Los Maasai
En el año 2004 vino a Barcelona para participar en unas conferencias en el Forum de las Culturas mi amigo Kimai, Maasai de pura cepa y residente en Tanzania. Las líneas que aquí escribo han sido fruto de mis conversaciones con Kimai durante estos últimos años, cuando éste tenía ganas de hablar y salía de sus largos silencios y ausencias.
Altos, estilizados, tienen un aspecto orgulloso y de gran elegancia. También tienen una coquetería innata y una gracia especial para ceñirse sus ropas. Cuando, a cambio de algunos dólares, aceptan posar para una fotografía, lo hacen con un estilo que muchos modelos occidentales envidiarían.
Pueblo de guerreros y pastores fueron, en sus orígenes, sobre todo nómadas. Hoy alternan el vagabundeo en busca de agua y pastos con temporadas sedentarias en lugares fijos. El inicio de una primitiva agricultura organizada les dificulta sus movimientos. Tan sólo pueden seguir con su vida de nómadas en las grandes reservas y parques nacionales.La Gran Nación Maasai se compone de 120.000 individuos aproximadamente, distribuidos entre Kenya y Tanzania. Ahora, los recién nacidos, comienzan a ser censados en sus poblados. Los mayores, en su mayoría, no saben el día y el año en que nacieron. Al bascular entre las dos naciones citadas hace casi imposible a sus gobiernos tener un censo garantizado.

Consideran al Kilimanjaro la residencia de sus antiguas divinidades. Este monte domina las inmensas sabanas que se extienden alrededor, las estepas de los Maasai.
Viven en pequeños poblados diseminados por el vasto territorio, que se extiende en una superficie de alrededor de 80.000 kilómetros cuadrados. Cada uno de estos poblados está integrado por familias que aportan sus propios recursos a la comunidad y se ayudan mutuamente en las necesidades de cada día.
El poblado es de forma redonda y sus chozas están distribuidas a lo largo del perímetro, rodeadas por un cerco de espinos. Por la noche el cerco se cierra para protegerse del ataque de enemigos y fieras, situando el ganado en el centro del poblado. Me refiero, claro está, a los poblados de los Maasais nómadas. Los poblados de los sedentarios son semejantes, pero sin protección de los animales salvajes, no existentes fuera de las enormes reservas.
Cuando un Maasai muere es llevado fuera del poblado y enterrado en el campo.
La choza proporciona un refugio seguro para la familia. De forma ovalada está formada de troncos y ramas entrelazadas; luego se recubre de pieles de animales y de una mezcla de tierra y estiércol, que produce el abundante ganado que poseen. En su interior habitan, además de las personas, los retoños del ganado y aquellos que tienen necesidad de cuidados. La puerta de acceso es la única abertura, pero a menudo tienen una pequeña ventana para la aireación y extracción de humo. Evidentemente no disponen de ninguna decoración y desconocen lo que nosotros llamamos muebles. En su interior no se puede permanecer de pie.

Las diversas actividades se distribuyen rigurosamente entre hombres y mujeres. Construir la choza es un trabajo exclusivamente femenino, teniendo las mujeres a su cargo todo el trabajo doméstico. A los hombres se les reservan las tareas de gobierno, el cuidado del ganado y la condición de guerrero ante la comunidad.
El ojo de Enkai (dios) es grande:
"Enkai ha querido confiar el ganado de la tierra a los Maasai , pues los Maasai son los mejores y los más fuertes. Tan sólo los Maasai pueden vivir del ganado, que es la mayor riqueza, y los otros han debido contentarse para vivir con los frutos de la tierra, pues no son capaces de cultivar el ganado como los Maasai. Cultivar la tierra es pecado, es ofender a Enkai , pues hace crecer sobre la tierra la hierba para el ganado, y el ganado es la vida de los Maasai ..."
En la actualidad, debido a la presencia de misiones de diferente concepción del cristianismo (católicos, protestantes, metodistas, testigos de Jehová, mormones, etc) comienzan algunos a estar "cristianizados". Toman la religión totalmente a su aire, resultándoles imposible renunciar a sus tradiciones ancestrales de miles de años de historia.
Los más avispados tienen el concepto de que "la religión es un negocio". Se acercan a ellas y al hombre blanco porque, en principio, tienen dólares y pueden sacar algo de ellos.
Dedican al cuidado del ganado su máxima atención, pues es su único recurso. Son hábiles ganaderos y tienen grandes rebaños de vacunos y cabras. De ellos sacan sus alimentos base: leche, sangre y en mucha menor cuantía, carne. Antes tan sólo comían carne provinente de animal salvaje, cazado por ellos; jamás comían la de sus animales de los rebaños. Actualmente, en las reservas, siguen cazando y los gobiernos les permiten seguir haciéndolo.
Cuando se encuentran, los Maasai se saludan con estas palabras: "Espero que tu ganado disfrute de buena salud".
Su ganado vacuno, mezcla de cebú con el bovino mediterráneo, es valorado según la longitud de sus cuernos, la producción de leche -a la que destinan los mejores ejemplares- y a su aptitud para intercambios comerciales.
Entre sus pocos y simples utensilios domésticos sobresalen una calabazas alargadas que sirven de recipientes para la leche y la sangre. La leche es el más importante de sus alimentos y, como dije antes, muy raramente toman carne.

