no tener que salir a mar abierto, el oleaje no sería un problema.  Acababa de inventar el crucero fluvial, que tanto juego les daría a los egipcios en los siglos venideros.  Construyó la nave según los planos, y su señora se encargó de darle el toque femenino poniendo unos geranios en las ventanas, y unas cortinitas de puntillas.

Para colmo de males, al embarcar a los pesos pesados, es decir, dos elefantes, dos hipopótamos, dos rinocerontes, dos osos, dos gorilas, etc, la nave había empezado a crujir, arqueándose sospechosamente bajo el peso de las bestias, vaticinando cosas peores.  Al mismo tiempo Noé pensó que a lo mejor, la madera al mojarse se haría más flexible y resistiría.  No obstante, mejor sería asegurarse, pensó, y elevó los ojos al cielo pidiendo:

Jefe, no me hagas esto.  Yo ya he cumplido mi parte, ahora te pido que hagas que esto resista.

Según estaba de rodillas en oración, de pronto vio a la carcoma y el carcomo poniéndose como pepes de madera de arca.  Tenían ya un agujerito como de 5 cm.  Rápidamente calculó que si iba a llover 159 días, el agujerito se incrementaría en 159 veces.  Hizo la cuenta y le salió un agujero de 32m.  Lo suficiente para que la nave se hundiera.

En este preciso momento, Noé dio sus primeras muestras de debilidad: miró a ambos lados para asegurarse de que nadie lo veía, y acto seguido se cargó a las dos simpáticas carcomas de un pisotón.  Luego, hizo desaparecer los cadáveres tirándolos por la borda.  Nadie lo vio, nadie excepto el Ojo que todo lo ve ( No ,  no era el Gran Hermano). Noé susurró a modo de disculpa:

Ya lo sé, señor, ha sido una irresponsabilidad, pero por otra parte piensa el bien que le hacemos a la Humanidad al librarla de las carcomas.

Una gota cayó en la frente de Noé.  Comenzaba a chispear, primero flojito y luego más intensamente.  De pronto, un relámpago cegador iluminó la escena, seguido de un inmenso trueno, que hizo temblar la tierra.  Noé metió a las últimas serpientes a patadas, al tiempo que gritaba:

¡¡¡TODOS A BORDO!!! ¡¡¡A SUS PUESTOS!!! ¡¡¡ZAFARRANCHO DE COMBATE!!! ¡¡¡INMERSION, INMERSION!!! (Todo esto no sabía muy bien qué quería decir, pero Noé era un fanático de las películas de submarinos y esto lo decían siempre que la situación era desesperada, así que aprovechó la ocasión.)


La lluvia arreció, y las finas gotitas pronto se convirtieron en enormes goterones, aunque ninguno era la famosa Gota Fría.  Toda la familia de Noé se puso a cubierto, mirando con los ojos muy abiertos el inusitado temporal.  Los patos, cisnes, cocodrilos e hipopótamos comenzaron a ponerse nerviosos por no poder salir a chapotear como ellos hubieran querido.

En cambio, los más pequeños, como los caracoles, ranas, orugas, lombrices y zapateros (Modo en que se designa en Hispania Ulterior a los insectos patudos que viven en las charcas) lo que hicieron fue simplemente intentar escaparse para juguetear en el agua. Menos mal que Noé los vio a tiempo y pudo recuperarlos a todos metiéndolos, de momento, en una bolsa del Hipercor. Bueno, casi a todos, porque con las prisas pisó a un caracol. O una caracola, vaya usted a saber.  Ya tenían el primer viudo/a en el arca.

Poco a poco la tierra se fue inundando, y el arca ¡¡¡FLOTABA!!!  Noé se mostraba más que satisfecho por haberlo conseguido.  Su familia lo felicitaba con gran algarabía.  Si bien la algarabía familiar quedaba ahogada entre la barahúnda de sonidos reinante en los compartimentos de los animales, donde todos chillaban;  unos porque tenían hambre, pero la mayoría porque no entendían a qué venía el crucero-surprise y se impacientaban.

Noé los había separado de la siguiente manera:

-- Grandes
-- Medianos
-- Pequeños
-- Diminutos
-- Invisibles

Entre los grandes naturalmente estaban los elefantes, rinos, hipos, toros, vacas, osos, avestruces, etc.

Los medianos estaban compuestos de leones, tigres, cocos, panteras, primates y gacelas, cabras, cerdos, etc.

Los pequeños eran gallinas, patos, cisnes, ocas, conejos, perritos pequeños, serpientes, ardillas, etc.

Los diminutos eran los insectos y pajarillos, además de ratones, topos, cobayas, etc.  Allí convivían felices (o no tanto) las viudas negras con los escorpiones y el caracol viudo, las tarántulas con las moscas del vinagre, las lagartijas con las avispas y los gusanos de seda con las procesionarias.

Los invisibles eran los piojos, las pulgas, las chinches, las hormigas, los ácaros, las carcomas.

En fin, una alegría.

La nave inició su deriva sobre las aguas de la inundación, y los tripulantes comenzaron su tarea diaria de dar de comer a los bichos, y limpiar los excrementos. ¿alguien se puede imaginar las toneladas de cacas que diariamente habían de limpiar?  Realmente apenas podían hacer otra cosa que quitar cacas y rellenar comederos.  Y por si esto era poco, había que regar los dichosos geranios de las ventanas.

Y no sólo esos eran los problemas, sino que pronto empezaron las peleas y los ataques entre los "pasajeros" de la embarcación.  Todo se precipitó cuando un mono "listillo" sistemáticamente arrebataba a un elefante sus cacahuetes y salía corriendo haciendo cabriolas y cortes de mangas. Pero el elefante, que tenía memoria de ídem, el primer día que tuvo al mono al alcance de su trompa, lo enganchó y lo tiró lejos. Concretamente al agua.