La sangre, segundo alimento básico, la extraen de la vena yugular del animal por un agujero hecho con una flecha lanzada a corta distancia. La cantidad de sangre que un animal proporciona es de unos tres o cuatro litros al mes.
"La sangre es vida, y la vida de nuestros rebaños entra en nuestro cuerpo y nos da fuerza".
La sangre la beben unas veces caliente después de la extracción y otras mezclada con leche.
Los Maasai sedentarios toman mucho arroz y una pasta confeccionada con una especie de maíz. Son afortunados los que poseen gallinas, que son más pequeñas que las nuestras. El poder comer una cabra muy de vez en cuando es motivo de gran alegría en la comunidad.
Amamantan a sus hijos hasta los dos y tres años. Los niños, cumplidos los cinco años, comienzan a efectuar trabajos útiles. Son encargados de la vigilancia de los animales y colaboran en pequeñas tareas domésticas. No hay diferencias entre los hijos de edades diferentes, así como con los adoptados fuera de la familia. Cada hijo es bienvenido y perfectamente legítimo, aunque sea producto de una relación extra conyugal.
Tienen total promiscuidad sexual. Para ellos el sexo es la cosa más natural del mundo.
Respetan y cuidan con solicitud a los mayores. Kimai no podía concebir que los viejos se apartasen de las familias y fueran llevados aparte a residencias. Esto es para él totalmente incomprensible, terrible y cruel. Cuando le explicaba los motivos por los que mucha gente se veía obligado a enviarlos a estos lugares, me escuchaba, intentaba escucharme, pero no lo podía aceptar.
La población masculina se divide en categorías según su edad. El paso de los años concede a los individuos prerrogativas diferentes: a mayor edad mayores derechos y autoridad. Se asciende de categoría cada vez que se ordena un período de circuncisión.
La circuncisión es el suceso social más importante de los Maasai. Son circuncidados al alcanzar la madurez, hacia los catorce años, y con esta ceremonia comienza oficialmente la responsabilidad social respecto a la comunidad.
Se practica la terrible oblación de clítoris. Kimai, pese a ser muy moderno con relación a los otros Maasai, consideraba esto saludable. De nuevo el tremendo peso de la tradición de tantos años. Cuando le preguntaba si permitiría que la realizasen a sus hijas, evitaba la respuesta y, desde luego, no la censuraba.
Los jóvenes, en su primera etapa, son guerreros junior y son llamados "moran". A partir de este momento pueden defender a la comunidad en caso de lucha y ayudar en la cría de ganado. Abandonan sus familias y marchan a vivir solos a un poblado. En este periodo aprenden las tradiciones de su pueblo, el arte de la caza, la danza y el canto. No pueden casarse hasta que alcanzan la categoría de guerreros senior y tampoco pueden tener ganado propio. Si los "moran" intentan tener relaciones sexuales y son descubiertos son pegados por los mayores.
No tiene organización política definida. Son instituciones son sencillas y seguras, adaptadas durante siglos por sus antepasados.

La caza del león, era hace años, el rito para consagrar definitivamente al "moran" como "guerrero". Actualmente se realiza muy esporádicamente. Su arma de ataque es la lanza, como defensa utilizan una coraza hecha con piel de búfalo y decorada con los colores rojo, blanco y negro.
Kimai, por haber dado muerte a un león, tiene las quemaduras típicas en el pecho y brazos que acreditan tal hecho. Él es valiente y distingue a los animales en la sabana a gran distancia, parece olfatear el aire y notar su proximidad antes de verlos. Siente gran respeto por el elefante pues, al ser muy corto de vista, se asustaba fácilmente, pueden enfurecerse y resultar peligroso. Ante los elefantes, para el motor del jeep y obliga a sus ocupantes a hablar muy bajo.

El animal de la sabana teme al Maasai pues sabe que es valiente e inteligente; normalmente huye de su presencia. Al formar parte de su habitad le respeta muchísimo.

La danza es de una gran importancia para un joven Maasai. En ella hace gala de sus mejores adornos: cada guerrero tiene sus admiradoras y debe causarles buena impresión. Uno de los momentos característicos es el salto en altura con los pies juntos. Esta danza es acompañada por un canto rítmico, hecho de sonidos guturales y realizado por las mujeres.
Es costumbre agujerearse las orejas por muchos sitios para colgar en ellas ornamentos variados. El lóbulo inferior es alargado progresivamente por medio de objetos cada vez mayores. Kimai tiene todos esos agujeros pero nunca le he visto utilizando ornamentos y sus orejas son de un tamaño normal. Untan su cuerpo con una pasta de grasa de cordero que protege del calor y de las picaduras de los insectos.
Dedican particular cuidado en la decoración de la cara y cuerpo. En tiempo de guerra el maquillaje tenía por objeto dar a los guerreros un aspecto terrorífico, mientras que actualmente debe suscitar la admiración de los otros, particularmente de las chicas.
El rojo es su color preferido, teniendo gran variedad de tonalidades y dibujos.
Las mujeres, para ser bellas, deben tener siempre la cabeza bien rasurada. Los jóvenes, por el contrario, como signo de belleza, dejan crecer su cabello, reuniéndolo en trenzas y untado con mucho cosmético hecho a base de grasa y arcilla roja.
El pueblo Maasai, constituido de clanes, dice, como el pueblo Judio, que es el pueblo elegido de Dios. El nombre Maasai es, probablemente, de origen egipcio; mess-Aï que significa hijo de Aï. Este nombre se aproxima a mézdaï que era el nombre que designaba a las fuerzas de seguridad de Akeht-Aton.

Bibliografía: para saber más...
"Los Guardianes del Lago. Diario de un arqueólogo en la tierra de los maasai"; Jordi Serrallonga; Editorial Mondadori, 2001.
"ZANZÍBAR y parques nacionales de Tanzania"; Fernando Ballano; Editorial Laertes.
"Le secrets de l’Exode"; Messod et Roger Sabbah; Le Livre de Poche.