Por más que Cam gritó:

- ¡¡Mono al agua!!


Nadie le oyó. O nadie le quiso oír... No se les puede culpar. Ellos eran ocho y los animales 2.000 especies mal contadas, así que uno menos, siempre era de agradecer.

Pero... la mona quedó viuda y estaba en celo.  Y pronto comprobaron que otros animales tampoco encontraban pareja para procrear.  Noé llamó a sus hijos a capítulo.

- ¿Pero no os había dicho que macho y hembra de cada especie? ¡Sois unos chapuzas! ¡A ver qué le digo yo ahora al Jefe!

Los muchachos bajaron la cabeza avergonzados de su falta de rigor científico.  Noé prosiguió:

- Bueno, de nada vale lamentarse.  Vamos a ver si logramos poner orden

Pero no pudieron. Aquello era Sodoma y Gomorra en versión zoológica.  Allí todos trataban de copular con lo primero que encontraban. El caracol viudo tenía como única obsesión montar a una gusana de seda que no se dejaba. Los monos se lo montaban con las cabras. Las serpientes resultaban especialmente atractivas para los cocodrilos...  Incluso se observaron casos de homosexualidad manifiesta. La situación se había hecho incontrolable.

Todo esto en el terreno amatorio, porque el capítulo de la alimentación también causó muchas bajas. Los pájaros se comían a los insectos y gusanos; las ranas, salamandras y camaleones no dejaron un mosquito, mosca o araña vivos.  Los gatos comían ratones con verdadero deleite, aunque no lograron acabar con ellos, ya que se reproducían de modo vertiginoso.  Las serpientes comían conejos, ratas, ardillas y todo lo que les cupiera.  Los lobos y zorros se daban verdaderos festines con las gallinas, patos, ovejas y conejos.

Por su parte, en cuanto vieron lo que se les avecinaba, los pájaros, mariposas y demás volátiles listos, se largaron del arca y no regresaron jamás. Los saltamontes se suicidaron en masa mientras saltaban por cubierta. Y un pájaro carpintero hacía agujeritos por todo el barco poniendo a todos de los nervios con tanto toc toc toc..

La situación fue empeorando según avanzaban los días.  Muchas especies ya no estaban en el arca, bien por haber sido deglutidas, bien porque se habían escapado.  En cambio, otras especies empezaron a traer crías al mundo.  Así el barco estaba a rebosar de ratas, ardillas, conejos etc.  Estaban por todas partes, descontrolados.  Esto a los comedores de ratas, conejos y ardillas les venía de perlas, pero lo cierto es que no se podía dar un paso por cubierta sin pisar bichos.

Cuando por fin el día 159 cesó la lluvia, la situación en el arca era caótica. Ya no se tenía cuidado con la clasificación de los animales.  A parecer, ellos gobernaban la vida en el barco, y se clasificaban solos. O comer, o ser comidos.  Estas eran las alternativas.

De manera que cuando bajaron las aguas y el arca quedó depositada en tierra firme, Noé se limitó a abrir las puertas del arca y dejarlos salir, sin molestarse en pasar lista.  Solo los animalillos más sensibles quisieron quedarse con la familia de Noé.  Estos eran los piojos, pulgas y chinches, que se encariñan con facilidad.

Apenas una docena de familias convencionales descendieron del arca.  Lo demás eran cosas desconocidas en el reino animal: parejas de hecho de especies diferentes, matrimonios homosexuales, y no sólo eso, sino aberraciones de todo tipo, como por ejemplo el palomo cojo, que se fue del bracete de un murciélago haciéndose cucamonas, o la serpiente que salió enroscada al cuello de la mona viuda a modo de bufanda.  Con el tiempo, en aquella zona comenzaron a nacer híbridos de todo tipo, como por ejemplo el gallifante, el hipoleón o el monorrino.  Incluso el origen del oso hormiguero puede estar en este episodio.

De resultas de todo esto, Yahvé afirmó que estaba arrepentido del castigo que había infligido a la Humanidad, y que por muy malos que fueran los hombres, no volvería a lanzar jamás un diluvio universal. Cosa que, visto el carajal que montaron los animales no nos extraña lo más mínimo. 

Noé siguió siendo bueno y obediente, pero aprendió a no tragarse ningún otro "marrón".  De hecho se le oyó decir en alguna ocasión:

- ¡Si mi alma lo sabe, a buenas horas soy bueno! Lo hubiera pasado infinitamente mejor siendo malo, y hubiera currado mucho menos.

Pero pronto se olvidó de ser malo, y vivió apaciblemente el resto de sus días hasta que alcanzó su vejez, muriendo a los 1.200 años.

Ah, ¿Que no se creen ustedes ni una palabra de lo que les he relatado?  Pues miren en la Biblia y verán que apenas me he salido del guión en lo de los gallifantes. Por lo demás, la cosa no pudo ser de otro modo. Y si entonces un señor podía tener 600 años y estar en activo ¿por qué no podían meterse en una barcaza una pareja de TODAS las especies y sujetarlas durante 159 días?.  Todo es cuestión de fé.

Otro día les contaré lo del Éxodo.

 

 

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
Tienes que estar logueado en la Red Social para escribir un comentario. Puedes registrate si no tienes ya una cuenta creada.

busy
Actualizado - Martes, 10 Noviembre 2009
 
Hospedaje de www.arqueologos.org gentileza de ZAT Solutions